¿Por qué dormir en el trabajo podría hacerte mejor en tu puesto?

Cui Meng, a Co-founder of Goopal Group, takes a nap in his seat after lunch, in Beijing, China, April 21, 2016. Office workers sleeping on the job is a common sight in China, where a surplus of cheap labour can lead to downtime at work. But in China's technology sector, where business is growing faster than many start-up firms can hire new staff, workers burn the midnight oil to meet deadlines and compete with their rivals. Some companies provide sleeping areas and beds for workers to rest during late nights. REUTERS/Jason Lee SEARCH "JASON SLEEP" FOR THIS STORY. SEARCH "THE WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES - S1BETDIDHOAD
Research suggests that short naps at work could actually make you more effective.Image: REUTERS/Jason Lee
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En tiempos pasados, cuando nuestra economía estaba dominada por la agricultura y la manufactura, el valor de un empleado se medía por sus aportes. Si remoloneaba y no colocaba un parachoques en un coche con suficiente rapidez, se consideraba improductivo, y si dormía en el trabajo, estaba robando tiempo a sus empleadores y podía ser despedido.

Hoy, sin embargo, vivimos en lo que en gran medida es una economía del conocimiento en la que el valor de un empleado se basa en sus resultados, no en sus aportes. Esto significa que su desempeño suele depender más de los resultados finales y menos de las horas trabajadas.

En la economía del conocimiento queremos que los empleados estén alerta, no solo activos; comprometidos, no solo presentes. Queremos que se centren en producir los resultados de mayor calidad posibles.

Dormir en el trabajo puede lograr esto.

Una epidemia de agotamiento

Según el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, casi el 70 por ciento de los empleados están cansados en el trabajo.

Se estima que este nivel de fatiga cuesta US$410 000 millones al año en gastos sociales. Como explico en mi último libro Boost: La ciencia de recargar energías en una era de exigencias implacables, los adultos sanos necesitan entre siete y nueve horas de sueño cada noche, pero muchos de nosotros no dormimos lo suficiente.

El treinta y cinco por ciento de la población duerme menos de siete horas por noche. Entre 1985 y 2012, el porcentaje de adultos en EE. UU. que duermen menos de seis horas por noche aumentó más de un 30 por ciento. Y, en comparación con hace 60 años, hoy la gente duerme entre una hora y media y dos horas menos cada noche.

La somnolencia resultante supone posibles peligros tanto dentro como fuera del trabajo. Por ejemplo, alrededor de uno de cada 25 conductores afirma haberse quedado dormido al volante en los últimos 30 días.

El problema es tan grave que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. consideran que dormir de forma inadecuada es una epidemia de salud pública.

Image: Centro para el Control de Enfermedades

Los lugares de trabajo deberían disponer de espacios para la siesta

Parte de la explicación de este nivel de fatiga es que la frontera entre el trabajo y el hogar se está difuminando. El noventa y cinco por ciento de los estadounidenses posee hoy un teléfono móvil y el 77 por ciento tiene un teléfono inteligente.

Como consecuencia de la omnipresencia de las tecnologías de comunicación, hoy se puede contactar con los empleados en cualquier momento del día o de la noche, dentro o fuera del trabajo. Las investigaciones muestran que el 84 por ciento de los empleados afirma tener que estar disponible fuera del horario laboral al menos en algunas ocasiones.

Esto, en esencia, pone a los empleados «de guardia». ¿Y adivina qué ocurre cuando las personas están de guardia? No duermen tan bien.

Así que las tendencias sociales no solo revelan una reducción general de la duración del sueño, sino que las tendencias tecnológicas que difuminan la frontera entre el trabajo y el hogar están intensificando nuestra incapacidad para dormir lo suficiente. Esto es trágico porque el trabajo nos agota y el sueño es uno de los mecanismos de recuperación más importantes que existen.

Para combatir la epidemia de somnolencia, deberíamos permitir que la difuminación de la línea entre el trabajo y el hogar funcione en ambos sentidos. Si se exige a los empleados que estén disponibles fuera del horario laboral, también debería permitírseles dormir en el trabajo.

Si los empleadores van a interferir en el tiempo libre de los empleados y en su capacidad para recuperarse de las exigencias diarias del trabajo, las organizaciones deberían entonces ofrecer oportunidades para que se produzca la recuperación necesaria en el trabajo.

Las siestas mejoran el rendimiento

Hay un sólido argumento empresarial a favor de esto. Las siestas de tan solo 10 a 30 minutos pueden aumentar el estado de alerta, reducir la fatiga y mejorar el rendimiento. Además, investigaciones recientes sugieren que la siesta podría ser tan eficaz como los fármacos para reducir la presión arterial, por lo que las organizaciones que implanten políticas de siestas podrían ahorrar en costes sanitarios.

Muchas empresas, como Ben & Jerry’s, Zappos y Nike, permiten a sus empleados echar una siesta en el trabajo. Creo que esta tendencia representa el lugar de trabajo del futuro.

La idea de que los empleados no deberían poder dormir en el trabajo es un tabú anticuado de una época pasada. Es un vestigio de los tiempos en que el valor de un empleado dependía únicamente de sus aportes manuales.

Sin embargo, en la economía moderna, el valor de un empleado, directivo o ejecutivo a menudo depende de su capacidad para producir resultados deseables. Las organizaciones progresistas reconocen que los empleados fatigados no pueden rendir al máximo. En esencia, un empleado cansado le roba rendimiento a su empleador.

En la economía moderna, si estás cansado y no duermes en el trabajo, deberías ser despedido.

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