El FMI ha publicado recomendaciones de política para orientar a los gobiernos ante el caos financiero provocado por la COVID-19.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, afirma: «A medida que el virus se propaga, una acción coordinada más intensa será clave para impulsar la confianza y dar estabilidad a la economía mundial».
Está preparado para movilizar su capacidad de préstamo de 1 billón de dólares para ayudar a sus miembros.
Aunque la cuarentena y el distanciamiento social son la receta adecuada para combatir el impacto de la COVID-19 en la salud pública, para asegurar la economía mundial se necesita exactamente lo contrario.
El contacto constante y la coordinación estrecha son la mejor medicina para garantizar que el dolor económico causado por el virus sea relativamente breve.
Muchos gobiernos ya han adoptado medidas significativas, y a diario se anuncian grandes medidas, incluidas las audaces y coordinadas decisiones de política monetaria de ayer.
Pero está claro que aún hay que hacer más. A medida que el virus se propaga, una acción coordinada más intensa será clave para impulsar la confianza y dar estabilidad a la economía mundial.

Hoy, el FMI ha publicado un conjunto de recomendaciones de política que pueden ayudar a orientar a los países en los difíciles días que se avecinan.
¿Qué más hay que hacer?
Tres áreas de acción para la economía mundial
En primer lugar, la política fiscal. Serán necesarios estímulos fiscales adicionales para evitar daños económicos duraderos.
Las medidas fiscales ya anunciadas se están aplicando en una serie de políticas que dan prioridad inmediata al gasto sanitario y a quienes más lo necesitan. Sabemos que las medidas integrales de contención, combinadas con una vigilancia temprana, frenarán la tasa de infección y la propagación del virus.
Los gobiernos deberían mantener y ampliar estos esfuerzos para llegar a las personas y empresas más afectadas, con políticas que incluyan un aumento de las bajas por enfermedad remuneradas y alivios fiscales focalizados.
Más allá de estas positivas acciones nacionales, a medida que el virus se propaga, el argumento a favor de un estímulo fiscal mundial coordinado y sincronizado cobra fuerza por horas.
Durante la crisis financiera mundial (CFM), por ejemplo, el estímulo fiscal del G20 ascendió a alrededor del 2 % del PIB, es decir, más de 900 000 millones de dólares al valor actual, solo en 2009. Por tanto, queda mucho trabajo por hacer.
En segundo lugar, la política monetaria. En las economías avanzadas, los bancos centrales deben seguir apoyando la demanda y reforzando la confianza mediante la relajación de las condiciones financieras y garantizando el flujo de crédito a la economía real. Por ejemplo, la Reserva Federal de los Estados Unidos acaba de anunciar nuevos recortes de los tipos de interés, compras de activos, orientación prospectiva y una reducción de los coeficientes de reservas.
Las medidas de política que sabemos que han funcionado antes, incluso durante la CFM, están sobre la mesa. Ayer, los principales bancos centrales adoptaron una decisiva acción coordinada para flexibilizar las líneas de canje y, así, mitigar las tensiones en los mercados financieros mundiales.
De cara al futuro, podría ser necesario ampliar las líneas de canje a las economías de mercados emergentes.
Como dijo el Instituto de Finanzas Internacionales la semana pasada, los inversores han retirado casi 42 000 millones de dólares de los mercados emergentes desde el inicio de la crisis. Se trata de la mayor salida de capitales que se ha registrado jamás.
Por ello, la acción de política de los bancos centrales en las economías de mercados emergentes y en desarrollo deberá equilibrar el desafío especialmente difícil de hacer frente a las reversiones de los flujos de capital y a las perturbaciones de los precios de las materias primas. En tiempos de crisis como el actual, las intervenciones cambiarias y las medidas de gestión de los flujos de capital pueden complementar útilmente las subidas de tipos de interés y otras acciones de política monetaria.
En tercer lugar, la respuesta regulatoria. Los supervisores del sistema financiero deben procurar mantener el equilibrio entre preservar la estabilidad financiera, mantener la solidez del sistema bancario y sostener la actividad económica.
Esta crisis pondrá a prueba si los cambios introducidos tras la crisis financiera sirven para su propósito.
Debe alentarse a los bancos a aprovechar la flexibilidad de la normativa vigente, por ejemplo, utilizando sus colchones de capital y de liquidez, y a renegociar las condiciones de los préstamos de los prestatarios en dificultades. La divulgación de riesgos y una comunicación clara de las expectativas supervisoras también serán fundamentales para que los mercados funcionen adecuadamente en el período venidero.
Toda esta labor, desde la monetaria hasta la fiscal y la regulatoria, es más eficaz cuando se realiza de forma cooperativa.
De hecho, la investigación del personal técnico del FMI demuestra que los cambios en el gasto, por ejemplo, tienen un efecto multiplicador cuando los países actúan conjuntamente.
Lo que puede hacer el FMI
El FMI está preparado para movilizar su capacidad de préstamo de 1 billón de dólares para ayudar a nuestros miembros. Como primera línea de defensa, el Fondo puede desplegar su conjunto de herramientas de respuesta de emergencia, flexibles y de desembolso rápido, para ayudar a los países con necesidades urgentes de balanza de pagos.
Estos instrumentos podrían aportar del orden de 50 000 millones de dólares a las economías emergentes y en desarrollo. Hasta 10 000 millones de dólares podrían ponerse a disposición de nuestros miembros de bajos ingresos a través de nuestras facilidades de financiación concesional, que tienen tipos de interés nulos.
El Fondo ya cuenta con 40 acuerdos en curso, tanto de desembolso como precautorios, con compromisos combinados de alrededor de 200 000 millones de dólares. En muchos casos, estos acuerdos pueden servir de otro instrumento para el desembolso rápido de financiación de crisis. También hemos recibido interés de unos 20 países más, con los que haremos un seguimiento en los próximos días.
Además, el Fideicomiso de Contención y Alivio de Catástrofes (CCRT) del Fondo puede ayudar a los países más pobres con alivio inmediato de la deuda, lo que liberará recursos vitales para el gasto sanitario, la contención y la mitigación. En este sentido, celebro el reciente compromiso del Reino Unido de 195 millones de dólares, que significa que el CCRT dispone ahora de unos 400 millones de dólares para un posible alivio de la deuda. Nuestro objetivo, con la ayuda de otros donantes, es elevarlo a mil millones de dólares.
De este modo, el FMI puede atender a sus 189 países miembros y demostrar el valor de la cooperación internacional. Porque, al final, las respuestas a esta crisis no vendrán de un único método, una única región o un único país aislado.
Solo mediante el intercambio, la coordinación y la cooperación podremos estabilizar la economía mundial y devolverla a plena salud.

