La peligrosa difusión de desinformación sobre la COVID-19 debe combatirse junto con el propio virus.
Una nueva investigación de la Universidad Nacional de Singapur revela las estrategias más eficaces que emplearon tres países asiáticos para hacerlo.
Lo que hace que la pandemia actual sea más peligrosa que cualquier otra anterior es que la propagación de rumores e información falsa por internet es incluso más rápida que la del propio coronavirus.
Sylvie Briand, directora del Departamento de Gestión de Peligros Infecciosos de la OMS, no podría haber destacado mejor la necesidad de que los gobiernos combatan este brote paralelo, pero más virulento: el de la «infodemia» o epidemia de información.
La «confusión insidiosa» causada por el hecho de que la desinformación sobre el coronavirus está «mutando y propagándose más rápido que el propio brote del virus» —junto con una avalancha de contenido generado por usuarios en las redes sociales— oculta información esencial, alimenta la especulación y el alarmismo, y hace que encontrar la verdad parezca imposible.
Como respuesta para ponerse a salvo, este estado de desorden informativo ha hecho que la gente dependa más de los medios de comunicación tradicionales y de fuentes autorizadas para obtener información precisa sobre el coronavirus y las distintas agendas nacionales en respuesta a la pandemia. Al aprovechar esta situación, los gobiernos tienen la oportunidad de ganarse la confianza pública demostrando un liderazgo eficaz que proteja a la población de la epidemia de información a través de los medios de comunicación y de declaraciones oficiales.
Revisamos más de 5.000 artículos periodísticos sobre el coronavirus publicados en dos de los medios más leídos de tres países asiáticos que combaten el brote desde sus inicios: Xinhua Daily y People’s Daily en China, Chosun Ilbo y Hankyoreh en Corea del Sur, y The Straits Times y Channel News Asia en Singapur. Nuestra investigación reveló cinco estrategias principales empleadas en la lucha contra la infodemia de COVID-19.
Leyes y sanciones
China destacó por mostrar que el gobierno no dudará en tomar medidas enérgicas contra quienes produzcan y difundan información falsa durante el brote. Se recordó constantemente a la ciudadanía el amplio repertorio de leyes que puede invocarse con rapidez para procesar a quienes sean declarados culpables de esos actos.
Los procesos penales relacionados con el brote se dieron a conocer periódicamente al público. Las noticias detallaron cómo, durante la semana del 20 al 27 de febrero, se duplicó en China el número de casos juzgados por delitos relacionados con información falsa, y todas las personas encausadas fueron declaradas culpables y procesadas.
El gobierno de Singapur también mostró que no dudará en recurrir a la ley. En virtud de la Ley de Protección contra las Falsedades y la Manipulación en Internet (POFMA) del país, se emitieron órdenes de rectificación de información contra al menos cuatro partes por difundir falsedades en línea durante los dos primeros meses del brote.
En una medida sin precedentes, se levantaron rápidamente las exenciones de la POFMA para los intermediarios de internet, lo que obligó a Google, Facebook, Baidu y Twitter a cumplir las directrices de la POFMA y corregir de inmediato los casos de información errónea difundidos en sus plataformas.
Medidas correctivas y avisos
Singapur ha liderado la publicación de avisos en medios de comunicación para corregir rumores e información errónea, y ha exigido a quienes infringieron la POFMA que rectificaran públicamente sus falsedades en línea.
Corea del Sur siguió aquí el ejemplo de Singapur y se centró principalmente en desmentir rumores a través de los medios de comunicación, mediante preguntas frecuentes y entrevistas con expertos, funcionarios del gobierno y autoridades sanitarias.
Singapur también mostró cómo una colaboración de todo el gobierno, en la que participaron cinco ministerios distintos, pudo crear avisos informativos accesibles a diferentes sectores de la sociedad a través de diversas plataformas: desde sitios oficiales de verificación de datos y páginas de Facebook e Instagram de ministerios y funcionarios hasta canales de difusión de mensajes impulsados por el gobierno en WhatsApp e incluso paneles digitales en zonas residenciales.
Responsabilidad social y educación
Además de las medidas estrictas de las autoridades, los gobiernos de Singapur y China también han pedido a las personas y comunidades locales que colaboren para combatir la epidemia de información.
En Singapur, las principales figuras del Estado, entre ellas el presidente y el primer ministro, han recordado reiteradamente a la población el «gran servicio [que están prestando] a otros singapurenses» al actuar con responsabilidad social y no difundir rumores sobre el coronavirus. Al igual que en China, los líderes de Singapur han instado constantemente a todos a poner de su parte para frenar el alarmismo y no especular sobre información no oficial.
Se ha recurrido a escuelas y docentes para apoyar estas iniciativas de responsabilidad social. En todo Singapur se pusieron en marcha programas de educación cívica y en valores para enseñar la importancia de verificar la autenticidad de la información relacionada con el coronavirus.
En China, las noticias han descrito cómo algunos docentes escribieron a sus alumnos para recordarles que otros estudiantes tenían padres que habían fallecido o estaban en cuarentena, y explicarles que debían mostrar afecto a sus amigos evitando causar pánico y difundir rumores sobre el coronavirus.
Ciencia y racionalidad
Los medios de comunicación y el gobierno chinos se han distinguido por presentar la ciencia y la racionalidad como «el arma más poderosa» para combatir la COVID-19. Se promovió la precisión científica como una fuerza indispensable en la lucha contra el virus, y el uso de información científica se consideró clave para frenar la proliferación de teorías conspirativas, pruebas irracionales y rumores engañosos.
Mientras los líderes chinos ensalzaban la capacidad del país para erradicar el coronavirus gracias a su potencial científico y tecnológico, los medios promovían un lema en el frente de batalla contra la infodemia: «los rumores se acaban con los sabios».
Referencias a otros países
Corea del Sur fue el país que más destacó las dificultades que otros países afrontaban debido a la información falsa. Desde relatos de personas que se convertían en zombis en Singapur hasta «pruebas» científicas de transmisiones virales a través de cabras y ovejas en Irán, los medios surcoreanos mencionaron al menos 10 países para comparar cómo otros también —o incluso más— lidiaban con la plaga de noticias falsas sobre la COVID-19.
Aún más llamativa es la respuesta de Corea del Sur a los ataques contra la gestión china de la crisis de la infodemia. En este contexto, el gobierno surcoreano movilizó a la población contra el «fenómeno de la fobia a China», surgido de los rumores sobre la incapacidad de China para gestionar el brote mundial de desinformación y las teorías conspirativas asociadas.
No pierdan de vista la lucha contra la infodemia
La infodemia de COVID-19 surgió y se propagó por todo el mundo junto con el coronavirus. Mientras los gobiernos de todo el mundo recurren a todos los recursos disponibles para dar prioridad a la salud de la población y protegerla, también es crucial que no pierdan de vista la necesidad de proteger a esas mismas personas de «infectarse» con rumores e información errónea.
Desde leyes estrictas, asesoramiento correctivo oportuno, responsabilidad social y educación hasta el recurso a la racionalidad de la ciencia y la referencia a experiencias similares de otros países, los medios de comunicación se han convertido en canales ejemplares a través de los cuales los gobiernos deben demostrar un liderazgo firme en la lucha contra la infodemia de COVID-19 para ganarse la confianza pública. Esa confianza será clave para unir a la población durante esta convulsión pandémica mundial y después.

