¿El arma secreta para hacerte más activo? Tu smartphone

Corporate affairs executive Jake Krausmann yawns as as he performs his morning exercise routine on the bow of a Circular Quay-bound ferry from the northern beaches suburb Manly, June 30, 2015. The Manly ferry has been country-born Krausmann's preferred commute for 10 years, saying that he has always travelled on the outside decks in any weather and never gets sick of the trip. Sydney's ferry system has been its lifeblood since the mid 1800s, transporting more than 15 million individual passenger journeys each year, according to the Bureau of Transport Statistics. From fast-food employees to finance industry executives, more than 40,000 trips are taken every day. Picture taken June 30, 2015. REUTERS/Jason Reed - GF20000078041
Our lifestyles have become increasingly sedentary.Image: REUTERS/Jason Reed - GF20000078041
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La inactividad física es la cuarto factor de riesgo principal de muerte en el mundo y ha alcanzado la condición de una pandemia mundial — una definición que suele asociarse con enfermedades infecciosas como la gripe.

Incluso quienes somos físicamente activos todos los días podemos llevar una vida muy sedentaria. Hacer ejercicio todos los días, pero pasar el resto del día sentados en una silla: esto se ha convertido en la norma en el mundo moderno.

Sabemos que incluso aumentos moderados de la actividad física se asocian con un menor riesgo de enfermedades físicas como el cáncer, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes tipo 2 y la enfermedad de Parkinson. También sabemos que el ejercicio mejora nuestra salud mental y el rendimiento académico.

Además del considerable riesgo de enfermedad y muerte, la inactividad física supone una carga económica mundial sustancial, con costes conservadores anuales para los sistemas de atención sanitaria en todo el mundo que superan los 53.800 millones de dólares estadounidenses.

A pesar de esta contundente evidencia contra la inactividad física y de las inversiones en intervenciones para fomentar la vida activa, apenas ha cambiado el nivel mundial de inactividad física.

Como investigador en vida activa que utiliza la tecnología para entender la inactividad física en la población e influir en las políticas, esta situación de pasividad me resulta extremadamente frustrante. Es hora de combatir el fuego con fuego, reutilizando los mismos dispositivos que nos hacen más inactivos: los smartphones.

Movilizar los smartphones

Antes de que mis colegas y los defensores de la actividad física descarten esta idea, quisiera aclarar que en absoluto sugiero que necesitemos más tiempo frente a la pantalla.

En primer lugar, el tiempo frente a la pantalla no puede generalizarse, ya que se acumula en una multitud de dispositivos con motivaciones y efectos diversos.

En segundo lugar, de entre todos los dispositivos que permiten el uso de pantallas, los smartphones son los verdaderamente omnipresentes, lo que en esencia los convierte en herramientas de equidad en el siglo XXI que brindan acceso a miles de millones de personas en todo el mundo.

En tercer lugar, y probablemente más pertinente para la actividad física, los smartphones son las únicas herramientas digitales que casi todos llevamos literalmente a todas partes, y que cuentan con las funciones (GPS, acelerómetros, cámara, audio, vídeo) para detectar, compartir y movilizar datos entre ciudadanos que dan su consentimiento.

Aun así, no pensamos en los smartphones cuando abordamos la pandemia de inactividad física. Para mí, el smartphone es el elefante en la habitación.

Descubrir qué nos motiva a movernos

No hay indicios de que vayamos a volver a los días sin estos dispositivos, así que ¿por qué no aprovechar los smartphones de los ciudadanos para abordar uno de los problemas de salud más acuciantes de nuestra vida?

La ciudadanía activa no se limita a las poblaciones físicamente activas. De hecho, no me interesa hacer que las personas activas lo sean aún más (yo soy una de ellas) y, con ello, ampliar la brecha existente entre activos e inactivos. Me interesa que las personas activas se impliquen más y que las inactivas se activen más, utilizando el mismo dispositivo que actualmente constituye una barrera para la vida activa.

Mapa que muestra la ubicación de los ciudadanos científicos que contribuyen al proyecto SMART Platform en Saskatoon.Image: Proporcionado por el autor

No estoy seguro de que podamos usar el tiempo frente a la pantalla para reducir el tiempo frente a la pantalla, algo que intentamos comprender. Pero no es radical utilizar un dispositivo que casi todo el mundo posee para descubrir qué nos motiva a movernos.

SMART Platform es una de estas iniciativas. Involucramos a la ciudadanía a través de sus smartphones para conocer la cantidad de actividad física que acumulan y cómo, por qué, dónde, cuándo y con quién se desplazan.

Relacionarse con las personas es la clave

Mediante la toma de fotografías, la grabación de audio y vídeo, entre otros muchos enfoques innovadores, las personas con las que colaboramos nos ayudan a construir complejas vías no solo para comprender los patrones de la vida activa, sino también para desarrollar iniciativas que aborden crisis sanitarias urgentes.

Por ejemplo, a través de SMART Platform estamos llevando a cabo varios proyectos, como SMART Indigenous Youth, que involucra a jóvenes indígenas y a educadores de zonas rurales y remotas a través de smartphones para comprender cómo la vida activa basada en el territorio puede mejorar la salud mental.

Los smartphones de jóvenes y educadores desempeñan un papel importante en la participación a distancia en este proyecto, que es esencialmente una intervención de base comunitaria integrada en los planes de estudio escolares.

Cada escuela de reserva que participa en este ensayo comunitario está implementando su propia intervención de vida activa basada en el territorio, culturalmente apropiada y fundamentada en los conocimientos tradicionales, la lengua y las preferencias de la comunidad. Las actividades en el territorio incluyen la identificación de plantas, la caza, la trampa y la pesca, entre otras actividades determinadas por las estaciones. En esencia, los educadores y los jóvenes utilizan sus smartphones para aportar sus perspectivas como ciudadanos científicos y ayudar a explicar cómo la intervención está modificando los patrones de comportamiento de los jóvenes.

Así pues, las implicaciones de utilizar eficazmente este dispositivo van mucho más allá de los debates restringidos sobre el tiempo frente a la pantalla o incluso sobre la vida activa. Este dispositivo puede dar voz a las personas y promover la ciudadanía activa.

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