FMI: 7 medidas para acelerar la campaña de vacunación contra la COVID-19 en el África subsahariana

Workers load a truck with 350,000 doses of Oxford/AstraZeneca coronavirus disease (COVID-19) vaccines, redeployed from the Democratic Republic of Congo, at the Kotoka International Airport in Accra, Ghana. May 7, 2021. REUTERS/Francis Kokoroko - RC2UAN92R0DA
The growth of infections in sub-Saharan Africa is now the fastest in the world, with an explosive trajectory that is outpacing the record set in the second wave.Image: REUTERS/Francis Kokoroko - RC2UAN92R0DA
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  • El rápido aumento de las infecciones por COVID-19 sitúa al África subsahariana en plena tercera ola.

  • El crecimiento de casos en la región es ahora el más rápido del mundo, con una trayectoria explosiva que supera el récord registrado en la segunda ola.

  • La única forma de reducir realmente los riesgos, que aumentan con rapidez, es implementar un programa de vacunación generalizado.

  • Lamentablemente, los actuales despliegues de vacunas en el África subsahariana son los más lentos del mundo.

  • Se sugiere que volver a imponer medidas de contención, como los confinamientos nacionales, supondría probablemente una pérdida económica y social demasiado elevada.

El África subsahariana atraviesa una tercera ola de infecciones por COVID-19 que amenaza con ser aún más brutal que las dos anteriores.

Esta es una prueba más de una peligrosa divergencia en la economía mundial. Una vía para los países con buen acceso a las vacunas, donde se están consolidando recuperaciones sólidas. Y otra para aquellos países que aún esperan y corren el riesgo de quedarse aún más rezagados.

El crecimiento de las infecciones en el África subsahariana es ahora el más rápido del mundo, con una trayectoria explosiva que supera el récord registrado en la segunda ola. A este ritmo, es probable que esta nueva ola supere los picos anteriores en cuestión de días; y en algunos países, las infecciones ya son más del doble, o incluso el triple, de sus picos de enero. La variante delta más reciente, que según se informa es un 60 por ciento más transmisible que las variantes anteriores, ha sido detectada en 14 países.

Los casos de COVID-19 se han disparado desde marzo de 2021.Image: FMI

Cuando la pandemia golpeó por primera vez, la rápida actuación de los responsables de políticas ayudó a evitar tasas de infección como las registradas en otras partes del mundo. Pero empujó a los sistemas sanitarios locales, ya tensionados, hasta el límite. Solo seis meses después de la crisis inicial, la región sufrió una segunda ola que superó con rapidez la escala y la velocidad de la primera. Ahora, otros seis meses después, el África subsahariana se enfrenta a su tercera ola devastadora.

La única forma de que la región se libere de este círculo vicioso de la pandemia es implementar con rapidez un programa de vacunación generalizado.

Una región aún vulnerable

La enorme velocidad de esta tercera ola pone de manifiesto la dificultad que tienen los responsables de políticas del África subsahariana para frenar una crisis una vez que ya se ha desencadenado. En Namibia, por ejemplo, los nuevos casos alcanzaron el pico anterior de enero en solo dos semanas, y se triplicaron otras dos semanas después. Para muchos países, cuando se detecta un nuevo repunte, puede que ya sea demasiado tarde.

Y es posible que las opciones empleadas durante las olas anteriores ya no sean viables. Volver a imponer medidas de contención probablemente supondría un coste económico y social demasiado alto, y es sencillamente insostenible —e inaplicable— durante un período prolongado.

Si miramos atrás, la mayoría de los países del África subsahariana entraron en la segunda ola en una situación económica más difícil que en la primera, con recursos fiscales cada vez más escasos para proteger a los vulnerables, millones de personas adicionales sumidas en la pobreza y balances de los hogares mermados. Aunque algunos países han tomado medidas para mejorar su preparación, lamentablemente, muy pocos han dispuesto de recursos suficientes —o de tiempo— para fortalecer sus sistemas de salud pública.

