Cómo un simple balón de fútbol puede ayudar a enseñar a los niños sobre el VIH

Kids play football inside the camp for refugees and migrants in the Belgrade suburb of Krnjaca, Serbia, January 16, 2018. Picture taken January 16, 2018 REUTERS/Djordje Kojadinovic
Football is the most popular sport in the world and has impact far beyond the field.Image: REUTERS/Djordje Kojadinovic
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Lejos del bullicio del Mundial de Rusia, innovadores recurren al atractivo universal del fútbol para crear empresas que contribuyen al bien común.

Ya sea para salvar vidas en África, ayudar a los británicos desempleados a encontrar trabajo o impulsar la igualdad de las mujeres en Asia, estas empresas son tan diversas como los aficionados al deporte rey.

«El fútbol es el deporte más popular del mundo, así que tiene la ventaja de poder llegar a más personas», afirmó Adam Bull, director ejecutivo de Vi-Ability.

Esta empresa social radicada en Gales coloca a jóvenes que no trabajan ni estudian ni reciben formación en clubes deportivos durante ocho semanas para que aprendan competencias empresariales, antes de ayudarles a encontrar empleo o seguir formándose.

«Para muchas personas, volcarse en el deporte es una forma de evasión. Se puede aprovechar eso para atraerlas a una causa social. Sirve para involucrar e inspirar a grupos de personas a los que no se llega por las vías tradicionales», afirmó Bull.

Desde su creación en 2009, Vi-Ability ha ayudado a más de 2.000 personas a encontrar empleo o acceder a estudios superiores, y obtiene ingresos prestando estos servicios a las autoridades locales.

El fútbol mueve miles de millones: Rusia pagó 11.000 millones de dólares por acoger el Mundial. Por eso, aprovechar siquiera una pequeña parte del valor mundial de esta industria podría cambiar vidas.

Image: Fundación Thomson Reuters

Vivos y dando patadas

En Londres, una pequeña tienda vende balones que cuestan alrededor de una quinta parte del balón oficial «Telstar» del Mundial y prometen mucho más. Los balones generan empleo para personas con trabajo precario y se utilizan para ayudar a los niños de África a entender cuál es la mejor manera de evitar el VIH.

«El defensa representa el sistema inmunitario, o los glóbulos blancos; el atacante es un virus y trata de marcar un gol, lo que significa infectar el cuerpo. Así usamos el fútbol como herramienta educativa», explicó Ben Sadler, de Alive and Kicking.

Esta empresa social fabrica balones de fútbol en Kenia, Zambia y Ghana, crea empleo para quienes tienen dificultades para encontrar trabajo y destina los beneficios de las ventas a financiar formación sanitaria.

Según los datos más recientes de las Naciones Unidas, el África subsahariana concentró casi tres cuartas partes del millón de muertes relacionadas con el sida registradas en 2016.

Llegar a los jóvenes africanos apasionados por el fútbol con un sencillo mensaje de prevención quizá pueda ayudar, dijo Sadler a la Fundación Thomson Reuters. Desde 2004, la empresa ha formado a más de 1.000 entrenadores para impartir los programas a más de 30.000 niños.

El único fabricante de balones de África también intenta marcar la diferencia de otras maneras. Sus 150 trabajadores fueron seleccionados con ayuda de organizaciones benéficas locales. Las personas sordas, que representan el 40 por ciento del personal en Zambia, nunca habían trabajado; otros empleados procedían de barrios marginales.

«Nos centramos en personas de grupos y entornos vulnerables en el ámbito laboral», afirmó Sadler, director ejecutivo de la empresa.

Los que cambian las reglas del juego

Se puede jugar al fútbol en cualquier superficie y cualquier persona, sea cual sea su género, puede aprender a jugar con facilidad. Los partidos importantes, retransmitidos ampliamente, están al alcance de todo el mundo, y el fútbol callejero se practica en todas partes.

Todo esto garantiza su popularidad y permite aprovechar fácilmente su atractivo masivo.

Tim Jahnigen creó su proyecto One World Play en 2006 porque quería que los niños jugaran, vivieran donde vivieran.

Tras ver imágenes de niños en Darfur jugando con balones improvisados —se pueden adaptar bolsas, cuerdas y basura—, inventó un balón casi indestructible, capaz de soportar el juego brusco de cualquier campo de refugiados o zona de desastre.

La empresa de Jahnigen, radicada en California, afirma que desde 2010 ha vendido o donado más de 2 millones de balones y calcula que hasta 30 personas juegan con cada uno. Jahnigen cree que el fútbol ayuda a la gente a olvidarse de las rutinas cotidianas y afirma que sus balones han llevado el juego a la vida de decenas de millones de personas.

Image: Alive and Kicking

También las mujeres

Street Football World, una empresa social fundada en 2002 con oficinas en cuatro continentes, ha utilizado el fútbol para formar a mujeres en Camboya y conectar a entrenadoras y jugadoras, con el fin de contribuir a corregir el desequilibrio de género del país.

La fundó el estudiante alemán de doctorado Juergen Griesbeck tras el asesinato del jugador colombiano Andrés Escobar, quien había marcado un gol en propia puerta durante el Mundial de 1994.

El British Council, organismo financiado por el Estado que promueve la cultura británica en el extranjero, afirma que tiene todo el sentido crear una empresa social en torno a un juego tan querido en todo el mundo como el fútbol.

«El reto consiste en poder construir un modelo de negocio en torno a una misión social, y lograrlo da lugar a un modelo verdaderamente inspirador», afirmó Tristan Ace, quien dirige la labor de desarrollo del British Council en el ámbito de las empresas sociales.

El Reino Unido es considerado líder mundial en el innovador sector de las empresas sociales, con unas 70.000 empresas que daban empleo a casi 1 millón de personas el año pasado, según la organización de afiliación Social Enterprise UK; en 2007 eran 55.000 empresas.

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