Un método de «helado» podría crear una vacuna contra la gripe para toda la vida

A visitor eats an ice cream at the Chelsea Flower Show in London May 22, 2012. REUTERS/Toby Melville (BRITAIN - Tags: ENTERTAINMENT ENVIRONMENT SOCIETY) - LM1E85M19BS01
Think of the flu as an ice cream cone...Image: REUTERS/Toby Melville
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Si el virus que causa la gripe fuera un cono de helado, la vacuna anual enseñaría al sistema inmunitario a reconocer solo la bola: de chocolate un año, de fresa al siguiente. Como el virus cambia cada año, la vacuna también debe cambiar.

El nuevo método enseña al organismo a reconocer la parte del «cono» del virus, la que permanece igual de un año a otro. Los investigadores que trabajan en la técnica afirman que funciona en animales de laboratorio, pero advierten que aún deben hacer la vacuna más específica y demostrar que funciona en estudios mucho más amplios antes de probarla en personas.

Image: PNAS

«Creemos que podría ser muy generalizable», afirma Peter Kim, profesor de bioquímica de la Universidad de Stanford e investigador principal de la iniciativa sobre enfermedades infecciosas del Chan Zuckerberg Biohub. «Podría ser importante para desarrollar una vacuna universal contra la gripe que protegiera frente a pandemias, así como para el VIH».

Conceptos básicos sobre la vacuna contra la gripe

La idea detrás de una vacuna consiste en inyectar a una persona un virus inactivado o una sola proteína que normalmente se encuentra en la superficie del virus. El sistema inmunitario aprende a reconocer partes de ese invasor artificial y genera una defensa que puede activar meses o incluso años después, si vuelve a encontrar esa proteína.

El desafío es que, por alguna razón, algunas partes de una proteína son mucho más fáciles de detectar para el sistema inmunitario. En el caso de la gripe, esa parte fácil de detectar es el extremo del helado: la vacuna anual contra el sabor del año. Por mucho que lo intenten, los científicos no han logrado dirigir eficazmente la atención del sistema inmunitario hacia el cono.

La idea del nuevo enfoque surgió cuando Payton Weidenbacher, estudiante de posgrado en química, escuchó una charla sobre una proteína que puede unirse de forma muy específica justo al punto de la proteína del virus de la gripe que quieren que reconozca el sistema inmunitario. Los científicos llaman a esta proteína anticuerpo monoclonal—«mono» porque se une a un solo punto y «clonal» porque pueden producir muchas copias idénticas de ella.

«Deberías poder hacer esto con cualquier cosa; ese es el sueño».

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Durante la charla, los científicos se preguntaron si podían usar el anticuerpo monoclonal como guía y crear una forma de que el sistema inmunitario se uniera al mismo punto.

Mientras escuchaba, Weidenbacher recordó un truco químico que, pensó, podría ofrecer un enfoque distinto. En vez de limitarse a aprender del anticuerpo monoclonal, ¿por qué no aprovecharlo? Su idea era acoplar este anticuerpo monoclonal altamente específico a la proteína del virus de la gripe en el laboratorio y usarlo como plantilla.

Podía cubrir el resto de la proteína con moléculas que actúan como una capa química, volviéndola invisible para el sistema inmunitario. Al retirar la plantilla, solo quedaría visible una diminuta parte de la proteína, que el sistema inmunitario podría aprender a reconocer y, con el tiempo, atacar.

Usar como vacuna esa proteína cubierta en su mayor parte podría impulsar al sistema inmunitario a atacar el cono, la parte del virus compartida por distintas cepas de gripe, incluida la gripe pandémica.

Idea sencilla, proceso difícil

Weidenbacher le comentó su idea a Kim después de la charla, pero ambos supusieron que a alguien más ya se le habría ocurrido algo tan sencillo. Luego, Weidenbacher recibió un correo electrónico de Kim a altas horas de la noche. «Peter me dijo algo así como: “nadie lo ha hecho; empieza ahora”», cuenta Weidenbacher.

«Payton es químico», dice Kim. «Lo que hizo fue idear una manera de usar el anticuerpo monoclonal como reactivo, en lugar de como algo que se observa».

Aunque la idea era sencilla, llevarla a cabo no lo fue. Weidenbacher se encontró con algunos obstáculos para lograr que el sistema funcionara, pero las primeras pruebas del equipo, publicadas en Proceedings of the National Academy of Sciences, son prometedoras.

Los animales de laboratorio que reciben esta ingeniosa proteína de la gripe recubierta también muestran una respuesta inmunitaria a otras cepas de gripe, algo que solo ocurriría si hubieran aprendido a reconocer las partes constantes del cono. Los animales que recibieron una vacuna normal no respondieron bien a otras cepas de gripe.

Los investigadores «sesgaron» la respuesta inmunitaria, pero aún tienen trabajo por delante para hacerla más específica. Si lo consiguen, afirman que podría convertirse en un enfoque eficaz contra muchos agentes infecciosos distintos.

«Deberías poder hacer esto con cualquier cosa; ese es el sueño», dice Weidenbacher. «Con la química adecuada, podrías tomar cualquier anticuerpo monoclonal disponible y hacerlo».

El Virginia and D. K. Ludwig Fund for Cancer Research y el Chan Zuckerberg Biohub financiaron el trabajo.

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