Y, ahora, la magnitud de la ola actual vuelve a amenazar con desbordar los sistemas sanitarios locales. Los informes de prensa de toda la región apuntan a hospitales desbordados. Los enfermos mueren mientras esperan una cama. Se han cancelado cirugías no urgentes para preservar espacio para los pacientes de COVID-19. Y se han abierto hospitales militares para uso civil. El oxígeno se ha convertido en un factor limitante clave, ya que el suministro no logra satisfacer la demanda de pacientes en estado crítico. Los escasos profesionales sanitarios de la región siguen en riesgo.

Los riesgos de dejar a África atrás

El despliegue de vacunas en el África subsahariana sigue siendo el más lento del mundo. Menos de 1 adulto de cada cien está totalmente vacunado, frente a un promedio de más de 30 en las economías más avanzadas. Esto significa que incluso la mayoría de los trabajadores esenciales de primera línea siguen trabajando desprotegidos. En este contexto, algunos de los países más afortunados del mundo han acumulado vacunas suficientes para cubrir a sus poblaciones muchas veces.

Sin una asistencia internacional significativa y por adelantado, y sin un esfuerzo de vacunación regional eficaz, el futuro a corto plazo del África subsahariana será uno de olas de infección repetidas, que cobrarán un precio cada vez mayor en las vidas y medios de subsistencia de los más vulnerables de la región, a la vez que paralizarán la inversión, la productividad y el crecimiento. En definitiva, sin ayuda, la región corre el riesgo de quedarse cada vez más rezagada.

Y cuanto más tiempo se deje que la pandemia azote África, más probable es que surjan variantes de la enfermedad cada vez más peligrosas. La vacunación no es solo una cuestión de vidas y medios de subsistencia locales. También es un bien público mundial. Para cada país —en todas partes— el esfuerzo de vacunación más duradero es el que abarca a todas las personas, en todos los países.

El despliegue de las vacunas contra la COVID-19 en el África subsahariana es el más lento del mundo. Image: FMI

¿Qué se puede hacer para acelerar el esfuerzo de vacunación?

El personal del FMI ha presentado una propuesta global que tiene como objetivo vacunar al menos al 40 por ciento de la población total de todos los países a finales de 2021, y al menos al 60 por ciento en el primer semestre de 2022. Se espera que África reciba una cobertura de vacunación del 30 por ciento a través de COVAX y otro 30 por ciento a través del Grupo de Trabajo Africano para la Adquisición de Vacunas (AVATT, por sus siglas en inglés), establecido por la Unión Africana bajo el liderazgo del presidente Cyril Ramaphosa.

Consideramos que hay siete pasos clave para garantizar que se cumplan estos objetivos de vacunación:

  • En primer lugar, es esencial entregar las vacunas al África subsahariana lo antes posible. Dado que gran parte del suministro mundial de vacunas para 2021 ya se ha comprado, muchos países se verán obligados a esperar hasta 2022 para recibirlas. Por tanto, la forma más rápida de hacer llegar las vacunas al África subsahariana es que las economías avanzadas compartan sus existencias de forma bilateral o a través de iniciativas multilaterales. COVAX ya ha recibido compromisos por más de 500 millones de dosis. Pero estos deben convertirse en entregas reales lo antes posible para marcar la diferencia. De hecho, el objetivo debería ser hacer llegar a la región 250 millones de dosis para septiembre.

  • En segundo lugar, los fabricantes de vacunas deben acelerar el suministro a África durante el resto de este año. Las economías avanzadas con capacidad de fabricación de vacunas deberían alentar a sus fabricantes a hacerlo, especialmente cuando la demanda interna no alcanza a cubrir la oferta.

  • En tercer lugar, el AVATT debe recibir financiación plena para garantizar la cobertura del 30 por ciento de la población de la Unión Africana. Esto requiere un estimado de 2000 millones de dólares, lo que permitiría, por ejemplo, que el AVATT ejecute su contrato opcional de 180 millones de dosis con J&J.

