La tecnología está transformando la atención sanitaria mundial, tanto para los profesionales de la salud como para los pacientes de todo el mundo.
Basta con ver cómo la digitalización de los historiales de los pacientes ha simplificado la vida de los profesionales clínicos, al facilitar como nunca antes el registro de datos de los pacientes en tiempo real, la búsqueda de tendencias y patrones de salud personales y el estudio de sus antecedentes médicos. Esto ha allanado el camino para que médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud ofrezcan diagnósticos más rápidos y precisos y, en última instancia, pasen más tiempo cara a cara con los pacientes.
Para los pacientes, la tecnología ofrece más oportunidades de gestionar su salud según sus propias necesidades: desde aplicaciones para teléfonos inteligentes que envían recordatorios para tomar medicamentos hasta dispositivos ponibles que ayudan a vigilar y prevenir problemas de salud antes de que pongan en peligro la vida.
En el mundo desarrollado, estos servicios digitales y aplicaciones innovadoras se están volviendo habituales. Cerca del 75% de los pacientes del Reino Unido, Alemania y Singapur esperan utilizar servicios digitales en el futuro, según una encuesta de McKinsey sobre salud digital de los pacientes. Los mayores de 50 años los desean tanto como sus homólogos más jóvenes.
En amplias zonas de África, Centroamérica y Asia, muchas personas no tienen acceso a internet, debido principalmente a la falta de infraestructura y al escaso conocimiento de estas posibilidades. Unos 4.300 millones de personas están desconectadas, y 550 millones de ellas viven en solo cinco países: Bangladesh, Etiopía, Nigeria, Pakistán y Tanzania. Esto significa que la infraestructura de TIC y las soluciones de salud electrónica que se dan por sentadas en los países desarrollados suelen faltar en las naciones en desarrollo, donde las comunidades vulnerables y las familias más desfavorecidas son las que más sufren.
Este es un desafío que debemos abordar si queremos ofrecer a todas las personas del mundo la oportunidad de beneficiarse de las inversiones en atención sanitaria digital.
Para llegar a las personas más desfavorecidas y transformar realmente sus circunstancias hace falta un cambio importante de mentalidad. No es algo que una sola empresa u organización pueda hacer por sí sola; requiere una colaboración innovadora entre múltiples partes interesadas, que se unan para resolver el problema y aportar componentes esenciales de la solución.
Este cambio de mentalidad es un aspecto de un concepto general conocido como «primero, quienes están más lejos». En pocas palabras, significa que, al llegar a quienes más ayuda necesitan y resolver sus dificultades, se aprende más. Después, todo ese aprendizaje puede aplicarse para llegar al resto de la población con mayor rapidez y alcance.
Este enfoque ya está en marcha y está dando resultados. Por ejemplo, una colaboración entre BT, la ONG Aldeas Infantiles SOS, el gobierno local, inversores y expertos en salud lleva servicios satelitales a aldeas remotas de 13 países africanos, lo que permite ofrecer servicios digitales de salud electrónica en esas zonas para que puedan beneficiarse de una mejor prestación de atención sanitaria.
Según la ONU, los niveles más bajos de acceso a internet se encuentran principalmente en África subsahariana, donde menos del 2% de la población tiene acceso en Guinea, Somalia, Burundi y Eritrea. El acceso a internet ha permitido a los centros médicos de SOS simplificar y agilizar los procesos clínicos, desde la facturación informatizada y las recetas electrónicas hasta un mejor control de las existencias de las farmacias.
¿Qué significa esto para los resultados de salud?
Contar con mejores historiales de los pacientes y soluciones digitales, y empoderar a los pacientes para que gestionen por sí mismos las soluciones de atención sanitaria, permite abordar de otra manera las enfermedades infecciosas y otras enfermedades potencialmente mortales en comunidades vulnerables. Por ejemplo, más del 50% de los pacientes de la clínica de SOS en Kenia toma algún tipo de medicamento contra el sida. Antes era difícil recordarles que recogieran sus recetas de renovación, pero el nuevo sistema digitalizado permite a médicos y farmacéuticos avisar a los pacientes cuando se les acaba la medicación. También permite a los centros médicos gestionar mejor sus existencias y reducir los errores de laboratorio, ya que los resultados de las pruebas se cargan en el ordenador en lugar de transportarse en hojas de papel.
Un sistema de atención sanitaria modernizado promueve relaciones de trabajo más estrechas y eficaces entre las ONG, los proveedores y expertos en salud, y los pacientes; así, las mejores prácticas y la información sanitaria pueden compartirse de forma más amplia y rápida.
Este es solo un ejemplo de cómo las TIC pueden mejorar la vida de las personas en todo el mundo, pero hay muchos más. El desafío sigue siendo complejo y de gran escala, pero debemos aspirar a dar a todas las personas del mundo acceso a soluciones digitales de atención sanitaria. Para lograrlo, tenemos que cambiar nuestra actitud y trabajar en una coalición innovadora con múltiples partes interesadas para encontrar respuestas a los desafíos de la atención sanitaria mundial y, en última instancia, aprovechar nuestras experiencias para transformar la salud electrónica para todos.

