¿Cuánto cuesta tu salud?

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  • El costo se ha convertido en la mayor barrera para que las personas cuiden su salud tan bien como desearían, según Edelman.

  • Las empresas dentro y fuera del sector sanitario deben actuar para evitar que empeoren la desconfianza y la desigualdad en materia de salud, afirma el Barómetro de Confianza de Edelman.

  • Añade que hay oportunidades para que las empresas alteren el sistema y propicien un cambio significativo a nivel institucional e interpersonal.

Lanzado en enero, el Barómetro de Confianza de Edelman 2023 ofreció una visión contundente del contexto mundial actual, en el que las fuerzas económicas, sociales y geopolíticas están ahondando la ansiedad, la desconfianza y la polarización en todo el mundo. En un año que debía devolvernos a una nueva «normalidad», hemos vivido, en cambio, una crisis tras otra: la guerra prolongada en Ucrania, la intensificación de las amenazas climáticas, el aumento de la inseguridad alimentaria mundial y una inflación desenfrenada, entre otras. Es en este tenso contexto en el que gran parte de la población mundial se encuentra actualmente inmersa en una aguda crisis del costo de la vida.

No sorprende que el panorama macroeconómico esté afectando profundamente a la realidad sanitaria a nivel mundial. Realizado en 13 mercados el mes pasado, nuestro Informe especial del Barómetro de Confianza de Edelman: Confianza y salud concluye que la presión económica es una amenaza creciente para la capacidad de las personas de cuidarse. En todo el mundo, el costo se ha convertido en la mayor barrera para que las personas cuiden mejor su salud, y la desigualdad de ingresos genera resultados sanitarios muy divergentes. Nuestros principales hallazgos son los siguientes:

  • La desigualdad de ingresos está agravando la crisis sanitaria. Observamos diferencias de dos dígitos entre los porcentajes de personas con ingresos altos y bajos que afirman gozar de buena salud y, como era de esperar, en su confianza en que la mayoría de las instituciones «harán lo correcto» en lo que respecta a la atención de su salud. Para la mayoría de los encuestados, el desempeño del gobierno, las empresas, las ONG y los medios de comunicación en lo que respecta a garantizar que estén lo más sanos posible no alcanza una calificación de «buen desempeño»; la única institución que obtiene una valoración positiva es «mi empleador».

  • Cada vez es más difícil cuidar la propia salud. El 52 % de las personas declara una brecha significativa entre lo bien que cuidan su salud y lo bien que les gustaría hacerlo, lo que supone un aumento de 14 puntos porcentuales desde marzo pasado. Y aunque la cifra global es menor en Estados Unidos (45 %), Canadá (48 %) y Europa (46 % en el Reino Unido, Francia y Alemania), en todos estos países se registraron aumentos de dos dígitos interanuales; las cifras más llamativas proceden de Asia desarrollada (Corea del Sur, con un 66 %, +23 puntos; Japón, con un 60 %, +16 puntos).

  • El costo es lo que más pesa. Las presiones inflacionistas mundiales están afectando gravemente a la capacidad de las personas para alcanzar sus objetivos de salud, ya que el costo supera a la información como la mayor barrera para mejorar la salud en todos los niveles de ingresos. Las personas señalaron la inflación como el principal problema que afecta negativamente a su salud (en lo físico, lo mental, lo social y la habitabilidad de la comunidad) en 9 de los 13 países.

Es fundamental que las empresas, tanto del sector sanitario como de otros sectores, actúen con rapidez y convicción para frenar la creciente ola de desigualdad y desconfianza. Existen oportunidades significativas para impulsar el cambio en un momento en que las personas aspiran fundamentalmente a una buena salud y piensan en ella en términos más audaces y amplios que nunca. Según estos nuevos datos, la salud es mucho más que lo físico: dos tercios de los encuestados tienen en cuenta su salud física, mental y social, así como la habitabilidad de la comunidad, al evaluar lo que significa estar sano. (En cambio, solo el 1 % de los encuestados define estar sano como algo puramente físico). Quizá lo más llamativo sea que, de las cuatro dimensiones de la salud, el mayor número de encuestados (91 %) incluye la salud mental en su definición de estar sano. Esta visión amplia abre múltiples oportunidades para conectar, especialmente con los jóvenes, que cada vez esperan un enfoque interseccional por parte de las empresas e instituciones de su entorno.

