La experiencia de la crisis de la COVID-19 afectó de forma distinta a mujeres y hombres, y hay indicios de que la brecha de género se ha ampliado aún más.
Los datos de cinco países europeos muestran que las mujeres redujeron su consumo durante la pandemia mucho más que los hombres.
La percepción del riesgo de infección y los motivos de ahorro precautorio solo explican parcialmente esta diferencia.
En cambio, los hombres afirman que fueron selectivos al comprar ciertos bienes y servicios durante el confinamiento, mientras que las mujeres atribuyen la reducción de sus gastos a las limitaciones financieras que perciben.
Las perspectivas económicas de las mujeres en el mundo desarrollado se ven afectadas de forma desproporcionada por la pandemia de COVID-19 (Alon et al. 2021). Hay tres razones principales. En primer lugar, las consecuencias económicas iniciales de la pandemia se concentraron en sectores tradicionalmente dominados por las mujeres; por ello, era más probable que las mujeres perdieran el empleo que los hombres (ILO 2020, Albanesi y Kim 2021, Adams-Prassl et al. 2020). En segundo lugar, las estimaciones de la investigación médica sugieren que entre el 8 y el 35 % de las personas infectadas sufrirán COVID persistente, y se prevén tasas más bajas entre las personas vacunadas. La investigación también indica que el género es uno de los principales factores de riesgo de la COVID persistente y que es más probable que las mujeres sufran sus consecuencias (Augustin et al. 2021, Sudre et al. 2021, Taquet et al. 2021). Por último, en circunstancias normales las mujeres asumen la mayor parte de las tareas de cuidados en el hogar, y los cambios derivados de la crisis que siguen en curso han tendido a aumentar esa carga desde marzo de 2020 (Alon et al. 2020, Del Boca et al. 2020, Ma et al. 2020).
Tradicionalmente, los economistas han medido la desigualdad centrándose en los ingresos, los salarios y la riqueza (Piketty y Saez 2006). En consonancia con ello, la investigación económica sobre el impacto de la COVID-19 en la igualdad de género se ha centrado principalmente en los efectos diferenciados por género en el empleo y el trabajo no remunerado durante las primeras fases de la pandemia (por ejemplo, Dang y Nguyen 2021, Adams-Prassl et al. 2020, Hupkau y Petrongolo 2020a y b, Queisser et al. 2020). Sin embargo, al evaluar el bienestar económico relativo de los hogares, los datos empíricos sugieren que centrarse en el consumo podría ser el enfoque más revelador (Meyer y Sullivan 2011 y 2012, Attanasio y Pistaferri 2016). Además, Krueger y Perri (2006) y Blundell y Preston (1998) muestran que la distribución del gasto de consumo, y no la de los ingresos, es la medida clave de la desigualdad en el bienestar de un hogar.1
Mi artículo reciente (Huber 2022) analiza si la pandemia y los confinamientos asociados han alterado de forma distinta el comportamiento de consumo de mujeres y hombres. Utiliza datos de una encuesta representativa de consumidores a gran escala (en Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos y España) realizada por Hodbod et al. (2021). La encuesta se llevó a cabo después de que se levantaran la primera ola de confinamientos y las restricciones a los viajes de 2020, entre el 10 y el 28 de julio, y recaba información detallada sobre el contexto socioeconómico de las personas encuestadas, los cambios en su comportamiento de consumo y las principales razones de esos cambios en sectores sensibles al distanciamiento social (SDS).2
La respuesta del consumo a la COVID-19 según el género
En los cinco países, las mujeres redujeron el consumo respecto a los niveles previos a la pandemia significativamente más que los hombres (véase la figura 1). La brecha de género en el consumo es considerable en los sectores del turismo, el comercio minorista, la hostelería y los servicios.
Figura 1 Brecha de género en la caída del consumo (por sector y país)
Notas: La brecha de género se mide como la diferencia relativa entre mujeres y hombres en la caída del consumo. Formalmente, (F/M – 1) * 100, donde F representa la proporción de mujeres que afirman consumir ahora «con menos frecuencia» o «nada» en comparación con el periodo previo a la pandemia, y M representa la proporción correspondiente de hombres.
Una posible explicación de estas diferencias observadas es que mujeres y hombres presentan características socioeconómicas objetivamente distintas. Sin embargo, mi investigación concluye que estas diferencias de género «objetivas» (por ejemplo, en ingresos, situación laboral, educación, ocupación, edad y tamaño del hogar) explican solo una parte modesta de la brecha de género en el consumo inducida por la COVID-19. Las diferencias de género en el pesimismo sobre las perspectivas macroeconómicas y la preocupación por el futuro financiero personal parecen más relevantes, pero sigue habiendo una brecha considerable en el consumo.
