Sudáfrica lleva 20 años haciendo frente a una crisis del VIH.
Alrededor de 7,7 millones de personas en Sudáfrica viven con la enfermedad.
Muchos de los principales investigadores del VIH del país están reasignando sus conocimientos para combatir el coronavirus.
Además, Sudáfrica está reutilizando sus laboratorios existentes, que investigaban el VIH, para investigar la COVID-19 y ayudar a contener el nuevo coronavirus.
Sudáfrica lleva las últimas dos décadas luchando contra sus mortíferas epidemias de VIH y tuberculosis, y muchos de sus investigadores del VIH están poniendo ahora sus conocimientos al servicio de la lucha contra la pandemia de COVID-19.
La comunidad científica se ha «movilizado» para investigar el nuevo coronavirus y la enfermedad que causa, afirma Jinal Bhiman, científico médico principal del Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles.
El país —que tiene más de 1.300 casos confirmados y registró sus primeras muertes por COVID-19 durante la última semana— está bajo confinamiento físico. El Gobierno se apresura a contener el virus SARS-CoV-2, que puede causar la enfermedad COVID-19.
«Hay muchas similitudes entre los dos virus, por lo que quienes llevan los últimos 15 años trabajando en el VIH pueden intervenir».
Aunque es uno de los países más desarrollados del África subsahariana, Sudáfrica tiene el mayor número de infecciones por VIH del mundo, con alrededor de 7,7 millones de personas que viven con la enfermedad. En respuesta a esta devastadora epidemia de VIH, Sudáfrica cuenta con una de las bases de investigación sobre el VIH más prolíficas del mundo. Después de Estados Unidos y el Reino Unido, los investigadores del país publican el mayor número de artículos académicos que describen y ayudan a comprender el VIH. «Hay muchas similitudes [entre los dos virus], por lo que muchas de las personas que llevan los últimos 15 años trabajando en el VIH pueden intervenir y estudiar el SARS-CoV-2», afirma Penny Moore, titular de una cátedra de investigación sobre la dinámica entre virus y huésped en la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. «Llevamos años comprendiendo el virus y secuenciando las cepas locales en el caso del VIH».
El Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles (NICD), que ha estado asesorando al Gobierno y encabezando su respuesta de pruebas y vigilancia frente a la COVID-19, ya ha secuenciado el genoma completo del SARS-CoV-2 en un caso local.
«Este genoma, obtenido de una persona que había regresado recientemente de Italia, se agrupa con otras cepas europeas», afirma Bhiman. «Sin embargo, un análisis de más de 2.000 secuencias recogidas de todo el mundo muestra que son muy similares, lo que indica que este virus no está evolucionando de manera significativa pese a su rápida propagación».
Sin embargo, si el virus muta en la población local, las pruebas deberán dirigirse a esas cepas específicas.
«Las pruebas y los ensayos deben estar diseñados para la [versión del] virus sudafricana, así que tenemos que saber en qué se diferencia de la europea y cómo», afirma Moore.
Además, gracias al VIH, la comunidad científica de Sudáfrica tiene una amplia experiencia en el seguimiento y el estudio de los virus.
Glenda Gray, directora del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica y experta en VIH, considera que la capacidad de investigación existente en el país es fundamental para definir su respuesta a la epidemia de COVID-19. «Hay muchísimas cosas que desconocemos sobre la historia natural de la COVID-19 en África», afirma, desde cómo se propaga por los municipios densamente poblados del país hasta si algunos grupos de población son más susceptibles.
Aquí es donde los conocimientos de la comunidad dedicada al VIH en inmunología, seguimiento de la propagación de enfermedades y ensayos clínicos pueden ponerse al servicio de la lucha contra la COVID-19.
El laboratorio de Moore se especializa en la respuesta inmunitaria de las personas al VIH. «Con las mismas tecnologías, [podemos observar] qué ocurre con el SARS-CoV-2 y qué se considera una buena respuesta inmunitaria en las personas [cuyos sistemas inmunitarios] están eliminando el virus», afirma. «Estamos reconvirtiendo recursos que llevan 15 años en funcionamiento».
Aunque no espera que la respuesta inmunitaria de una persona sudafricana, por ejemplo, sea distinta de la de una italiana, «desde el punto de vista clínico, probablemente sí lo sea [porque nuestra población tiene] mucho VIH y tuberculosis».Alrededor del 60 % de la población con VIH del país también tiene tuberculosis, una infección bacteriana que afecta principalmente a los pulmones.
Mientras tanto, amplios sectores del aparato de enfermedades infecciosas del país —desde investigadores hasta funcionarios de salud pública— se han volcado en rastrear la propagación del virus y hacer pruebas a quienes se sospecha que están infectados.
Sudáfrica ha hecho pruebas del virus a más de 44.000 personas, pero a funcionarios y expertos les preocupa la disponibilidad de pruebas. «La vigilancia en tiempo real es esencial para la respuesta y [en Sudáfrica] se ve limitada por la falta de pruebas disponibles», afirma Gray.
Este es uno de los principales objetivos de los investigadores locales: intentar desarrollar pruebas que puedan fabricarse en el país. «En Sudáfrica se ha impulsado esa iniciativa para el VIH», afirma Moore, «y existe el propósito de acelerarla para intentar obtener [del coronavirus] anticuerpos».
Sin embargo, una de las principales contribuciones de Sudáfrica a la investigación sobre el VIH ha sido servir de sede para ensayos clínicos, aunque a menudo se financian desde el extranjero. De hecho, el país ya se está preparando para un ensayo de tratamiento contra la COVID-19 que marcará un hito.
«Sudáfrica está bien preparada para llevar a cabo ensayos de vacunas», afirma Gray, investigadora principal de la Red Internacional de Ensayos de Vacunas contra el VIH. «Contamos con la capacidad necesaria: 34 centros que han realizado ensayos de vacunas contra el VIH de fase uno a fase tres. Estos centros cuentan con personal, farmacias e infraestructura que permitirían responder de verdad a la evaluación de vacunas».


