La fiebre del heno podría estar relacionada con las bacterias del intestino y la nariz, y los probióticos podrían aliviar los síntomas

People with hay fever often have a less diverse gut microbiome.
People with hay fever often have a less diverse gut microbiome.Image: Unsplash/jfmills
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  • Las investigaciones apuntan a que podría haber una relación entre la fiebre del heno y el microbioma, el conjunto de microorganismos que viven dentro y sobre nuestro cuerpo.

  • Esto significa que las personas que padecen fiebre del heno quizá quieran plantearse incorporar probióticos y prebióticos a su rutina.

  • Los probióticos parecen modular la respuesta inmunitaria y, en particular, reducir la producción de citocinas inflamatorias.

Para muchas personas, la primavera ha traído consigo los temidos síntomas de la fiebre del heno, como picor en los ojos, estornudos y congestión nasal. La fiebre del heno es común y afecta a hasta al 42 % de las personas. Se produce cuando el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada a alérgenos como el polen.

Las investigaciones apuntan a que podría haber una relación entre la fiebre del heno y el microbioma, el conjunto de microorganismos que viven dentro y sobre nuestro cuerpo. En concreto, la composición de los microbiomas de los intestinos y la nariz de una persona podría influir en la aparición de los síntomas de la fiebre del heno.

Al explorar esta relación, podemos identificar posibles tratamientos alternativos que ayuden a reducir los efectos de la fiebre del heno en la vida diaria de las personas.

La fiebre del heno y el microbioma

Los estudios han demostrado que las personas con fiebre del heno suelen tener un microbioma intestinal menos diverso que quienes no padecen esta afección. La menor diversidad de las bacterias intestinales puede provocar un desequilibrio en el microbioma y dar lugar a niveles más altos de inflamación (la respuesta inmunitaria del cuerpo a agentes irritantes, como los alérgenos).

Por tanto, tiene sentido que la menor diversidad de las bacterias intestinales pueda aumentar el riesgo de fiebre del heno, ya que el microbioma intestinal desempeña un papel clave en la regulación del sistema inmunitario, y sabemos que el sistema inmunitario influye en las alergias.

Se cree que el microbioma intestinal afecta al funcionamiento del sistema inmunitario de varias maneras, entre ellas mediante la producción de ácidos grasos de cadena corta. Las bacterias intestinales los producen durante la fermentación de la fibra alimentaria (una parte de la digestión normal).

Se sabe que los ácidos grasos de cadena corta tienen propiedades antiinflamatorias. Las investigaciones han demostrado que los niveles más bajos de dos cepas bacterianas que producen ácidos grasos de cadena corta —Bifidobacterium y Lactobacillus— están relacionados con un mayor riesgo de fiebre del heno.

Además del microbioma intestinal, la fiebre del heno también parece estar relacionada con el microbioma nasal, la comunidad de microorganismos que habita las fosas nasales.

El microbioma nasal desempeña un papel importante en la regulación del sistema inmunitario y en la protección frente a patógenos dañinos que entran en el cuerpo por la nariz. El desequilibrio y la menor diversidad del microbioma nasal pueden provocar un mayor riesgo de infecciones respiratorias y un empeoramiento de los síntomas de la fiebre del heno.

Los estudios han demostrado que las personas con fiebre del heno suelen tener una composición diferente del microbioma nasal que quienes no padecen esta afección, con una mayor presencia de ciertas bacterias, como Staphylococcus aureus. Este desequilibrio en el microbioma nasal puede aumentar la inflamación y el riesgo de ciertos síntomas de la fiebre del heno.

El posible papel de los probióticos y los prebióticos

Los probióticos son microorganismos vivos que mejoran la composición de las bacterias «buenas» del cuerpo. Los prebióticos, por su parte, son fibras que estimulan las bacterias beneficiosas del intestino. En esencia, las bacterias buenas se alimentan de prebióticos. Ambos son importantes para mantener un microbioma intestinal saludable, que desempeña un papel crucial en nuestra salud general.

Se han estudiado varias cepas de bacterias probióticas en relación con la fiebre del heno.

Una cepa de interés es Lactobacillus acidophilus, que, según se ha observado, puede reducir los síntomas de la fiebre del heno como la congestión, el picor y los estornudos. Otra es Lactobacillus rhamnosus GG, que ha mostrado potencial para prevenir la aparición de la fiebre del heno en lactantes.

Otras cepas como Bifidobacterium lactis, Bifidobacterium bifidum y Lactobacillus casei también han dado algunos resultados prometedores para reducir los síntomas de la fiebre del heno. Sin embargo, se necesitan más investigaciones.

¿Cómo funciona?

Los probióticos parecen modular la respuesta inmunitaria y, en particular, reducir la producción de citocinas inflamatorias. Estas son moléculas de señalización producidas por las células del sistema inmunitario que promueven la inflamación.

Por ejemplo, Lactobacillus acidophilus puede reducir la expresión de citocinas inflamatorias relacionadas con la inflamación alérgica en las mucosas de la cavidad nasal.

Del mismo modo, Lactobacillus rhamnosus GG ha demostrado reducir la hiperreactividad de las vías respiratorias (cuando estas se estrechan en exceso en respuesta a estímulos), disminuir las células inflamatorias en los pulmones y reducir las citocinas inflamatorias.

Los alimentos fermentados contienen probióticos.Image: Unsplash/sigmund

También se han estudiado los prebióticos, como los fructooligosacáridos, por su potencial para prevenir la fiebre del heno. Se ha observado que aumentan las bacterias intestinales beneficiosas, como Bifidobacterium y Lactobacillus. Un estudio mostró que la suplementación con fructooligosacáridos en lactantes redujo su riesgo de desarrollar fiebre del heno.

Incorporar probióticos y prebióticos

Si padeces fiebre del heno, quizá quieras plantearte incorporar probióticos y prebióticos a tu rutina.

Los suplementos probióticos están ampliamente disponibles en diversas presentaciones, como cápsulas, comprimidos, polvos y bebidas. Es importante elegir un suplemento que contenga las cepas específicas de bacterias probióticas que se han estudiado en relación con la fiebre del heno. Entre ellas figuran Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus rhamnosus GG, Bifidobacterium lactis, Bifidobacterium bifidum y Lactobacillus casei.

También puedes incorporar a tu dieta alimentos ricos en probióticos, como los alimentos fermentados: yogur, kéfir, chucrut, kimchi y kombucha.

En cuanto a los prebióticos, los fructooligosacáridos se encuentran habitualmente en ciertos alimentos como los plátanos, las cebollas, el ajo, los espárragos, las alcachofas y los cereales integrales. También hay suplementos en diversas presentaciones, como polvos y cápsulas.

A veces, tomar probióticos y prebióticos puede tener efectos secundarios, como molestias digestivas, gases, hinchazón y diarrea. Para minimizar estos riesgos, se recomienda empezar con una dosis baja y aumentarla gradualmente con el tiempo. También conviene consultar a un profesional sanitario antes de tomar estos suplementos, especialmente si tienes alguna enfermedad o tomas medicamentos.

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