¿Qué podría explicar la brecha restante, aún sin explicar, en el comportamiento de consumo?
Una teoría para explicar la brecha restante sostiene que las limitaciones inesperadas en la disponibilidad de bienes y servicios durante el confinamiento pudieron llevar a reevaluar las preferencias «subjetivas» de los consumidores. Esta reevaluación de las preferencias subjetivas podría diferir entre mujeres y hombres y, por tanto, dar lugar a patrones de consumo distintos. La literatura —que abarca la psicología, la biología, las neurociencias, la gestión y la investigación sobre los consumidores— ya ha documentado cómo las experiencias personales pueden influir en el comportamiento, incluidas las preferencias. Por ejemplo, Ross et al. (2020) concluyen que la pérdida de tiempo, espacio o dinero suele influir no solo en las decisiones inmediatas de consumo del hogar, sino también en las preferencias subyacentes de los consumidores. Afrontar las contracciones económicas ayuda a los consumidores a priorizar lo que les importa y conduce a una mayor definición de sus preferencias. En economía está surgiendo una nueva línea de investigación que acumula pruebas de que las experiencias personales de grandes perturbaciones macroeconómicas pueden cambiar de forma permanente las expectativas, las preferencias y el comportamiento (por ejemplo, Cotofan et al. 2021, Hodbod et al. 2021, Kuchler y Zafar 2019, Malmendier y Nagel 2016, Giuliano y Spilimbergo 2014, Malmendier y Nagel 2011).
Sin embargo, ninguno de estos estudios analiza las posibles diferencias de género en la respuesta a la experiencia. Mi trabajo examina si mujeres y hombres reaccionan de forma distinta a sus experiencias de las condiciones macroeconómicas, tomando la pandemia de COVID-19 como ejemplo de tal experiencia. El conjunto de datos recopilado por Hodbod et al. (2021) es ideal para evaluar el impacto de la pandemia en la igualdad de género en el consumo. Incluye las razones tradicionales para reducir el consumo (es decir, las limitaciones financieras, los motivos de ahorro precautorio y el riesgo de infección), así como posibles cambios en las preferencias de los consumidores derivados de la experiencia del confinamiento. La distribución de estas razones principales autodeclaradas difiere significativamente entre mujeres y hombres (figura 2a).
ELLA no puede permitírselo: diferencias de género en la asequibilidad
Las mujeres señalan las limitaciones financieras como razón principal para consumir menos que antes de la pandemia un 30 % más a menudo que los hombres. La brecha de género en las limitaciones de asequibilidad declaradas por las propias personas es considerable en todos los sectores SDS. Las mujeres señalan el motivo del ahorro precautorio como razón principal para reducir el consumo un 12 % menos a menudo que los hombres. En general, se espera que las mujeres sean más reacias al riesgo que los hombres (Nelson 2016, Croson y Gneezy 2009). Además, las diferencias de género en la ocupación podrían generar percepciones distintas de los riesgos para la salud asociados a la COVID-19 y, por tanto, diferencias en el comportamiento de consumo. De hecho, la preocupación por el riesgo de infección fue la razón principal autodeclarada con la menor brecha de género: las mujeres señalaron el riesgo de infección como motivo un 9 % más a menudo que los hombres. En cambio, la brecha de género en las limitaciones financieras declaradas es tres veces mayor que la brecha en el riesgo de infección señalado.
Figura 2 Brechas de género según el motivo principal
Notas: La brecha de género para el motivo principal x se mide como la diferencia relativa entre mujeres y hombres al indicar el motivo x. Formalmente, (F/M – 1) * 100, donde F representa la proporción de mujeres que indican el motivo x para consumir menos que antes de la pandemia, y M representa la proporción correspondiente de hombres.
ÉL no lo quiere: efecto de la experiencia del confinamiento según el género
La figura 2a muestra grandes diferencias de género en la declaración de cambios permanentes en las preferencias como motivo principal de la reducción del consumo. La brecha de género en los cambios de preferencias de los consumidores declarados por ellos mismos es considerable en todos los sectores SDS. Los hombres afirman significativamente más a menudo que las mujeres haberse dado cuenta de que no echaban de menos consumir, y lo señalan como motivo principal para consumir menos que antes de la pandemia. Es más probable que los hombres hayan aprendido a convivir con las posibilidades de consumo limitadas durante el confinamiento y se hayan adaptado a ellas. Tras el levantamiento del confinamiento, los hombres indicaron que no echaban de menos consumir como motivo principal para consumir menos que antes de la pandemia un 22 % más a menudo que las mujeres. Los medios de comunicación generalistas llaman a este concepto «JOMO», la alegría de perderse algo.
