Las revisiones anuales forman parte de la prevención habitual y ayudan al médico a identificar y tratar posibles problemas preocupantes antes de que se agraven. Como paciente, usted se beneficia de los datos de salud que se recopilan durante la consulta. Puede saber si necesita un medicamento nuevo o si simplemente debería comer menos pasteles y galletas.
Al analizar la inmunización mundial, las «revisiones» anuales de los datos de cobertura cumplen una función muy similar. Ofrecen información sobre el estado general de los sistemas nacionales de inmunización. Muestran a los responsables de las políticas dónde se están logrando avances y señalan dónde es necesario intensificar o modificar los esfuerzos.
En la Fundación Bill y Melinda Gates, utilizamos los datos mundiales sobre inmunización de forma muy parecida a como su médico utiliza su información de salud: para orientar nuestro enfoque con el fin de mejorar la salud de los sistemas de inmunización y llevar más vacunas que salvan vidas a más niños. Por eso, pocos días del año son más importantes que aquel en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF publican sus Estimaciones de la cobertura nacional de inmunización, conocidas en el ámbito de la salud mundial como WUENIC («wu-nic»). Los datos de WUENIC incluyen estimaciones nacionales de cobertura de inmunización de 194 países, 141 de los cuales incluyen datos subnacionales de cobertura correspondientes a 234.000 distritos. Esto representa dos tercios de la población infantil mundial.
Si existe una revisión de referencia para evaluar el estado de la inmunización mundial, es esta. Año tras año, nos indica qué tan bien protegen ciertos países a sus comunidades contra las enfermedades infecciosas. Nos ofrece una imagen de la inmunización a escala mundial. Acaban de publicarse nuevos datos de WUENIC y los programas de inmunización están llegando a más niños que nunca. Estos son los «signos vitales» que mostraban que la inmunización mundial estaba en buen estado en 2017:
- 122 millones de niños, es decir, el 90 %, recibieron al menos una dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina (DTP3), y 116 millones recibieron las tres dosis recomendadas.
- 115 millones de niños recibieron la vacuna contra el sarampión. La mortalidad mundial por sarampión ha disminuido un 84 % desde 2000.
- Las vacunas nuevas y las infrautilizadas llegan cada vez más a quienes más las necesitan. En los países apoyados por Gavi, la Alianza para las Vacunas, 1,5 millones más de niños recibieron vacunas contra la principal causa de neumonía que en 2016, y se vacunó contra el rotavirus, la principal causa de diarrea grave, a 3,9 millones más de niños.
- En comparación con 2015, un 57 % más de niños —294 millones adicionales— recibieron la vacuna antipoliomielítica inactivada, que con el tiempo sustituirá a la vacuna oral contra la poliomielitis utilizada desde hace mucho tiempo.

Los avances en la inmunización mundial dan fe del esfuerzo colectivo de muchas personas: desde los trabajadores de primera línea en zonas remotas hasta los líderes políticos en las capitales estatales y nacionales, pasando por los fabricantes de vacunas en instalaciones avanzadas de todo el mundo.
Todo esto son buenas noticias. Pero, como cualquier buen médico, me preocupa que la complacencia provoque retrocesos. Y el mundo tiene todos los motivos para no caer en la complacencia cuando se trata de la inmunización. El año pasado fue la primera vez que la OMS y UNICEF incluyeron datos desglosados a nivel subnacional. Este cambio hacia un mayor uso de los datos para analizar fortalezas y debilidades con más detalle es esencial para nuestro trabajo. Así pues, aunque las estimaciones nacionales generales parezcan buenas, nuestra «revisión» no estará completa hasta que examinemos también los datos subnacionales.
Aquí vemos que los avances son más desiguales. El año pasado, casi 20 millones de lactantes de todo el mundo no recibieron todas las vacunas básicas de la infancia. La mitad de ellos vive en solo cinco países: Etiopía, India, Indonesia, Nigeria y Pakistán. Trágicamente, uno de cada diez niños en el mundo no ha recibido vacunas de ningún tipo, lo que los deja expuestos a enfermedades mortales e incapacitantes —pero totalmente prevenibles—, como la difteria, el sarampión, la poliomielitis, la neumonía y el rotavirus.
Aunque la inmunización infantil ha aumentado en todo el mundo, los niños de los Estados frágiles —países caracterizados por una capacidad estatal débil, conflictos violentos o pobreza— se están quedando atrás, según un análisis reciente de Gavi, la Alianza para las Vacunas. La cobertura de DTP3 se estancó en torno al 62 % en los Estados frágiles entre 2010 y 2017, mientras que en los Estados no frágiles aumentó del 80 % al 86 %.
Pero el número total de niños es solo una parte de la historia. También nos interesa la equidad, y persisten grandes diferencias subnacionales en la cobertura de inmunización. Solo una cuarta parte de los países cumple el objetivo de alcanzar una cobertura de al menos el 80 % en cada distrito y del 90 % a nivel nacional. Sabemos que podrían evitarse 1,5 millones de muertes adicionales cada año si se pudiera vacunar a todos los niños, en todas partes. Esta realidad plantea un desafío del que quienes defienden las vacunas no pueden desentenderse. Es un desafío constante, por muchos avances que veamos a escala mundial.
En los próximos meses, los gobiernos de los países y quienes trabajamos en el ámbito de la salud mundial seguiremos analizando los datos de este año para entender sus enseñanzas. Esto nos ayuda a planificar cómo podemos ayudar a los países a mejorar y lograr mayores avances en algunos de los contextos más difíciles del mundo. Porque, al igual que ocurre con una revisión anual, obtener los datos es solo la mitad del camino. Después viene el trabajo arduo.

