Dar la mano es una forma eficaz de propagar gérmenes, ya que nos tocamos la cara varias veces cada hora.
Pero, con la rápida propagación del coronavirus COVID-19, Adeodata Czink, responsable de Business of Manners, explica la forma educada de evitar estrechar la mano.
Si quieres defender la prohibición de los apretones de manos durante la crisis del coronavirus, hay abundantes pruebas contundentes que puedes usar para ello.
El gesto es una forma supereficaz de propagar gérmenes, dado que también nos tocamos la cara sin darnos cuenta unas doce o veinticuatro veces por hora, según los estudios, tocándonos sobre todo los ojos, la nariz o la boca. Realizar la costumbre totalmente innecesaria de estrechar la mano de alguien aumenta la probabilidad de contagiarte cualquier virus que esté circulando.
De hecho, en todo el mundo, los gobiernos recomiendan alternativas a los apretones de manos (y los besos o el contacto nariz con nariz) para prevenir la propagación del virus causante de la Covid-19.
Pero ninguno de esos datos te sirve de mucho cuando estás frente a alguien que, aparentemente sin haber captado tu mensaje no verbal de rechazo al saludo, te extiende la palma y espera que se la estreches.
En ese momento, lo más probable es que devuelvas el gesto por sentido de obligación, por miedo a parecer un grosero. ¿Qué otra cosa podrías hacer?
“No me atrevo”
Adeodata Czink, responsable de Business of Manners, una consultora de Toronto, dice que podrías hacer esto: “Levanta ambas manos como si un niño de cinco años te apuntara con una pistola de mentira y di: ‘Por favor, perdóname, no me atrevo, tengo esta fobia al coronavirus’.”
La clave de esta respuesta es el tono, afirma. Debe ser juguetona, por lo que conviene tener presente la imagen de un niño de cinco años posando con una pistola de agua. “Hazlo de forma ligera”, aconseja Czink, “en lugar de ‘No quiero estrecharte la mano’”, frase que resulta ofensiva y solo añade histeria al momento actual.
Otra opción: “Di ‘Lo siento mucho, pero no quiero estrechar la mano a nadie,’” añade. “Menciona enseguida el coronavirus. Así no los señalas a ellos, sino al virus.”
Si ya llevas guantes puestos, podrías mantenerlos y estrechar la mano de alguien, pero solo si lo explicas: “Sé que sería cortés quitarme los guantes, pero tengo esta fobia al coronavirus”, dice.
En otras palabras, no finjas que el comportamiento extraño no está ocurriendo.
Por si queda constancia, Czink afirma que no ha dejado de estrechar la mano a la gente al saludar. Considera que todavía es pronto para estar tan preocupada por la Covid-19 en su comunidad. (En Ontario, se han confirmado 22 casos de infección hasta el momento al 5 de marzo, la mayoría en el área metropolitana de Toronto.) “Me lavo un poco más las manos”, dice.
Los médicos van por delante de nosotros
Los apretones de manos son especialmente difíciles de rechazar por el momento en que se producen. Por lo general, no estrechamos la mano a amigos o familiares, que podrían perdonar tu reacción de aversión a los gérmenes o saber que convives con alguien con un alto riesgo de desarrollar complicaciones mortales por la Covid-19. En cambio, estrechamos la mano a personas en entornos profesionales (es una norma cultural en el mundo empresarial a nivel global), y normalmente hay una agenda, un ego o una estructura de poder que tener en cuenta.
Los médicos, que llevan años lidiando con el debate sobre dar o no dar la mano, desde hace varios años, comprenden la importancia de este hábito social. En su ámbito, el apretón de manos genera confianza. Ayuda a que el paciente sienta que se le ve como una persona completa, y no solo como otro cuerpo, en una época en la que las citas médicas suelen ser apresuradas.
No obstante, algunos médicos creen que se puede (y se debe) transmitir el mismo mensaje con un saludo alternativo que también parezca intencionado y cálido. En un artículo de opinión publicado en 2014 en el Journal of the American Medical Association, por ejemplo, tres médicos estadounidenses sugieren ya sea saludar con la mano, poner la mano sobre el corazón como si fueras a hacer una promesa, o juntar las manos en la posición de oración “namasté” frente al pecho. Cualquiera de estas acciones puede indicar que el saludo ha tenido lugar, con una certeza que un medio saludo incómodo no podría transmitir.
Uno de los médicos que firmaron ese artículo también colocó carteles en una unidad de cuidados intensivos neonatales con el texto “zona libre de apretones de manos”. Para los empleados de centros de trabajo en los que los clientes suelen esperar un apretón de manos y pueden iniciarlo, como en un concesionario de automóviles o en la oficina de una entidad hipotecaria, por ejemplo, esta podría ser una idea que vale la pena copiar, al menos en tiempos de coronavirus. El mensaje es claro: no es por ti, es por la política.


