La cooperación global es más vital que nunca. Por eso

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  • El coronavirus evidencia la falta de cooperación global e incluso abre un nuevo frente de competencia.

  • La lección clave de la crisis financiera de 2008 fue que la coordinación no surgió del altruismo entre las partes, sino precisamente porque convenía al interés de cada parte trabajar en conjunto.

  • En un momento en que los líderes mundiales buscan maximizar el beneficio de las respuestas de estímulo para sus propios ciudadanos y empresas, les convendría cooperar entre sí.

La gran desalineación global es que, justo cuando la cooperación es más vital que nunca para afrontar desafíos urgentes, está en declive.

A finales de junio, al referirse a la respuesta fragmentada a la crisis de la COVID-19, el secretario general de la ONU, António Guterres advirtió “no existe una falta total de coordinación entre los países.” Algunos han ido más allá, recurriendo a ejemplos de la historia y comparando la búsqueda global de una vacuna contra la COVID-19 con la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en la que cada bando pretendía “ganar” a costa del otro.

Aunque lamentable, no debería sorprender que el coronavirus evidencie la falta de cooperación global e incluso abra un nuevo frente de competencia.

La pandemia golpeó a un mundo ya inestable, en el que profundos cambios de poder estaban en marcha y hacían que los instintos competitivos superaran a las mentalidades cooperativas.

Børge Brende, presidente, Foro Económico Mundial

Pero el virus también puede servir para reconfigurar esos instintos, recordando a los actores globales que la coordinación es la clave para avanzar no solo en las prioridades compartidas, sino también en los intereses propios.

El sistema económico es quizás el ejemplo más destacado de cómo las fricciones aumentaban antes del brote del coronavirus. Entre 1990 y 2015, la pobreza extrema se redujo de cerca del 40% de la población mundial al 10%. Este resultado fue en gran medida posible gracias a una economía mundial más integrada y a las cadenas globales de valor, es decir, al efecto de las ventajas comparativas entre países en acción. Desmontar este sistema tendría un alto coste y conduciría a un menor crecimiento y a menos empleos. No olvidemos que casi el 50% del comercio mundial involucra a las cadenas globales de valor.

Image: Our World in Data

Sin embargo, este sistema para avanzar en la prosperidad conjunta, aunque imperfecto, se utilizó en años recientes como mecanismo para castigar a los rivales. El comercio se ha centrado menos en crear acuerdos en los que todos ganan y más en obtener ventajas a costa de un competidor mundial. A finales de 2019, el Fondo Monetario Internacional advirtió de que las crecientes tensiones comerciales supondrían un lastre para el crecimiento económico, de aproximadamente $700 mil millones en 2020.

El mismo aumento de la fricción se manifestaba en el ámbito tecnológico. Tras años en los que Estados Unidos y China habían identificado áreas de cooperación en ciencia y tecnología, una “carrera tecnológica” se está desarrollando ahora con rapidez. Esta competencia tiene mucho en juego: el número de usuarios de internet ha pasado de 1600 millones durante la crisis financiera de 2008 a 4100 millones en la actualidad. Y la inteligencia artificial podría aumentar el crecimiento económico hasta en un 30% en los próximos 15 años en aquellos países que dominen la tecnología. Por eso se extiende la sensación de que controlar, en lugar de cooperar en, las tecnologías de frontera es un camino hacia la ganancia material y geopolítica.

En el contexto polarizado actual, muchos han señalado la coordinación que tuvo lugar tras la crisis financiera de 2008 como ejemplo de partes que se unen para afrontar un desafío común y urgente. Solo semanas después del colapso de Lehman Brothers, los bancos centrales de todo el mundo coordinaron recortes de los tipos de interés. Poco después, los miembros del G20 se reunieron en Washington, DC, y emitieron una declaración conjunta en la que se comprometían a “reforzar nuestra cooperación y trabajar juntos para restablecer el crecimiento mundial y llevar a cabo las reformas necesarias en los sistemas financieros mundiales.”

La lección clave de la crisis financiera de 2008 fue que la coordinación no surgió del altruismo entre las partes, sino precisamente porque convenía al interés de cada parte trabajar en conjunto. La economía mundial estaba tan interconectada que una crisis financiera en un país afectaba a los mercados no solo de otro, sino de todos los países del mundo.

Hoy, el mundo está aún más interrelacionado que hace 12 años. El coronavirus, cuyos efectos han traspasado fronteras e industrias, lo deja claro. Y, del mismo modo que el coronavirus no respeta línea alguna en un mapa, tampoco lo hacen los ciberataques, las emisiones de gases de efecto invernadero ni los desafíos económicos. Solo mediante una acción coordinada puede el mundo salir de una recesión más profunda de lo esperado en 2020, tal como proyectado por el Fondo Monetario Internacional, con una caída de la producción mundial del 4,9%.

Este momento de crisis puede servir como un recordatorio contundente para los líderes de que la coordinación mundial es, de hecho, del interés nacional de cada país. Mientras que las medidas de estímulo combinadas, por valor de $9 billones que los gobiernos del G20 están inyectando en sus economías son vitales para la recuperación de cada país, la OCDE ha señalado que la coordinación entre países no solo haría que las medidas de estímulo fueran “considerablemente más eficaces”, sino que “la acción no coordinada o unilateral agravaría los costes sociales y económicos en su conjunto”.

En un momento en que los líderes mundiales buscan maximizar el beneficio de las respuestas de estímulo para sus propios ciudadanos y empresas, les convendría cooperar entre sí.

Børge Brende, presidente, Foro Económico Mundial

Al generar resultados positivos a corto plazo, alinear las respuestas a la crisis económica podría servir de chispa para que las posturas globales dejen atrás la rivalidad y se orienten hacia la cooperación a largo plazo.

Este artículo se publicó por primera vez en The Japan Times.

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