Por qué tu edad biológica es un mejor indicador de salud que tu edad real

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  • Existe una diferencia entre tu edad real y tu «edad biológica».

  • Esta última es una medida de tu capacidad física y funcional, e indica el número de años que has vivido con buena salud.

  • Surge de una compleja combinación de rasgos genéticos y está influida por factores como la composición del microbioma, el entorno, el estilo de vida, el estrés, la dieta y el ejercicio.

  • Encontrar formas de medir y ralentizar el envejecimiento biológico es fundamental no solo para la salud individual, sino también para la salud de la sociedad, según afirma un experto.

¿Alguna vez te despiertas algunos días y piensas: «Cuando era más joven, podía sobrevivir con solo cuatro horas de sueño, pero ahora parece que necesito 10»? ¿O alguna vez has salido del gimnasio y has «sentido» tus rodillas?

Casi todo el mundo experimenta este tipo de signos del envejecimiento. Pero hay algunas personas que parecen desafiar su edad. La difunta jueza del Tribunal Supremo de EE. UU. Ruth Bader Ginsberg permaneció en el cargo hasta su muerte a los 87 años. La jueza de «Great British Bake Off» Mary Berry, que ahora supera los 80 años, sigue inspirando a personas de todo el mundo a hornear y disfrutar de la vida. Y el actor Paul Rudd fue elegido «Sexiest Man Alive» por la revista People en 2021, a los 52 años, mientras seguía aparentando tener unos 30. ¿Entonces la edad es solo un número?

La ciencia detrás del envejecimiento a los 70 años
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Los investigadores han prestado mucha atención a comprender las causas y los factores de riesgo de las enfermedades relacionadas con la edad, como el Alzheimer, la demencia, la osteoporosis y el cáncer. Pero muchos ignoran el principal factor de riesgo de todas estas enfermedades: el propio envejecimiento. Más que cualquier factor de riesgo individual, como fumar o la falta de ejercicio, el número de años que has vivido predice la aparición de la enfermedad. De hecho, el envejecimiento aumenta el riesgo de múltiples enfermedades crónicas hasta mil veces.

Sin embargo, no hay dos personas que envejezcan igual. Aunque la edad es el principal factor de riesgo de varias enfermedades crónicas, es un indicador poco fiable de la rapidez con la que tu cuerpo se deteriorará o de tu susceptibilidad a las enfermedades relacionadas con la edad. Esto se debe a que existe una diferencia entre tu edad cronológica, o el número de años que has vivido, y tu edad biológica, es decir, tu capacidad física y funcional.

Soy científica interesada en redefinir la «edad». En lugar de tomar como referencia la edad cronológica, mi laboratorio se dedica a medir la edad biológica. La edad biológica es una medida más precisa de la esperanza de vida saludable, o años vividos con buena salud, que la edad cronológica, y no se correlaciona directamente con las arrugas ni las canas. Las personas que envejecen rápidamente experimentan un deterioro funcional más acelerado en relación con su edad cronológica.

Mi abuela, que vivió hasta los 83 años, pero estuvo postrada en cama y no podía recordar quién era yo durante los últimos años de su vida, fue una persona que envejeció rápidamente. Mi abuelo, en cambio, también vivió hasta los 83 años, pero era activo, funcional e incluso hacía los deberes conmigo hasta que falleció; fue una persona que envejeció de forma saludable.

Ante el crecimiento de la población envejecida del mundo, creo que encontrar formas de medir la edad biológica y de mantener o retrasar su avance es fundamental no solo para la salud individual, sino también para la salud social, política y económica de nuestra sociedad. Detectar pronto a las personas que envejecen rápidamente ofrece la oportunidad de retrasar, cambiar o incluso revertir la trayectoria del envejecimiento biológico.

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Genética y edad biológica

El envejecimiento biológico es multifacético. Surge de una compleja combinación de rasgos genéticos y está influido por factores como la composición del microbioma, el entorno, el estilo de vida, el estrés, la dieta y el ejercicio.

En un principio se pensaba que la genética no influía en el envejecimiento ni en la longevidad. Sin embargo, a principios de la década de 1990, los investigadores publicaron los primeros estudios que identificaban genes capaces de prolongar la vida útil de un pequeño gusano redondo. Desde entonces, múltiples observaciones respaldan la influencia de la genética en el envejecimiento.

Por ejemplo, los hijos de padres longevos e incluso los de hermanos longevos tienden a vivir más tiempo. Los investigadores también han identificado múltiples genes que influyen en la longevidad y desempeñan un papel en la resiliencia y la protección frente al estrés. Entre ellos se incluyen genes que reparan el ADN, protegen las células de los radicales libres y regulan los niveles de grasa.

