Cuatro expertos sobre cómo los países grandes pueden erradicar la COVID-19

A soldier wearing a protective mask gestures as he directs cars into a coronavirus disease (COVID-19) testing center, as Blackburn with Darwen Council imposes local restrictions in an effort to avoid a local lockdown being forced upon the area, amid the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in Blackburn, Britain July 16, 2020. REUTERS/Phil Noble - RC2AUH9DL0IJ
Experts discuss the possibility of eliminating coronavirus in larger countries.Image: REUTERS/Phil Noble
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  • Los países con ciudades y pueblos menos densamente poblados, como Nueva Zelanda, han logrado controlar y erradicar la COVID-19 dentro de sus fronteras.

  • Sin embargo, para muchos países más grandes y con mayor densidad de población, eliminar el virus supone un reto serio.

  • Cuatro expertos en microbiología, salud pública y epidemiología médica analizan la posibilidad de derrotar al virus en estas ciudades más pobladas, antes de que haya una vacuna.

Angharad Davies, profesora asociada clínica de Microbiología, Universidad de Swansea

La eliminación o casi eliminación de la COVID-19 en el Reino Unido requeriría ambición y un enorme esfuerzo, organización y recursos, pero creo que es posible.

El esfuerzo supondría aceptar menos libertades a medio plazo. De forma crucial, dependería de la confianza en las autoridades y de la disposición a cumplir las restricciones. El incentivo sería que, si lográramos la eliminación, podríamos volver a un estado más cercano a la normalidad y a una economía local más sana, incluso sin una vacuna.

El esfuerzo tendría que mantenerse hasta entonces y, si no surge una vacuna eficaz, lo cual es posible, la cuestión será cuánto tiempo podría justificarse seguir con este enfoque ante un virus endémico a escala mundial.

Las pruebas masivas y el rastreo de contactos pueden ayudar a eliminar el virus.Image: Nick Ansell/PA Wire/PA Images

Lakshmi Manoharan, epidemióloga médica, Universidad de Oxford

Es importante reducir el virus a un nivel bajo antes de permitir que la actividad económica y social se reanude con normalidad. Hacer lo contrario supondría el riesgo de que el Reino Unido tuviera que entrar y salir de confinamientos en numerosas ocasiones. Eso sería más perjudicial para la sociedad y la economía que aplicar medidas más estrictas a corto plazo.

Estudios recientes han demostrado que el número de personas con anticuerpos contra la COVID-19 en focos de coronavirus como Wuhan y España sigue siendo bajo. Esto significa que, a pesar del elevado número de casos y de la amplia transmisión comunitaria, la mayoría de la población sigue siendo susceptible al virus. Permitir que la vida económica y social se reanude en estas circunstancias y sin una vacuna podría provocar una segunda ola de infecciones de mayor magnitud.

El énfasis debería ponerse en medidas firmes, como las cuarentenas en las fronteras y un sistema sólido de pruebas, rastreo y aislamiento, para reducir las tasas de infección antes de flexibilizar las medidas económicas, reabrir las escuelas y permitir los «puentes aéreos». Debemos centrarnos primero en reducir el alcance de la transmisión comunitaria, ya que esta permite que la infección se propague a nuestras poblaciones más vulnerables.

Es importante tomar las precauciones necesarias si queremos frenar la propagación de la COVID-19.Image: Ben Birchall/PA Wire/PA Images

Jimmy Whitworth, profesor de Salud Pública Internacional, Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres

Necesitamos mantener el sentido de la proporción en los países que han reducido la tasa de mortalidad total a niveles normales, como ya ha hecho el Reino Unido, lo que demuestra que el primer pico de la epidemia ha pasado. Una vez que el número de nuevos casos esté bajo buen control (un nuevo caso al día por cada millón de habitantes es razonable), podremos permitir que la vida social y económica se reanude. También podemos dedicar más atención a la salud física y mental en general.

Debemos seguir manteniendo algunas medidas de distanciamiento físico, combinadas con pruebas eficaces y rastreo de contactos, para evitar que los inevitables brotes se expandan hasta convertirse en una segunda ola. Pero intentar eliminar todos los casos y mantener un estado de cero COVID requeriría enormes recursos. Esto produciría rendimientos decrecientes a medida que disminuye el número de casos, y otros aspectos de la vida se resentirían.

Lo hemos visto con los países que intentan eliminar la poliomielitis, donde los servicios sanitarios rutinarios pueden resentirse, y con la eliminación de la malaria, donde el coste de evitar cada caso aumenta rápidamente a medida que disminuye el número de casos.

Reducir el número de casos a niveles manejables podría acabar llevando a cero casos temporalmente, pero actualmente no disponemos de medidas eficaces para mantenerlo en cero. En particular, es poco probable que las cuarentenas en las fronteras resulten eficaces a menos que se apliquen de forma rigurosa y universal, con la consiguiente interrupción de todos los viajes de negocios, el turismo y el comercio internacional.

Las fronteras internacionales deben seguir procedimientos similares para una prevención eficazImage: Nick Ansell/PA Wire/PA Images

Andrew Lee, profesor titular de Salud Pública Global, Universidad de Sheffield

La eliminación de la COVID-19 en países de ingresos altos es tanto posible como realista. El ébola se logró eliminar en algunas zonas de África mediante medidas de control de la enfermedad en lugar de una vacuna, entre ellas la vigilancia epidemiológica, el control de infecciones, el cambio de normas sociales (por ejemplo, en torno al contacto físico) y la comunicación pública.

Esto demuestra que la eliminación es posible incluso en países de ingresos bajos y medianos, con menos recursos. Los factores determinantes, como en todos los programas de control de enfermedades infecciosas, son la voluntad política y social para lograrlo. Como requiere un enfoque multifacético, necesita recursos, liderazgo y compromiso para llevarse a cabo. Así, la pregunta es: «¿Qué estamos dispuestos a pagar o a sacrificar para lograrlo?».

Pero en nuestro mundo interconectado y globalizado, no basta con eliminar el virus en solo unos cuantos países. Los países donde la enfermedad es endémica actúan como reservorios de infección y pueden volver a infectar a otros. Se trata de una amenaza sanitaria mundial que exige un liderazgo global y una acción coordinada si queremos eliminarla.

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