Vivimos en un mundo sucio. Adondequiera que vamos, estamos rodeados de microbios. Bacterias, hongos y virus viven en nuestros teléfonos, los asientos de los autobuses, los pomos de las puertas y los bancos de los parques. Nos transmitimos estos diminutos organismos cuando nos damos la mano o compartimos asiento en un avión.
Ahora, los investigadores están descubriendo que también compartimos microbios a través del dinero. Desde los frascos para propinas y las máquinas expendedoras hasta el parquímetro, cada billete, al pasar de una persona a otra, recoge una muestra del entorno del que procede y transmite esos rastros a la siguiente persona y al siguiente lugar al que llega.
La lista de cosas que se encuentran en nuestros billetes incluye ADN de nuestras mascotas, rastros de drogas, y bacterias y virus que causan enfermedades.
Los hallazgos demuestran cómo el dinero puede registrar en silencio las actividades humanas y dejar atrás las llamadas «huellas moleculares».
¿Qué hay en un billete de dólar?
En abril, un nuevo estudio identificó más de cien cepas distintas de bacterias en billetes de dólar que circulaban por la ciudad de Nueva York. Entre los microbios más comunes encontrados en nuestros billetes estaban Propionibacterium acnes, una bacteria que se sabe que causa acné, y Streptococcus oralis, una bacteria común que se encuentra en la boca.
El equipo de investigación, dirigido por la bióloga Jane Carlton, de la Universidad de Nueva York, también descubrió rastros de ADN de animales domésticos y de bacterias específicas asociadas únicamente con ciertos alimentos.
Un estudio similar recuperó rastros de ADN de los teclados de cajeros automáticos, que reflejaban los alimentos que comían las personas en distintos barrios. Los habitantes del centro de Harlem comían más pollo doméstico que los de Flushing y Chinatown, quienes consumían más especies de peces óseos y moluscos. Los alimentos que comía la gente pasaban de los dedos a las pantallas táctiles, donde los científicos podían recuperar rastros de sus comidas más recientes.
No dejamos solo restos de comida. Se pueden encontrar rastros de cocaína en casi el 80 % de los billetes de dólar. En los billetes también se pueden encontrar otras drogas, como morfina, heroína, metanfetamina y anfetamina, aunque con menos frecuencia que la cocaína.
Identificar los alimentos que comen las personas o las drogas que consumen a partir de sus interacciones con el dinero quizá no parezca muy útil, pero los científicos también usan este tipo de datos para comprender los patrones de las enfermedades. La mayoría de los microbios que identificaron los investigadores de Nueva York no causan enfermedades. Sin embargo, otros estudios han sugerido que las cepas de bacterias o virus que causan enfermedades podrían transmitirse a través de nuestra moneda.
Se ha demostrado que las bacterias que causan enfermedades transmitidas por alimentos —entre ellas, Salmonella y una cepa patógena de E. coli— pueden sobrevivir en monedas de uno, cinco y diez centavos y ocultarse en cajeros automáticos. Otras bacterias, como la resistente a la meticilina Staphylococcus aureus (SARM), que causa infecciones cutáneas, se encuentran en billetes de Estados Unidos y Canadá, pero se desconoce hasta qué punto podrían propagar infecciones.
Por mucho que intentemos evitar la exposición a los gérmenes, estos viajan con nosotros y sobre nosotros. Aunque los microbios que causan enfermedades puedan sobrevivir en lugares como los cajeros automáticos, la buena noticia es que la mayoría de las exposiciones no nos enferman.
Blanqueo de dinero
La transmisión de enfermedades vinculada al dinero es poco frecuente, y no se ha originado ningún brote importante de enfermedad en nuestros cajeros automáticos. Aunque no parece habitual que las enfermedades se transmitan a través del dinero, hay maneras de hacer que nuestro dinero esté más limpio.
Los investigadores trabajan en formas de limpiar el dinero entre transacciones. Someter los billetes antiguos a una máquina que los expone al dióxido de carbono a una temperatura y presión determinadas puede eliminar los aceites y la suciedad que dejan los dedos, mientras que el calor mata los microbios que, de otro modo, permanecerían en ellos.
El dinero de Estados Unidos todavía se fabrica con una mezcla de algodón y lino, que, según se ha demostrado, favorece más el crecimiento bacteriano que los polímeros plásticos. Varios países están pasando del dinero hecho con fibras naturales al plástico, que quizá sea menos propicio para las bacterias. Canadá utiliza dinero de plástico desde 2013, y el Reino Unido pasó a emitir billetes de base plástica el año pasado.
Aunque nuestro dinero no sea directamente responsable de propagar enfermedades, podemos usar el recorrido de los billetes de dólar para rastrear cómo propagamos enfermedades de otras maneras. El sitio web WheresGeorge.com, creado en 1998, permite a los usuarios rastrear billetes de dólar anotando sus números de serie. En los casi 20 años transcurridos desde la creación del sitio, WheresGeorge ha seguido la ubicación geográfica de billetes por un valor total superior a mil millones de dólares.
Ahora, físicos del Instituto Max Planck y de la Universidad de California en Santa Bárbara están usando datos del sitio WheresGeorge para rastrear epidemias. La información de WheresGeorge sobre los desplazamientos de las personas y sus tasas de contacto también se utilizó para predecir la propagación de la gripe porcina de 2009.
Aunque no sabemos hasta qué punto el dinero contribuye a propagar enfermedades, probablemente lo mejor sea seguir el consejo de mamá al manejar efectivo: lávate las manos y no te lo metas en la boca.

