Las superbacterias causan la muerte de 700.000 personas al año, cifra que se prevé que ascienda a 10 millones en 2050;
No se están desarrollando con la suficiente rapidez nuevos tratamientos para hacer frente a este riesgo para la salud pública;
Los responsables políticos deben corregir el mercado de antibióticos, que está roto, e incentivar a los fabricantes de medicamentos haciendo que el éxito comercial sea más predecible.
Tras varias rondas de quimioterapia y un trasplante de médula ósea, iba bien encaminada hacia la recuperación. Entonces, una superbacteria la atacó. Pese a los esfuerzos de sus médicos, la infección resistente a los fármacos se extendió a sus pulmones y a su torrente sanguíneo. Su sistema inmunitario, debilitado por la quimioterapia, no pudo combatir la infección y falleció rápidamente.
Lamentablemente, historias como esta son demasiado frecuentes. Superbacterias como esta ya causan la muerte de 700.000 personas en todo el mundo cada año, y esa cifra anual podría aumentar hasta los 10 millones de personas en 2050. Esto se debe en gran medida a que las superbacterias evolucionan más rápido de lo que creamos nuevos tratamientos; en los últimos 30 años, solo se ha aprobado una nueva clase de antibióticos.
Desafortunadamente, esta escasez de nuevos tratamientos no terminará pronto, a menos que los responsables políticos corrijan el mercado de antibióticos, que está roto. En la actualidad, las compañías farmacéuticas se muestran reacias a invertir en la investigación sobre superbacterias, ya que cualquier tratamiento resultante solo se utilizaría en casos limitados y de emergencia. Los investigadores tienen pocas posibilidades de recuperar sus costes, y mucho menos de obtener beneficios. Las empresas de biotecnología y los inversores como nosotros no podremos combatir las superbacterias sin la ayuda del gobierno.
En Novo Holdings hace poco hemos establecido el Replenishing and Enabling the Pipeline for Anti-Infective Resistance (REPAIR) Impact Fund. REPAIR prevé canalizar 165 millones de dólares hacia 20 empresas emergentes centradas en los antimicrobianos durante los próximos tres a cinco años. En la actualidad, somos uno de los pocos fondos de inversión privados centrados en este ámbito, si no el único. Prácticamente todos los demás inversores se han desentendido, al concluir que el mercado de antibióticos está fundamentalmente roto. No les falta razón.
En la mayoría de los medicamentos, el modelo de negocio básico es sencillo: las empresas invierten grandes sumas por adelantado para desarrollar la terapia y luego venden la cantidad suficiente para obtener beneficios. Este modelo de ventas basado en el volumen no funciona con los antibióticos, que pueden curar por completo a los pacientes tras un único ciclo de tratamiento. Además, los hospitales mantienen los tratamientos más potentes y avanzados bajo llave para evitar que las bacterias y los hongos evolucionen y se vuelvan inmunes a ellos. Los médicos solo utilizan estos fármacos en emergencias extremas. Esta precaución tiene pleno sentido desde el punto de vista médico.

Pero esto supone un desafío para los investigadores y los inversores. Los antibióticos avanzados cuestan solo unos pocos miles de dólares, mucho menos que las nuevas terapias contra el cáncer, que pueden costar 500.000 dólares por ciclo de tratamiento. Incluso cuando las empresas de biotecnología logran inventar nuevos antibióticos, no pueden recuperar sus costes de desarrollo dados estos bajos volúmenes de venta y precios relativamente bajos. No sorprende, por tanto, que un número creciente de empresas farmacéuticas y de biotecnología esté abandonando la investigación sobre superbacterias. En el último año, tres grandes compañías farmacéuticas cerraron sus departamentos de antibióticos. Empresas medianas de investigación de antibióticos, como Aradigm y Achaogen, han quebrado en el último año.
Los inversores están perdiendo la esperanza de que el desarrollo de antibióticos llegue a generar algún rendimiento. En 2016, siete proyectos de antibióticos recibieron en total 173 millones de dólares en financiación privada de capital riesgo. En 2019, solo dos proyectos de antibióticos recibieron financiación por un total de 11 millones de dólares. En comparación, desde 2017, 123 tratamientos contra el cáncer han recibido financiación de serie A. Cuando se trata de evitar una catástrofe sanitaria mundial, los nuevos antibióticos lo son todo. Sin embargo, el mercado prácticamente les asigna un valor nulo. Creo que ha llegado el momento de una solución basada en políticas.
El recientemente presentado Developing an Innovative Strategy for Antimicrobial Resistant Microorganisms (DISARM) Act en Estados Unidos es un buen punto de partida. El proyecto de ley permitiría a Medicare ofrecer financiación adicional a los hospitales estadounidenses que utilicen de forma responsable los nuevos antibióticos. La mayor demanda por parte de los hospitales ayudará a respaldar a las empresas de biotecnología que desarrollan antibióticos. DISARM es solo una parte de un conjunto de soluciones políticas necesarias para combatir las superbacterias.
Los incentivos financieros directos, como las subvenciones para la investigación, también serían útiles. Mediante CARB-X y la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado, el Gobierno de Estados Unidos ha canalizado más de 100 millones de dólares en subvenciones hacia la I+D de antibióticos en los últimos tres años.
Los expertos en salud pública aconsejan a los gobiernos recompensar a las empresas cuyos nuevos antibióticos ya han llegado al mercado. Estas políticas incentivan a los fabricantes de medicamentos al hacer más predecible el éxito comercial. Además, garantizan que el público solo pague por los tratamientos que llegan a materializarse. En un análisis de 30 tipos diferentes de incentivos de mercado, DriveAB, una organización europea dedicada a combatir la resistencia a los antibióticos, identificó las recompensas por la entrada al mercado como la forma más eficaz de revitalizar la investigación. Pese a su gran potencial, hasta ahora se ha hecho poco para poner en marcha estos incentivos.
Las superbacterias amenazan la salud pública. Ha llegado el momento de que los responsables políticos ayuden a corregir el mercado de los antibióticos y den a los ciudadanos acceso a curas que salvan vidas.

