La enfermedad de Alzheimer es especialmente devastadora. Destruye los recuerdos y las capacidades cognitivas de una persona, lo que le impide llevar una vida plena e independiente. Puede tener un impacto devastador a nivel emocional y financiero para las familias, para los cuidadores y para la sociedad en general.
Al comenzar una nueva década, ha llegado el momento de contraatacar. Necesitamos más atención, compromiso y urgencia para impulsar avances en la lucha contra el Alzheimer.
En el siglo XXI, el envejecimiento es un factor creciente de costes fiscales, monetarios y sociales, y el Alzheimer, consecuencia del envejecimiento acelerado que provoca demencia, es la enfermedad crónica más costosa para esta población, con tasas de prevalencia en niveles sin precedentes. Como séptima causa principal de muerte en el mundo, la demencia costó al mundo 1,25 billones de dólares en 2018 y afectó a unos 50 millones de personas en 2019.
Sin avances importantes en la investigación sobre el Alzheimer, el número de personas afectadas se triplicará para 2050, hasta alcanzar los 152 millones. Esta amenaza creciente convierte la enfermedad de Alzheimer en una de las amenazas sanitarias y económicas más urgentes para el crecimiento económico, la participación laboral, la sostenibilidad fiscal y los sistemas de salud de todo el mundo.
Sin embargo, en los últimos años la respuesta al Alzheimer se ha estancado. Si bien celebramos sin duda los recientes resultados de ensayos clínicos de Biogen, y algunos pacientes podrían beneficiarse pronto de un nuevo tratamiento que reduce el deterioro clínico, no ha salido al mercado ningún fármaco nuevo en 15 años. Entre 1998 y 2017 se han registrado unos 146 intentos fallidos de desarrollar fármacos contra el Alzheimer, y en 2018 se sumaron otros seis o siete. Los fármacos en la fase final del desarrollo se redujeron un 16 % en el último año. Los esfuerzos por desarrollar nuevos biomarcadores, que acelerarían la investigación y la prestación de tratamientos, han estado aislados, sin una vía clara de validación y con incentivos comerciales limitados para invertir.
Además, se conoce poco sobre los enfoques no farmacológicos, y los sistemas de salud no detectan ni diagnostican la enfermedad de forma proactiva en sus fases más tempranas. Por otro lado, la investigación sobre la demencia ha contado con recursos insuficientes a nivel público, lo que obstaculiza aún más los esfuerzos.
Mantener el statu quo es inaceptable. Debemos tomar medidas inmediatas para afrontar de frente los obstáculos que plantea esta enfermedad.
Con este objetivo, el Foro Económico Mundial, en colaboración con la Iniciativa Global de Directores Ejecutivos sobre la Enfermedad de Alzheimer, estudiará la próxima semana en Davos la oportunidad de lanzar una coalición que reúna a actores públicos y privados, incluidos grandes fabricantes farmacéuticos, empresas de biotecnología, gobiernos, organizaciones internacionales, fundaciones y agencias de investigación, para formar un frente unido en la lucha contra el Alzheimer.
Esta coalición apoyaría la investigación preclínica para avanzar en la comprensión de la enfermedad mediante el desarrollo de una gran cohorte prospectiva mundial, atraería más capital reduciendo los riesgos de inversión en biomarcadores, garantizaría que las plataformas de ensayos clínicos tengan capacidad para respaldar nuevos estudios, y avanzaría en la preparación de los sistemas de salud en los ámbitos de la detección, el diagnóstico, la infraestructura y el acceso. En el próximo año, pretendemos elaborar planes de negocio y obtener compromisos de responsables políticos y líderes empresariales para situar el Alzheimer en la agenda.
Crear un entorno mundial de investigación sobre el Alzheimer altamente priorizado, con recursos suficientes, con una vía eficiente hacia el mercado, respaldado por biomarcadores bien comprendidos y una red sanitaria comprometida, es una de las necesidades más apremiantes para la sostenibilidad de los sistemas de prestación de servicios de salud en la próxima década. En lo que respecta a los pacientes, no se trata solo de una necesidad, sino de una obligación moral.