Similitudes y diferencias entre países
Las diferencias de género en la mayoría de los resultados económicos varían significativamente entre países, y la brecha de género en el consumo inducida por la COVID-19 no es una excepción. Las diferencias entre países en la magnitud de la brecha de género en la caída del consumo son notables en todos los sectores (figura 1). Las brechas más amplias se observan en Alemania y Francia, mientras que la menor se registra en los países del sur de Europa. Según el sector, la brecha de género en Alemania es entre dos y tres veces mayor que en Italia o España.
Por último, la figura 2b revela sorprendentes similitudes y diferencias entre países en la distribución de los motivos principales para reducir el consumo entre mujeres y hombres. Aunque la brecha de género en los cambios de preferencias tiene una magnitud similar en todos los países, las diferencias entre países en la brecha de asequibilidad son considerables. España y Francia muestran una brecha de género en la asequibilidad muy pequeña; en los demás países, la brecha es muy considerable. La brecha de género en la asequibilidad es mayor en Alemania e Italia, seguidas de los Países Bajos. En Alemania, las mujeres señalan las limitaciones financieras como motivo principal para reducir el consumo un 60 % más a menudo que los hombres.3
Afinar la política fiscal para «matar dos pájaros de un tiro»
En resumen, el consumo de bienes no duraderos ha disminuido mucho más entre las mujeres que entre los hombres en los cinco países. La caída del consumo de las mujeres se debió principalmente a las dificultades de asequibilidad percibidas, mientras que la de los hombres se debió más a cambios «subjetivos» en las preferencias de consumo. Los hombres optaron por consumir menos de forma deliberada como resultado de la experiencia del confinamiento. Estos resultados contribuyen a las pruebas emergentes de que la pandemia ha aumentado la desigualdad de género.
Desde la perspectiva de las políticas públicas, los patrones observados sugieren que, tras las perturbaciones económicas relacionadas con el distanciamiento social, las autoridades fiscales podrían tener la oportunidad de «matar dos pájaros de un tiro» al apoyar a las mujeres con dificultades financieras. En esas circunstancias, si se desea mantener a flote las empresas SDS existentes, orientar el apoyo fiscal hacia las mujeres podría ser una estrategia eficaz. En comparación con los hombres, el bajo consumo de las mujeres en los sectores SDS se debe más a las limitaciones de asequibilidad percibidas que a cambios duraderos en las preferencias de consumo o a motivos de ahorro precautorio. Por tanto, cuando se alivien las limitaciones de asequibilidad, la demanda de las mujeres se recuperará rápidamente.
Referencias
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Notas finales
1 Una literatura en rápido crecimiento investiga el impacto de la pandemia y de las políticas asociadas de contención del virus en el consumo de los hogares. Esta literatura utiliza datos de transacciones (p. ej., Andersen et al. 2020, Cotton et al. 2021, Carvalho et al. 2020, Baker et al. 2020, Bounie et al. 2020, Chronopoulos et al. 2020) o datos de encuestas a hogares (p. ej., Coibion et al. 2020, Hodbod et al. 2021, Guglielminetti y Rondinelli 2021). La principal contribución de esta columna a dicha literatura tiene dos vertientes. En primer lugar, incorpora la perspectiva de género. En segundo lugar, en vez de limitarse a documentar la caída del consumo diferenciada por género, investiga las diferencias de género en los motivos tradicionales para reducir el consumo (es decir, las restricciones financieras, el ahorro precautorio y el riesgo de infección).
2 Hodbod et al. (2021) concluyen que el consumo cayó considerablemente en julio de 2020 (cuando se levantaron las restricciones de distanciamiento social) en comparación con los niveles anteriores a la pandemia. El principal motivo declarado para la caída del consumo fue el riesgo de infección; el segundo motivo principal más citado fue el ahorro precautorio en el Sur y un cambio permanente en las preferencias de los consumidores en el Norte.
3 Los datos no nos permiten investigar las explicaciones causales de estas diferencias entre países en las brechas de género de asequibilidad. Sin embargo, en Huber (2022) aporto indicios de que estas diferencias entre países no pueden explicarse por diferencias entre países en el nivel educativo relativo ni en la participación en la fuerza laboral de mujeres y hombres. En cambio, la calidad de la participación en la fuerza laboral —el poder de decisión— podría ser un factor esencial para explicar estas diferencias entre países (figura 3, página 14).



