Todos debemos dar un paso al frente para responder a los desafíos que plantea la COVID-19.
Debemos unirnos con compasión y humildad.
Podemos reconstruir mejor si garantizamos que los estímulos a largo plazo aumenten la resiliencia y hagan frente a la amenaza del cambio climático.
La pandemia de COVID-19 es una emergencia mundial que está causando devastación a millones de personas en todo el mundo, afectando vidas y empleos, y paralizando gran parte de la economía mundial. Es una crisis que ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad y ha confirmado que subestimábamos la probabilidad y la naturaleza exponencial de los riesgos sistémicos. Nos exige a todos unirnos con compasión y humildad.
El virus no conoce fronteras. Está afectando a familias, empresas, ciudades, países y economías de todo el mundo. Con razón, los esfuerzos de emergencia a corto plazo se centran en hacer frente a los impactos inmediatos y en evitar que la situación empeore. Estamos viendo ejemplos inspiradores de gobiernos y empresas que adoptan medidas extraordinarias para frenar la propagación de la enfermedad, proteger la salud y la seguridad de las personas y las comunidades, apoyar a los trabajadores, ayudar a las empresas a sobrevivir a la turbulencia y garantizar que los bienes y servicios esenciales sigan disponibles.
Mientras que, en algunos países, los esfuerzos inmediatos de respuesta a la crisis dan paso a medidas de estímulo económico, el foco estará en reconstruir la economía y trazar un nuevo rumbo. En este momento decisivo, necesitamos un liderazgo audaz.
Mientras los gobiernos desarrollan paquetes de estímulo económico a largo plazo para combatir la crisis, deben diseñarse en torno al principio fundamental de construir una economía más sólida que garantice la salud y el bienestar a largo plazo de los ciudadanos, la creación de empleo, la lucha definitiva contra el cambio climático y la construcción de una sociedad más resiliente e inclusiva.
No podemos volver a la actividad de siempre ni mantener hábitos antiguos, la contaminación, el gasto y las infraestructuras que causarán más daños a las mismas personas, comunidades y economías que estos paquetes de estímulo pretenden apoyar.

La ciencia es clara: el cambio climático es una amenaza presente para la vida humana, la salud y la economía. Las decisiones que toman hoy los gobiernos fijarán la orientación estratégica de las empresas y las economías durante años. Combinar la acción de recuperación económica con la acción climática en este momento crítico garantizará que las economías puedan recuperarse más fuertes que antes, al tiempo que se reducen las emisiones.
We Mean Business ha pedido que el estímulo económico a largo plazo se examine desde la perspectiva del clima y la resiliencia, para garantizar que el gasto y las políticas públicas aceleren la transición hacia una economía con cero emisiones de carbono. Debe centrarse en medidas que contribuyan a reducir las emisiones, garantizar un aire limpio y generar buenos empleos, así como salvaguardar el crecimiento económico.
Estos paquetes de estímulo deberían incentivar el despliegue rápido de soluciones climáticas existentes e impulsar el desarrollo y la demostración de tecnologías de cero emisiones de carbono para acelerar el crecimiento de una economía inclusiva y resiliente con emisiones netas cero de carbono, a más tardar en 2050. Ahora es el momento de que los gobiernos ofrezcan a las empresas la claridad y la confianza que necesitan para desbloquear nuevas inversiones en soluciones climáticas.

Una perspectiva de clima y resiliencia debe aplicarse no solo a los paquetes de estímulo de alcance económico general, sino también al apoyo financiero público a las empresas. Las empresas que reciban asistencia financiera pública a largo plazo deberían estar obligadas a llevar a cabo las tres acciones siguientes.
En primer lugar, deben integrar el riesgo en la información que publican, y, en el caso del clima, de acuerdo con las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras relacionadas con el Clima (TCFD, por sus siglas en inglés). Evaluar de forma coherente los riesgos en las inversiones y la estrategia de las empresas garantizará que las futuras decisiones de inversión mitiguen el cambio climático, eviten los activos varados y prevengan riesgos futuros. Comprender los riesgos y gestionarlos es la mejor forma de construir empresas y economías más resilientes.
En segundo lugar, deben desarrollar enfoques basados en la ciencia para orientar la estrategia empresarial.
Las empresas deberían fijarse objetivos basados en la ciencia, coherentes con limitar el aumento de la temperatura media mundial a 1,5 °C y alcanzar las emisiones netas cero a más tardar en 2050. Comprender la ciencia e integrarla en la toma de decisiones es la mejor forma de protegerse frente a futuras crisis y de garantizar que las empresas se reconstruyan de manera preparada para el futuro y que beneficie a las personas y al planeta.
En tercer lugar, deben invertir en soluciones bajas en carbono que generen nuevos empleos. Las empresas deberían dar prioridad a las inversiones en tecnologías, productos y servicios que creen más empleos y reduzcan las emisiones. Algunos ejemplos incluyen las inversiones en la rehabilitación de edificios, en energías renovables y en lograr la producción en masa y las economías de escala en tecnologías que puedan descarbonizar las industrias pesadas.
Empresas y gobiernos pueden y deben trabajar juntos en este momento sumamente desafiante para sentar las bases de una reconstrucción mejor. Las políticas gubernamentales concretas que envíen una señal clara a las empresas nos ayudarán a recuperarnos de esta devastadora crisis de una manera que ofrezca un futuro saludable para todos, mediante una mayor resiliencia y una vía clara hacia un futuro con cero emisiones de carbono.

