4 lecciones sobre la cooperación humana en la lucha contra el ébola

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A health worker speaks to people who are waiting to receive the Ebola vaccination in Goma, Democratic Republic of CongoImage: REUTERS/Baz Ratner
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  • Una nueva vacuna contra el ébola es un avance importante.

  • Nunca habría existido sin la cooperación.

  • Los trabajadores sanitarios han utilizado barcas, bicicletas, drones y largas caminatas para llevar la vacuna allí donde se necesita.

A menudo, la lucha contra la enfermedad es lenta, con avances logrados a lo largo de años y medidos en estadísticas y gráficos de barras. Solo en raras ocasiones se produce un avance, cuando sucede algo verdaderamente nuevo que cambia de forma drástica la manera en que el mundo puede progresar en la lucha por la salud. Un avance de este tipo se ha producido en la guerra contra el virus del ébola.

Dado que dirijo MSD, cabría esperar que dijera que el avance contra el ébola es una vacuna. Sin embargo, el conjunto es mucho más amplio que cualquier intervención o contribución individual.

El verdadero avance en la lucha por proteger al mundo contra el virus del ébola es la singular alianza público-privada que se ha unido para combatir a este asesino. Es casi imposible exagerar la tenacidad y la fortaleza de quienes forman parte de esta alianza, que une a gobiernos y al sector privado, organizaciones multilaterales y grupos comunitarios, científicos, médicos, trabajadores sanitarios comunitarios, conductores de ambulancias y personas corrientes que hacen cada día cosas extraordinarias. Trágicamente, algunos miembros de la alianza han perdido la vida intentando proteger la salud de sus comunidades. Son los verdaderos héroes de la lucha.

El sacrificio supremo

Permítanme citar solo un ejemplo que representa los innumerables actos de valentía en esta lucha. El Dr. Richard Valery Mouzoko Kiboung, epidemiólogo de la OMS, murió en un ataque en abril en el hospital universitario de Butembo, en la provincia de Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo. Había dejado su hogar, y a su esposa y a sus cuatro hijos, para ayudar a combatir un virus mortal en un país que no era el suyo, y realizó el sacrificio supremo para que otros pudieran vivir.

La alianza aún tiene mucho camino por recorrer antes de que podamos poner fin a la amenaza del virus del ébola, pero piensen lo lejos que hemos llegado ya. En regiones que enfrentan graves desafíos de seguridad y de recursos, una red integrada proporciona vacunación, tratamiento, epidemiología y otros innumerables servicios para ayudar a sanar y contener.

Este modelo integrado y multisectorial es el verdadero avance en la lucha contra el virus del ébola. Es un modelo para abordar problemas globales que no debería comenzar ni terminar con la enfermedad por el virus del ébola. La cooperación humana es la mayor fuerza para combatir las enfermedades, y puede serlo también para otros grandes desafíos a los que se enfrenta el mundo.

Entonces, ¿qué lecciones hemos aprendido sobre las alianzas en la lucha contra el virus del ébola que sean aplicables a otros desafíos globales? Destacaría cuatro.

1. Las alianzas eficaces no pueden tener éxito sin la participación significativa de la comunidad local.

Ya sea que la tarea consista en combatir un virus, la pobreza o el cambio climático, las soluciones deben funcionar a nivel local para funcionar a nivel global. En la lucha contra el ébola, el papel de las comunidades locales va mucho más allá del de ejecutores de un programa. Los socios locales son diseñadores, innovadores, embajadores y facilitadores. Sus conocimientos y su creatividad ayudan a garantizar que los programas respondan a las necesidades locales y funcionen en un contexto local.

2. La última milla es importante, pero también lo es la última pulgada.

En la salud pública y en muchos otros ámbitos, se presta mucha atención a «la última milla», es decir, la brecha entre las redes de transporte establecidas y las comunidades afectadas por los brotes. Resolver el problema de entregar vacunas en esa última milla ha sido fundamental para el éxito y ha requerido el talento y el ingenio de socios de toda la región afectada por esta enfermedad. Nuestros socios han utilizado barcas, motocicletas y bicicletas, teléfonos digitales y el boca a boca, drones y largas caminatas, todo para llevar la vacuna allí donde se necesita. Gracias a estos esfuerzos, más de un cuarto de millón de personas en la RDC han recibido la vacuna contra el ébola de Zaire.

Esa última milla es crucial, pero también lo es la última pulgada: la distancia que debe recorrer la vacuna para llegar al brazo de una persona en riesgo de infección. Recorrer esa última pulgada requiere la participación voluntaria de la persona que recibe la vacuna, lo que a su vez exige una comunicación clara, eficaz y veraz. La comunicación constante y culturalmente pertinente es una parte central de la lucha contra el virus del ébola, y es fundamental para el éxito en todos los grandes desafíos globales a los que nos enfrentamos. Independientemente de las particularidades del desafío, siempre habrá una «última pulgada» que superar: la mínima brecha que separa una solución de la voluntad humana de emprender las acciones necesarias para alcanzarla. La comunicación eficaz es el puente que salva esa última pulgada.

3. La primera milla también es importante.

Aunque hacer llegar una solución a las personas que más la necesitan es el objetivo último de cualquier respuesta a un desafío, nada de eso es posible sin recorrer la primera milla: la decisión inicial de asumir un desafío o sumarse a una lucha. Para las empresas, existe siempre una responsabilidad financiera de ser económicamente viables, pero también una responsabilidad moral de ser buenos ciudadanos corporativos. En el caso de MSD, esto significa destinar recursos de tiempo, conocimientos y dinero al desarrollo y la distribución de una vacuna contra el virus del ébola. Para otras empresas, esa primera milla ha consistido en invertir en programas de agua limpia, educación, recuperación ambiental o en cualquiera de las numerosas necesidades mundiales urgentes. Como líderes empresariales, estamos inmersos en un mundo que combate tantos desafíos, y todos debemos considerar qué primera milla recorreremos para ayudar.

4. Las grandes alianzas reúnen a opuestos, y eso no siempre es fácil.

La lucha contra el virus del ébola reúne a gobiernos, organizaciones de defensa, empresas privadas, socios locales, instituciones académicas y muchos otros socios diversos. A menudo tenemos antecedentes, puntos de vista y formas de trabajar distintos. Hay muchas cuestiones en las que no estamos de acuerdo.

Pero una gran alianza no exige que todos los socios estén de acuerdo o sean idénticos. Una gran alianza implica encontrar la manera de sortear, ir más allá o dejar a un lado las diferencias para hallar un terreno común. Significa encontrar formas de trabajar que puedan acomodar muchos puntos de vista y antecedentes distintos. En definitiva, significa reconocer que lo que intentan hacer juntos es más importante que cualquier agenda individual que puedan tener.

Quizás la mayor lección de la lucha contra el virus del ébola, entonces, y la que une todas estas observaciones, es que las grandes alianzas reúnen elementos dispares para formar un todo que es mayor que la suma de sus partes. Estamos lejos de terminar la lucha contra el ébola, al igual que estamos lejos de terminar la lucha por alcanzar otros importantes objetivos sociales, pero si aprovechamos el mayor poder de la Tierra, la cooperación humana, aumentaremos significativamente nuestras posibilidades de triunfar frente a los muchos desafíos que enfrentamos.

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