  • En cuarto lugar, eliminar las restricciones de exportación transfronterizas sobre materias primas y vacunas terminadas. Esto incluye garantizar que la planta de Aspen en Sudáfrica —proveedor clave del AVATT— funcione a plena capacidad, y reanudar las exportaciones del Serum Institute of India a COVAX. Los planes de vacunación africanos dependen en gran medida de estas dos instalaciones.

  • En quinto lugar, la financiación de al menos 2500 millones de dólares y la planificación previa también serán fundamentales para garantizar que los sistemas sanitarios puedan administrar las dosis con rapidez a medida que aumente el suministro de vacunas. Muchos países de la región, entre ellos eSwatini, Ghana, Kenia, Namibia y Ruanda, han administrado con rapidez y eficacia sus limitados suministros. Estos países, junto con otros de la región, han tenido que suspender sus campañas de vacunación mientras esperan la llegada de los nuevos suministros que han adquirido recientemente a un costo comparativamente alto, o de las dosis donadas procedentes de las existencias de otros países. Son estas escaseces —más que la capacidad de administrar las dosis— las que hasta ahora han supuesto la mayor limitación. Pero cuando el suministro repunte, los sistemas sanitarios deben estar preparados para vacunar al mayor número posible de personas. Y esto es factible, como demuestra la experiencia de muchos países en desarrollo: Seychelles, Mongolia, Bután y Maldivas aumentaron de forma impresionante y rápida sus vacunaciones una vez que llegaron sus suministros.

  • Paralelamente a los esfuerzos de vacunación, los países también deben garantizar que sus sistemas de salud pública puedan hacer frente a una afluencia de casos. Esto incluye acelerar la adquisición de herramientas sanitarias vitales contra la COVID-19, entre ellas tratamientos, oxígeno y equipos de protección personal. Independientemente de la velocidad de las vacunaciones, estos suministros se necesitan ahora para ayudar a salvar vidas. Esto requerirá financiación urgente en forma de donaciones para adquirir y entregar de manera preventiva un paquete mínimo de herramientas sanitarias críticas contra la COVID-19, a fin de hacer frente al aumento de los costos sanitarios y económicos derivados del repunte de casos provocado por la variante delta.

  • Por último, la magnitud de las necesidades de financiación de la región exige un esfuerzo coordinado por parte de la comunidad internacional. Pocos países disponen del margen fiscal necesario para financiar este esfuerzo por sí solos, dados los niveles de deuda ya elevados de la región y las presiones de gasto que ya existen. La mayor parte de la asistencia financiera de la comunidad internacional tendrá que llegar en forma de donaciones o préstamos en condiciones concesionales. Junto con nuestros colegas del Banco Mundial, la OMS, la OMC y otros, el FMI ha creado un grupo de trabajo especial para garantizar que los países reciban los recursos y las vacunas que necesitan.

Asegurar suficientes dosis para septiembre de 2021 sigue siendo un desafío clave.Image: FMI

Como siempre, África puede contar con el FMI. Seguimos profundamente comprometidos con todos los países de la región. Hemos intensificado nuestros préstamos al África subsahariana —el año pasado fueron más de 13 veces nuestro promedio anual— y el respaldo para aumentar nuestros límites de acceso nos permitirá ampliar nuestra capacidad de préstamos sin intereses. Además, la sin precedentes asignación de nuevos DEG por 650 000 millones de dólares, de lejos la mayor en la historia del Fondo, una vez aprobada pondrá a disposición de los países miembros del África subsahariana 23 000 millones de dólares.

Sin embargo, la gravedad y la urgencia de la situación exigen que la comunidad mundial trabaje unida. Todos tenemos algo en juego en esto. Así, en todos los países —avanzados y emergentes por igual— podemos recuperar nuestra salud física y económica tras la pandemia. Y para que el África subsahariana pueda retomar su camino hacia un futuro más próspero.

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