El coronavirus plantea incertidumbres y desafíos constantes para los niños y los padres.
Sin embargo, la resiliencia tras las adversidades no es inevitable.
Estos son cuatro pasos que puede dar para ayudar a transmitir que las cosas están bajo control.
El mundo está patas arriba a causa del coronavirus. Aunque ya se observan señales incipientes de reaperturas tentativas, con una vida de ensayo y error tras la cuarentena, no podemos —y, en cierto modo, no deberíamos— restar importancia a los desafíos e incertidumbres persistentes para nuestros hijos. Algunos han sostenido que hablar con los niños sobre el brote de COVID-19 es una oportunidad para desarrollar la resiliencia.
Los psicólogos suelen explicar la resiliencia como «la capacidad de una persona para adaptarse a los acontecimientos de su vida… cuando se enfrenta a una tragedia, un desastre natural, un problema de salud, de relación, laboral o escolar».
Si queremos que nuestros niños y jóvenes salgan de esta emergencia mundial más resilientes, debemos entender que la resiliencia no es el resultado inevitable de la exposición a la adversidad. Al fin y al cabo, probablemente todos conocemos a personas que prosperan en condiciones difíciles y a otras que se hunden bajo el peso de la adversidad.
Entonces, ¿qué podemos hacer para inclinar la balanza a favor de la resiliencia?
Respuestas cariñosas y sensibles
Los padres pueden ayudar creando las condiciones para desarrollar la resiliencia en el hogar. Los jóvenes tienden a ser más resilientes ante los desafíos de la vida cuando se sienten queridos, atendidos y apoyados. Ahora más que nunca, los jóvenes necesitan percibir a su familia como un entorno cariñoso, sensible y atento a sus necesidades.
Podemos transmitirlo con palabras, pero aquí tiene cuatro acciones y enfoques concretos en los que los padres pueden centrarse para transmitir la sensación de que las cosas están bajo control.
1. Procure un entorno doméstico coherente
En particular, en este periodo de cambio constante, los niños y jóvenes se benefician cuando nosotros organizamos nuestro entorno doméstico de forma ordenada, coherente, justa y predecible.
Los espacios físicos limpios y ordenados transmiten una sensación de orden y calma. Las rutinas diarias proporcionan a los niños una sensación de estabilidad y previsibilidad. Las normas coherentes ayudan a dar estructura a la vida de los niños y a combatir la sensación de trastorno y caos que rodea a tantos de nosotros.
La organización no tiene por qué abarcar toda la casa. Puede bastar con centrarse en mantener limpias y ordenadas las zonas de comer y dormir. Las rutinas también pueden ser tan sencillas como un horario fijo para los deberes, un breve paseo después de cenar cada día o una noche de cine en familia cada viernes. Las normas también pueden ser específicas de este periodo, y funcionan mejor si ofrecen beneficios claros y evidentes para todos.
2. Céntrese en lo que va bien
Los padres también pueden modelar y fomentar deliberadamente hábitos relacionados con la resiliencia.
El optimismo es un factor especialmente importante que contribuye a la resiliencia tras los desastres. Ser optimista no significa esconder la cabeza bajo el ala y fingir que todo va bien en el mundo. Más bien significa tener una comprensión equilibrada y precisa del mundo y hacer un esfuerzo deliberado por centrarse en lo que va bien.
Significa recordarnos que, si no hay huevos en el supermercado, las gallinas pondrán más huevos mañana. Significa buscar y compartir deliberadamente buenas noticias. Compartir y modelar el optimismo para nuestros hijos les ayuda a aprender este hábito y también beneficiará nuestra salud mental.
3. Muestre confianza en sus propias capacidades
Un sólido sentido de la autoeficacia es otro factor importante relacionado con la resiliencia. La autoeficacia se refiere a la confianza que tenemos en nuestras propias capacidades, especialmente en nuestra capacidad para tener éxito ante los desafíos. Podemos ayudar a los jóvenes a desarrollar un sólido sentido de autoeficacia para afrontar la crisis actual, apoyando sus esfuerzos por asumir nuevos retos y lograrlos.
Quizá pueda animar a su hijo a enseñar a sus abuelos a comunicarse por videollamada. O celebrar que su hijo adolescente haya averiguado cómo hacer que le entreguen una pizza en casa sin infringir la norma de distanciamiento social de dos metros.
Los jóvenes también desarrollan un sentido de autoeficacia para afrontar las dificultades observando cómo lo hacen ustedes. Si la escasez de opciones de pan en el supermercado le motiva a dominar el arte de hornear pan, esta es una gran oportunidad para abordar esta tarea. Y no se preocupe si resulta más difícil de lo que parecía. Los niños se benefician de ver a los adultos fracasar, pero aprender de sus errores y seguir intentándolo.
4. Recuerde cuidarse a sí mismo
Si poner en práctica estas estrategias le parece abrumador, los niños y jóvenes se benefician cuando utilizamos cualquiera de ellas, por lo que los padres pueden marcar la diferencia eligiendo el enfoque que les parezca más factible y atractivo. Decidan lo que decidan, es más probable que tengamos éxito con estrategias que también beneficien nuestro propio bienestar.
Y, por último, puede ser muy útil recordar que los niños se encuentran mejor cuando sus padres están bien. En estas circunstancias extraordinariamente estresantes, es más importante que nunca que dediquemos tiempo a nuestras estrategias de bienestar mental probadas, ya sea cuidar la alimentación, salir al exterior cada día, apagar los teléfonos móviles en el dormitorio, contactar con un amigo o consultar a un profesional de la salud mental.
Al fin y al cabo, en los aviones nos han enseñado a ponernos primero nuestra propia mascarilla de oxígeno en caso de emergencia; de lo contrario, no estamos en condiciones de ayudar a los demás. Y creo que podemos calificar justamente esto de emergencia.
