La vacunación infantil necesita una inversión ambiciosa ahora. He aquí por qué

The COVID-19 pandemic vaccination response offers hope, but we mustn't be complacent.
The COVID-19 pandemic vaccination response offers hope, but we mustn't be complacent.Image: Reuters/Tiksa Negeri
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  • A pesar de que existen vacunas, siguen produciéndose cientos de miles de muertes por enfermedades que ya deberían poder prevenirse.

  • Las tasas mundiales de vacunación se han estancado, y las inmunizaciones infantiles atraviesan actualmente el mayor retroceso en tres décadas.

  • Debemos aprovechar los esfuerzos de vacunación realizados durante la COVID-19, dar prioridad a los sistemas de salud e invertir en el capital humano clave para su éxito.

Se prevé que, para finales de esta década, las vacunas contra el cáncer y las enfermedades cardíacas podrían salvar millones de vidas. Sin embargo, hoy, décadas después de que se introdujeran vacunas seguras y eficaces y se pusieran a disposición del público, siguen produciéndose cientos de miles de muertes por enfermedades que ya deberían poder prevenirse en todo el mundo.

¿Por qué? Porque la tecnología de las vacunas por sí sola no salva vidas; para ello, también hay que fabricarlas, adquirirlas, distribuirlas de forma segura a lo largo de la cadena de suministro y administrarlas a las personas.

Así pues, pese al extraordinario progreso logrado en las últimas décadas contra las enfermedades infantiles, al que las vacunas han contribuido con una reducción de más del 50 % de la mortalidad infantil, persisten graves brechas en la cobertura mundial de inmunización.

Además, el impacto de la pandemia de COVID-19 en los sistemas de salud, sobre todo en los países de ingresos más bajos, ha ampliado aún más estas brechas.

Incluso antes de la pandemia, las tasas mundiales de inmunización se estaban estancando. Hoy, los niños se enfrentan a un mundo que está viviendo el mayor retroceso de la inmunización infantil en 30 años y que corre el riesgo de sufrir nuevos descensos.

Sin embargo, lo ocurrido durante la pandemia también ofrece esperanza. En el esfuerzo por garantizar que las vacunas contra la COVID-19 llegaran a personas de todos los rincones del mundo, la respuesta demostró claramente que, cuando hay una firme voluntad política y financiación, es posible cerrar las brechas con rapidez y eficacia.

Las inversiones realizadas antes y durante la pandemia aceleraron el apoyo a los países de ingresos más bajos para que sus sistemas de distribución de vacunas pudieran gestionar grandes volúmenes de vacunas contra la COVID-19 y llegar a distribuir más de 5.000 millones de dosis.

Desde la ampliación de las instalaciones de almacenamiento en frío en Ghana o el registro digital de Uzbekistán, que integra datos de inmunización y civiles, hasta la plataforma de distribución de vacunas contra la COVID-19 en Tanzania, que también está ayudando con la inmunización sistemática, estas inversiones han fortalecido los sistemas de distribución de vacunas de maneras que van mucho más allá de la COVID-19 y que prometen generar beneficios sostenibles a largo plazo.

Se necesita invertir en los sistemas de vacunación

Debemos seguir aprovechando este impulso con urgencia. Solo mediante una inversión sostenida en estos sistemas podremos superar las barreras sistémicas que históricamente han obstaculizado el acceso de millones de niños vulnerables a diversas vacunas que salvan vidas.

Según el informe de UNICEF Estado Mundial de la Infancia 2023, uno de cada cinco niños se ha quedado total o parcialmente sin recibir la inmunización sistemática. Estos niños «sin ninguna dosis» suelen vivir en algunas de las comunidades más empobrecidas y marginadas del mundo, y se enfrentan a barreras que afectan el acceso no solo a la inmunización, sino también a muchos otros servicios básicos.

Puede que no tengan acceso a agua potable, educación ni atención primaria de salud. Es más probable que vivan en contextos afectados por conflictos y frágiles, y que estén expuestos a la violencia y la inseguridad alimentaria. Estos niños no solo son los últimos en recibir atención; a menudo también son los más difíciles de alcanzar.

Cuando existen sistemas de salud y cadenas de suministro sólidos, los gobiernos nacionales están mejor preparados para abordar de manera integral estas múltiples privaciones. También están mejor preparados para responder a amenazas sanitarias emergentes, como los brotes de cólera, así como para introducir y ampliar la vacunación en sus programas nacionales de inmunización; por ejemplo, con vacunas contra el virus del papiloma humano (VPH) para contribuir a eliminar el cáncer cervicouterino, o con la nueva vacuna contra la malaria para las personas en riesgo.

UNICEF y Gavi son conjuntamente el mayor comprador de vacunas infantiles del mundo y llegan cada año a aproximadamente la mitad de los niños menores de cinco años del planeta. En las más de dos décadas que ha durado nuestra colaboración, hemos contribuido a inmunizar a más de mil millones de niños y a salvar aproximadamente 16 millones de vidas.

Gracias a nuestra experiencia conjunta y a nuestro poder de compra, ofrecemos soluciones de financiación a los gobiernos para que desarrollen y fortalezcan sus programas nacionales de inmunización. También trabajamos con los fabricantes para crear mercados saludables que ofrezcan vacunas a precios asequibles y sostenibles.

Nos comprometemos a trabajar en todas las etapas de la cadena de suministro, junto con nuestros socios, los gobiernos y los donantes. Nuestra respuesta conjunta a la COVID-19, conocida como COVAX y desarrollada junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y CEPI, se benefició de años de inversión en el fortalecimiento de las cadenas de frío para vacunas en los países de ingresos más bajos.

También tuvimos que afrontar con rapidez una serie de complejidades a gran escala, entre ellas los sistemas de datos, las redes de vigilancia, la formación de los trabajadores de la salud, el establecimiento de marcos jurídicos y la lucha contra la reticencia a vacunarse.

Las lecciones de la pandemia pueden ayudarnos a prepararnos para el futuro

Ahora que la fase aguda de la pandemia ha quedado atrás, los aprendizajes y conocimientos adquiridos nos ayudarán a prepararnos mejor para el futuro. Pero esto solo será posible si mantenemos el impulso, revertimos el retroceso y aspiramos a hacer más. Sabemos que es posible, ya que algunos países han restablecido la inmunización a los niveles previos a la pandemia o incluso los han superado.

Pero esto debe convertirse en la norma, no en la excepción, y eso significa aprovechar las inversiones de la respuesta a la pandemia y dar prioridad a las cadenas de suministro y los sistemas de salud en los próximos años.

También debemos invertir en el capital humano que sostiene estos sistemas, incluidos los trabajadores de la salud, los especialistas en cadenas de suministro y los logistas. Y debemos seguir invirtiendo en la comunicación de riesgos y la participación comunitaria para mantener la confianza.

También necesitamos que continúe la innovación en la tecnología de las vacunas, e instamos a la industria a elevar sus ambiciones y aspirar a más. Esto significa mejorar las vacunas existentes para optimizar sus sistemas de distribución y su eficacia, y fortalecer las plataformas para desarrollar nuevas vacunas contra enfermedades cambiantes o emergentes que la crisis climática está haciendo cada vez más amenazantes.

La equidad debe ser el principio rector en cada etapa del recorrido de una vacuna, desde su desarrollo hasta su distribución. Solo con un enfoque y una inversión específicos a lo largo de toda la cadena de suministro podremos garantizar que estemos preparados para hacer frente a las enfermedades actuales y futuras, convertir las vacunas en vacunaciones y llegar a las personas más marginadas.

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