Sin embargo, los estudios con gemelos idénticos —que comparten los mismos genes pero no la misma esperanza de vida exacta— dejan claro que los genes no son el único factor que influye en el envejecimiento. De hecho, probablemente los genes explican solo el 20 % al 30 % de la edad biológica. Esto sugiere que otros parámetros pueden influir considerablemente en el envejecimiento biológico.

Efectos ambientales y del estilo de vida

Los investigadores han descubierto que los factores ambientales y del estilo de vida influyen considerablemente en la edad biológica, entre ellos la conexión social, los hábitos de sueño, el consumo de agua, el ejercicio y la dieta.

La conexión social es esencial para el bienestar a lo largo de la vida. Pero las relaciones sociales pueden ser difíciles de mantener con el tiempo debido a la pérdida de familiares y amigos, la depresión, las enfermedades crónicas u otros factores. Varios estudios han descrito una fuerte relación entre el aislamiento social y el aumento del estrés, la morbilidad y la mortalidad.

Los investigadores han descubierto que los factores ambientales y del estilo de vida influyen considerablemente en la edad biológica.Image: Unsplash/Jaddy Liu

Del mismo modo, la dieta y el ejercicio son factores que influyen notablemente en la edad biológica. Las zonas azules, que son regiones del mundo donde la gente vive muchos años, atribuyen su envejecimiento exitoso a la dieta, el ejercicio y la conexión social. Las comidas en su mayoría de origen vegetal y los periodos breves de actividad a lo largo del día son «secretos» bien conocidos de la esperanza de vida saludable y la longevidad. Aunque los estudios más recientes sobre los efectos de intervenciones dietéticas, como el ayuno intermitente y la alimentación con restricción horaria, en la longevidad no se han probado rigurosamente, sí muestran múltiples beneficios para la salud, entre ellos una mejor gestión de la glucosa y la regulación de la insulina

Aunque la genética es difícil de controlar, la dieta y el ejercicio pueden modificarse para retrasar el envejecimiento biológico.

Cómo medir la edad biológica

Actualmente, no existe una prueba eficaz que prediga la trayectoria de salud de una persona con suficiente antelación en la vida como para intervenir y mejorar la calidad de vida con la edad. Los científicos están interesados en identificar una molécula suficientemente sensible y específica para servir como huella única de la edad biológica.

Tener en cuenta la salud y la resiliencia de la persona, en lugar de centrarse únicamente en el estado de la enfermedad, es importante en los debates sobre la edad biológica. La resiliencia es la capacidad de adaptarse y recuperarse tras un problema de salud, y a menudo es un mejor predictor de la salud funcional. Una huella molecular del envejecimiento podría ser una herramienta para identificar a las personas menos resilientes que requieren una vigilancia más intensiva y una intervención temprana para preservar su salud y ayudar a reducir las desigualdades sanitarias por razón de género, raza y origen étnico.

Existen varios marcadores moleculares prometedores que podrían servir como huellas de la edad biológica.

Uno de estos marcadores son los relojes epigenéticos. La epigenética son modificaciones químicas del ADN que controlan la función de los genes. Varios científicos han descubierto que el ADN puede quedar «marcado» por grupos metilo siguiendo un patrón que cambia con la edad y que potencialmente podría actuar como indicador del envejecimiento.

Cabe señalar, sin embargo, que, aunque los relojes epigenéticos han resultado útiles para predecir la edad cronológica, no equivalen a la edad biológica. Además, no está claro cómo funcionan estas marcas epigenéticas ni cómo contribuyen al envejecimiento.

Los marcadores moleculares podrían servir como huellas de la edad biológica.Image: Unsplash/situp_steve

Otro marcador de la edad biológica muy reconocido es la acumulación de células disfuncionales llamadas senescentes o células zombi. Las células se vuelven senescentes cuando sufren múltiples tipos de estrés y se dañan tanto que ya no pueden dividirse, liberando moléculas que provocan inflamación crónica de bajo grado y enfermedades.

Los estudios con animales han demostrado que eliminar estas células puede mejorar la esperanza de vida saludable. Sin embargo, lo que define claramente a las células senescentes en los seres humanos sigue siendo desconocido, lo que dificulta su seguimiento como medida de la edad biológica.

Por último, el organismo libera metabolitos únicos, o huellas químicas, como subproductos del metabolismo normal. Estos metabolitos desempeñan un papel dinámico y directo en la regulación fisiológica y pueden aportar información sobre la salud funcional. Mi laboratorio y otros están determinando la composición exacta de estos compuestos para averiguar cuáles pueden medir mejor la edad biológica. Todavía queda mucho trabajo por hacer, no solo para identificar estos metabolitos, sino también para comprender cómo afectan a la edad biológica.

Desde hace mucho tiempo, las personas buscan la fuente de la juventud. Aún se desconoce si existe tal elixir. Pero la investigación está empezando a demostrar que retrasar la edad biológica puede ser una forma de vivir más sano y plenamente.

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