Este año se cumple el centenario de la epidemia más mortífera de la historia: el brote de gripe española de 1918, que mató a alrededor de 50 millones de personas.
Más recientemente, varios brotes con nombres igualmente conocidos han acaparado los titulares: SARS, gripe porcina, MERS, ébola, zika, fiebre amarilla, fiebre de Lassa, cólera, infecciones resistentes a los medicamentos... la lista podría continuar. De hecho, cada mes la Organización Mundial de la Salud recibe 5.000 señales de alerta temprana de enfermedades de todo el mundo; alrededor de 300 requieren una investigación adicional y 30 justifican estudios de campo más exhaustivos para investigar su potencial de provocar epidemias.
El número y el tipo de brotes de enfermedades infecciosas han aumentado significativamente en los últimos 30 años. Y a medida que crecen el comercio y los viajes mundiales, también se propaga internacionalmente la enfermedad, al igual que el impacto económico de los brotes. Según las estimaciones del Banco Mundial, el costo mundial anual de las pandemias de gravedad moderada a grave es de aproximadamente 570.000 millones de dólares, o el 0,7 % de los ingresos mundiales.

Se estima que el brote de SARS de 2003 causó daños por más de 50.000 millones de dólares a la economía mundial, tras infectar a unas 8.000 personas y causar menos de 800 muertes. De igual manera, el brote de MERS en Corea del Sur en 2015, que puso en cuarentena a más de 16.000 personas y causó 38 muertes, provocó cambios sustanciales en el comportamiento de los consumidores. La reducción del 41 % en el número de visitas turísticas al país, junto con la gente que evitaba restaurantes, teatros y centros comerciales, hizo que finalmente el Banco de Corea redujera su tasa de interés de referencia a un mínimo histórico.
Estas experiencias ponen de relieve una de las tendencias más notables de las enfermedades infecciosas en la actualidad. Es cierto que, aunque aumenta el número de brotes, los avances médicos y de salud pública nos han permitido contener mejor sus efectos en la morbilidad y la mortalidad. Sin embargo, al mismo tiempo, parece estar aumentando nuestra vulnerabilidad colectiva a los impactos sociales y económicos de las crisis de enfermedades infecciosas.
De este modo, los efectos en el comportamiento pueden ser tan perturbadores como la propia enfermedad. Este fenómeno se reconoce en el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), que compromete jurídicamente a 196 países de todo el mundo a prevenir y responder a los riesgos agudos para la salud pública. Este acuerdo da prioridad tanto a minimizar los riesgos para la salud pública como a evitar interferencias innecesarias en el tráfico y el comercio internacionales.
La propagación de enfermedades infecciosas se considera uno de los principales riesgos económicos mundiales. Los análisis sugieren que el costo anual previsto de la gripe pandémica es comparable al del cambio climático. Cabe destacar que la mayoría de las pérdidas económicas no suelen deberse directamente a la enfermedad, sino a reacciones relativamente previsibles de los consumidores, escasez de mano de obra y fallos en cascada en los sectores económico y financiero.
La cooperación público-privada también es esencial para una preparación eficaz ante las epidemias, de varias maneras. Aunque esto es más evidente en el sector de la salud —en las áreas de prestación de atención sanitaria y desarrollo de contramedidas médicas—, los brotes anteriores muestran contribuciones importantes en las áreas de la cadena de suministro y la logística, la comunicación de riesgos, los viajes y la movilidad, y el intercambio de datos. Por consiguiente, los esfuerzos para prepararse y responder a los brotes también deberían procurar una integración fiable y operativa de la cooperación público-privada esencial.
Un análisis de las respuestas anteriores a los brotes señaló cinco principios clave para integrar la cooperación público-privada con el fin de mitigar las perturbaciones sociales, económicas y empresariales asociadas a los brotes de enfermedades infecciosas:
1. Preparación: Abordar los desafíos conocidos y establecer mecanismos de colaboración antes de que estalle una crisis para facilitar una respuesta rápida y bien coordinada. Actualmente, el Foro Económico Mundial se ha unido a sus socios, a través del Acelerador de Preparación ante Epidemias, para apoyar los esfuerzos destinados a fortalecer las cadenas de suministro para pandemias; mejorar la toma de decisiones sobre riesgos, avisos de viaje y medidas fronterizas; garantizar que los datos del sector privado se compartan de forma sencilla, estén disponibles y se utilicen estratégicamente para responder a los brotes; y aprovechar las redes del sector privado para ampliar y reforzar las comunicaciones públicas de emergencia.
2. Valor: Para asegurar un valor a largo plazo, son necesarias colaboraciones en los puntos de encuentro entre los objetivos empresariales del sector privado y las necesidades del sector público. Por ejemplo, el Instituto de Salud Global de Harvard y el Foro Económico Mundial unieron fuerzas para desarrollar una herramienta pionera, la Herramienta de preparación ante brotes y análisis empresarial (ORBIT), que permite a los líderes empresariales comprender mejor los costos previstos asociados a los brotes de enfermedades infecciosas y propone vías de cooperación público-privada para mitigar esos costos y reforzar la seguridad sanitaria en un sentido más amplio.
3. Confianza: Crear relaciones basadas en la confianza antes de una emergencia para facilitar mejores formas de trabajar durante un brote. La Red de la cadena de suministro para pandemias —la primera de su tipo— conecta a diversas organizaciones que participan en operaciones de cadenas de suministro de emergencia para garantizar la entrega oportuna de suministros sanitarios esenciales a quienes más los necesitan.
4. Agilidad: Mantener flexibles y transparentes los procesos y las estructuras organizativas para actuar con rapidez en una emergencia. Por ejemplo, tras un ejercicio de simulación de pandemia de alto nivel, líderes de los sectores de la salud, los viajes y el turismo se han unido para crear una plataforma de comunicación y herramientas relacionadas con el fin de compartir información, facilitar consultas con expertos, fortalecer la cooperación público-privada y mejorar la toma de decisiones en caso de brote.
5. Innovación: Fomentar el desarrollo continuo de ideas y soluciones innovadoras para mejorar la preparación, la respuesta y los esfuerzos de recuperación ante emergencias. CEPI, la Coalición para la Preparación ante Epidemias y la Innovación, es un mecanismo de este tipo que —con el apoyo del Foro Económico Mundial, la Fundación Gates, Wellcome Trust y el Gobierno noruego, así como inversiones de inversores soberanos e instituciones filantrópicas— ha reunido a los sectores público y privado para desarrollar vacunas con el fin de evitar que las enfermedades infecciosas mortales se conviertan en emergencias sanitarias mundiales.
Mientras la comunidad internacional trabaja con una intensidad sin precedentes para desarrollar capacidades clave que refuercen la seguridad sanitaria mundial,establecer e integrar una cooperación público-privada fiable para facilitar la preparación es un ámbito vital de progreso y oportunidad.

