Cómo un plan de 3 puntos podría ayudar a reconstruir las empresas a largo plazo

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  • Las microempresas y las pequeñas y medianas empresas se vieron muy afectadas por la COVID-19.

  • La recuperación requerirá un esfuerzo de varios frentes que abarque las necesidades inmediatas y a largo plazo.

La magnitud del brote de COVID-19 revela que no estamos preparados para pandemias a gran escala. La crisis ya ha hecho añicos los mercados de capitales y las perspectivas de crecimiento económico para 2020 son sombrías. La COVID-19 perturbó las cadenas de suministro mundiales y generó condiciones comerciales desfavorables.

El impacto en las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (MIPYME) ya ha sido dramático. El 61 % de las pequeñas empresas estadounidenses encuestadas este mayo por McKinsey dijeron que probablemente se declararían en quiebra este año. Alrededor de un tercio de las MIPYME encuestadas en India afirmaron que están cerrando sus puertas definitivamente. Mientras tanto, en China, investigadores de la Universidad de Tsinghua descubrieron que las MIPYME que siguen operando allí han registrado caídas de ingresos cercanas al 70 % con respecto a los datos del año pasado.

Para recuperarnos, debemos estructurar la ayuda de modo que permita poner en marcha una nueva economía, centrada en desarrollar capacidades en materia de sostenibilidad y tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, así como flexibilidad y atención a las necesidades a largo plazo.

El papel de las pequeñas y medianas empresas

Las MIPYME representan más del 90 % de la actividad económica y más del 50 % de los empleos en todo el mundo, y además contribuyen con más del 40 % del PIB de los países en desarrollo. En algunos países, las MIPYME tienen aún más importancia. Por ejemplo, en los países musulmanes hay 53,2 MIPYME por cada 1.000 personas, el doble de la tasa mundial.

El Gran Confinamiento ha provocado la paralización total o parcial de las actividades de muchas empresas en todo el mundo. Pese a la contracción de la actividad económica, estas empresas siguen obligadas a pagar salarios, alquileres, impuestos y otros gastos. Muchas ya han respondido a estas presiones despidiendo trabajadores. Estas medidas podrían conducir a una grave crisis social; los economistas advierten que podrían perderse 195 millones de empleos en todo el mundo; una cifra que podría incluso aumentar si persiste la pandemia.

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Un plan de tres partes

En respuesta a estos desafíos, el Banco Islámico de Desarrollo (IsDB) elaboró un paquete integral e integrado de medidas por un valor de hasta 2.300 millones de dólares estadounidenses. Este paquete, denominado «Las 3 R», por Responder, Restaurar y Reactivar, también es un llamamiento a la acción conjunta para apoyar a nuestros países miembros, sea cual sea la etapa de su recuperación en la que se encuentren, y ayudarles a lograr economías resilientes, sostenibles e inclusivas. Estos factores podrían servir de hoja de ruta para quienes buscan orientarse en la economía actual y a más largo plazo.

  • Responder:
    Dar prioridad a las necesidades urgentes e inmediatas es esencial ante una crisis como la provocada por la COVID-19. Si los sistemas sanitarios de los países se ven desbordados, el aumento de las restricciones a los viajes y la movilidad afectará negativamente, y de manera desproporcionada, a las MIPYME.

    En Oriente Medio, nuestra línea de respuesta ya ha reforzado los sistemas sanitarios al ayudar a adquirir con urgencia suministros médicos y no médicos para la prevención y el control de infecciones, incluidos equipos de protección personal (EPP) para los trabajadores sanitarios, así como equipos médicos, como kits de pruebas, reactivos de laboratorio, desinfectantes, cámaras térmicas y vehículos necesarios para mejorar la capacidad de las regiones destinatarias para responder a la COVID-19. También ha colaborado con la Iniciativa Mundial del G20 para ampliar la capacidad de preparación ante pandemias, que da prioridad a la creación de sistemas sanitarios resilientes y al apoyo a investigaciones basadas en las necesidades y en pruebas, y que respetan los principios de asequibilidad, equidad y accesibilidad.

  • Restaurar:
    Las MIPYME ya han sufrido enormes pérdidas financieras, por lo que es crucial garantizar que puedan seguir comerciando y mantener sus actividades. Además, debemos asegurarnos de que las empresas no sucumban a las duras fuerzas del mercado y, como consecuencia, perjudiquen a otras empresas situadas en niveles superiores o inferiores de sus cadenas de suministro.

    En los últimos 3 meses, el IsDB ha proporcionado financiación al comercio y a las MIPYME para mantener la actividad en cadenas de valor estratégicas fundamentales. Estos esfuerzos ayudan a mantener las empresas en funcionamiento y garantizan la continuidad de los suministros necesarios para los sectores de la salud y la alimentación, así como de otros productos básicos esenciales.

  • Reactivar:
    La pandemia ha brindado la oportunidad de sustituir los sistemas antiguos por algo nuevo y mejor mediante la innovación. Las economías frágiles que han quedado expuestas pueden reconstruirse sobre principios más sostenibles. Podemos invertir de forma proactiva en crear y fortalecer instituciones que prevengan las crisis.

    Podemos coordinar las respuestas científicas y tecnológicas, así como las actividades de investigación y desarrollo, orientándolas al bien público. Eso significa utilizar financiación para poner en marcha una nueva economía y aprovechar la ciencia y la tecnología para evitar que las cadenas de valor mundiales se vean interrumpidas durante pandemias como estas, manteniendo al mismo tiempo una huella ambiental nula. Podemos forjar alianzas entre los sectores público, privado y filantrópico, y la ciudadanía, para garantizar que tanto las personas como las economías se beneficien.

    En cuanto a los esfuerzos del IsDB, una inversión específica de 10.000 millones de dólares estadounidenses tiene como objetivo movilizar inversiones por valor de 1 billón de dólares estadounidenses para catalizar la inversión privada y apoyar tanto la recuperación económica como el gasto anticíclico.

Dar forma a la nueva normalidad
Programas como el «Paquete de las 3 R» ofrecen la oportunidad de crear y remodelar mercados, en lugar de seguir limitando el papel del gobierno y de la comunidad internacional a reaccionar ante las fallas del mercado.

Este enfoque garantiza que la economía pueda seguir avanzando. El objetivo es proporcionar parte de la liquidez necesaria, con modalidades preferenciales para los países miembros a través de sus sectores financieros. El apoyo debe diseñarse de manera que salve empleos directos e indirectos, dinamice la actividad económica y ayude a recuperar el ritmo de crecimiento para superar la crisis actual y sus posibles consecuencias futuras.

Sin duda, la colaboración es clave. La labor de nuestros socios es fundamental para alcanzar cualquier éxito. Estamos ejecutando el «Paquete de las 3 R» mediante una plataforma unificada por país, de conformidad con los principios del G20, que garantizará la coherencia a largo plazo y la coordinación entre las principales partes interesadas.

La tormenta de la COVID-19 pasará, pero las decisiones que tomemos hoy cambiarán nuestras vidas durante las próximas décadas. No desaprovechemos esta oportunidad de reflexionar y hacer las cosas de otra manera en materia de desarrollo.

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