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Algunos de nuestros hallazgos sobre confianza e información también ofrecen posibles vías a seguir. Por un lado, las personas confían cada vez más en quienes tienen más cerca para proporcionar información sanitaria precisa, ya sean los profesionales que prestan la atención («mi médico», enfermeras y farmacéuticos) o amigos y familiares. Paralelamente, la confianza pública en la cobertura sanitaria de los medios ha disminuido 7 puntos desde 2019; y, aún más preocupante, el 44 % de las personas de entre 18 y 34 años cree que la persona media que ha investigado por su cuenta es «tan informada y entendida en la mayoría de los asuntos de salud» como un médico. Pero otra perspectiva sobre este dato es que la gente está deseosa de tomar las riendas de su propia salud: se siente capacitada para informarse y tiene motivación para buscar información fiable y decidir qué hacer con ella. Los profesionales sanitarios, en particular, deben buscar nuevas formas de aprovechar esta dispersión de la autoridad y conectar con las personas a lo largo de su recorrido.

Perspectivas económicas y sanitarias mundiales: las economías sanas dependen de la salud de la población. ¿Cómo logramos ambas cosas? - Inglés
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Con este fin, alentamos a las principales partes interesadas a trabajar para mejorar la confianza en la salud, de la siguiente manera:

  • Profesionales sanitarios deben buscar formas de establecer conexiones reales y ofrecer una atención más personalizada a gran escala. Aunque el 62 % de las personas aún confía en las empresas sanitarias en general, también desean ser vistas, escuchadas y tratadas como individuos por quienes se encargan de cuidar su salud. Nuestro estudio concluye que las buenas relaciones de trabajo con los proveedores de atención primaria, así como la confianza general en el ecosistema sanitario, son factores clave que determinan la probabilidad de que las personas realicen cambios positivos en su salud.

  • Empresas ajenas al sector salud deben optimizar su papel en el recorrido de salud de los consumidores, especialmente en el caso de la Generación Z. La mayoría de los jóvenes espera que empresas de sectores muy diversos, ya sean tecnológicos, de servicios financieros, de moda o de comercio minorista, desempeñen un papel significativo en el cuidado de su salud. Por otro lado, casi dos tercios de las personas a nivel mundial tienen en cuenta el impacto general de una marca en la salud al tomar decisiones de compra, incluido el efecto que sus productos y prácticas empresariales tienen en su propia salud, en la de sus empleados y en la de las comunidades en las que opera la marca.

  • Expertos en salud deben buscar formas de dar voz a los pacientes e interactuar con las personas como socios verdaderos e iguales siempre que sea posible. La mayoría de los encuestados a nivel mundial nos indicó que, cuando los expertos en salud quieren impulsar un cambio de comportamiento, es muy importante que les «incluyan en la ciencia» (60 %), les «muestren cómo encaja en su vida» (62 %) y les «den voz» (67 %). En lo que respecta a la experiencia científica, las nuevas formas de divulgación son clave.

  • Empleadores deben proporcionar información sanitaria fiable, trabajar para mitigar el agotamiento, lograr que sus directores ejecutivos destaquen la importancia de la salud mental y ser solidarios y flexibles, según los empleados de todo el mundo. Los empleados creen de forma abrumadora que sus empleadores están obligados a crear políticas para prevenir el exceso de trabajo y el agotamiento (83 %), que el 64 % de la población general a nivel mundial considera perjudicial para su salud y que es el principal problema que afecta a la salud entre los encuestados en China. Asimismo, los directores ejecutivos deben dar ejemplo con un comportamiento saludable, como respetar los límites entre trabajo y vida personal.

El ecosistema sanitario mundial se encuentra en un momento decisivo, con fuerzas macroeconómicas de gran alcance que impulsan un cambio sistémico sin precedentes en todo el mundo. La desigualdad, la desconfianza y la polarización han confluido y provocado un colapso generalizado de la esperanza de las personas en el futuro, y es urgente una intervención rápida para empezar a reconstruir la confianza en las instituciones que les han fallado. Nuestra investigación sugiere que existen numerosas oportunidades para aprovechar la disrupción y los cambios de comportamiento en todo el sistema con el fin de impulsar un cambio significativo, tanto a nivel institucional como interpersonal. Las empresas deberían desempeñar un papel de liderazgo en estos esfuerzos, invirtiendo en el bienestar de sus empleados, haciendo de la salud un elemento central de la toma de decisiones estratégicas, explorando formas de aprovechar la creciente confianza de las personas en quienes tienen más cerca y abordando las desigualdades sociales, en colaboración con otras instituciones.

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