Por fin tenemos una vacuna contra el ébola que salva vidas

Two experimental Ebola vaccines, one of which, rVSV-ZEBOV, is now in use
Two experimental Ebola vaccines, one of which, rVSV-ZEBOV, is now in use
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El actual brote de ébola en la República Democrática del Congo es motivo de seria preocupación. Ya se ha cobrado la vida de 25 personas y la enfermedad se ha propagado hasta Mbandaka, la capital provincial, una ciudad de más de un millón de habitantes.

Pero esta vez contamos con una nueva arma que sumar a nuestro arsenal en la lucha contra el ébola: una vacuna. Ya hay 300.000 dosis experimentales disponibles, pese a que esta vacuna, aunque ha demostrado ser segura y eficaz en ensayos clínicos, aún no ha sido autorizada por las autoridades reguladoras.

Estas vacunas no acabarán por sí solas con el brote; forman parte de un esfuerzo nacional e internacional mucho más amplio que será crucial para contener la enfermedad. Sin embargo, el hecho de que ya se estén utilizando como parte integral de la respuesta marca un hito histórico.

Uno de los problemas centrales del desarrollo y el suministro de vacunas es que no los impulsa el riesgo que representa una enfermedad, sino la economía. El tamaño del mercado potencial importa más que la magnitud de la devastación que puede causar una enfermedad.

El ébola no es una excepción. Esta enfermedad es una de las más mortíferas que existen: su tasa de mortalidad puede llegar al 90 % y no hay ningún tratamiento autorizado disponible. De hecho, en 2015 di una charla TED sobre este desafío y presenté en el escenario de TED dos vacunas experimentales contra el ébola; una de ellas es la que se está utilizando actualmente.

Sin embargo, en las cuatro décadas transcurridas entre el descubrimiento del ébola y el brote de África Occidental de 2014, apenas se registraron unos pocos miles de casos en algunos de los países más pobres del mundo. No había incentivos para someter una vacuna al largo y costoso proceso de autorización necesario para su uso público. Aunque los investigadores desarrollaron varias vacunas prometedoras contra el ébola, ninguna salió del laboratorio.

El brote de África Occidental fue una llamada de atención. A medida que la enfermedad se propagaba rápidamente de Guinea a Liberia y Sierra Leona, provocando alarma en capitales de todo el mundo, la necesidad de una vacuna eficaz y aprobada se hizo más evidente que nunca.

En agosto de 2014, el mismo mes en que la OMS declaró que el ébola constituía una emergencia de salud pública, el Gobierno federal de Canadá donó para su uso en África una vacuna que había investigado con fines de biodefensa. La Agencia de Salud Pública de Canadá concedió a NewLink Genetics la licencia para fabricarla y, posteriormente, esta pasó a Merck.

En 2015, esta vacuna experimental, denominada rVSV-ZEBOV, se probó en Guinea, donde las autoridades sanitarias, junto con la OMS, el Instituto Noruego de Salud Pública, MSF y Health Canada, llevaron a cabo el ensayo de vacunación «Ebola, ça suffit» («Ébola, ya basta»). Se vacunó a casi 12.000 personas que habían estado en contacto con alguien que había presentado síntomas de la enfermedad, mediante una estrategia de vacunación en anillo, de inmediato o al cabo de 21 días.

Guinea fue declarada libre de ébola el 29 de diciembre de 2015. El ensayo concluyó en enero de 2016, después de que los últimos participantes completaran un seguimiento de 84 días. Se demostró que la vacuna era bien tolerada y, lo que es más importante, que su estimación puntual de eficacia era del 100 % [IC del 95 %: 79-100 %].

Aunque ya era demasiado tarde para que contribuyera plenamente a la respuesta en África Occidental, existía la esperanza de que la vacuna pudiera ayudar a evitar que volviera a producirse un brote de esta magnitud.

Image: Reuters

Pero, cuando la atención se apartó del ébola para centrarse en la siguiente crisis mundial, existía un peligro real de que la vacuna rVSV-ZEBOV quedara atascada durante años en el proceso de autorización y dejara al mundo expuesto a otro gran brote.

Por eso, en 2015, mi organización, Gavi, la Alianza para las Vacunas, hizo una oferta única a todos los fabricantes que tuvieran una vacuna en ensayos clínicos de fase I o en fases posteriores. Ofrecimos un compromiso de compra anticipada de dosis de vacunas autorizadas tan pronto como estuvieran disponibles, para garantizar a los fabricantes que habría un mercado asegurado para una vacuna eficaz contra el ébola.

A cambio, establecimos tres condiciones: que el fabricante presentara una solicitud de autorización antes de una fecha determinada; que obtuviera una clasificación especial de la OMS que permitiera usarla en caso de emergencia de salud pública; y, lo más importante, que pusiera a disposición una reserva de dosis experimentales por si se producía un brote mientras la vacuna atravesaba el proceso de autorización.

En enero de 2016, anunciamos en Davos que Merck había aceptado nuestras condiciones. Se firmó un compromiso de compra anticipada de 5 millones de dólares, el primero de su tipo. El vicepresidente ejecutivo de Merck y exdirector de los CDC, la doctora Julie Gerberding, lo calificó de «paso audaz». El acuerdo garantizaba que habría 300.000 dosis experimentales de la vacuna rVSV-ZEBOV, incluidas 100.000 que podían enviarse en un plazo de 24 horas. Estas dosis se están utilizando ahora para proteger a miles de personas en situación de riesgo en la República Democrática del Congo.

Con demasiada frecuencia, nuestra respuesta a los brotes de enfermedades es puramente reactiva. Los gobiernos y los organismos de ayuda no entran en acción hasta que empiezan a morir personas. El desarrollo y la disponibilidad de rVSV-ZEBOV demuestran que no tiene por qué ser así.

La vacuna es el resultado de años de dedicación y compromiso por parte de Merck; de la generosidad del Gobierno federal de Canadá; del liderazgo de la OMS; del firme apoyo a los ensayos de la vacuna tanto de ONG como MSF como de los países afectados por el brote de África Occidental; y de la rápida respuesta y dedicación del ministro de Salud de la República Democrática del Congo, que se vacunó este fin de semana y transmitió así un mensaje de confianza. Sin estos esfuerzos, es poco probable que esta vacuna estuviera disponible hasta dentro de varios años, si es que llegaba a estarlo.

El ministro de Salud de la República Democrática del Congo, el doctor Oly Ilunga Kalenga, recibe la vacuna contra el ébola

El acuerdo entre Gavi y Merck fue uno de los muchos factores posteriores al brote de ébola en África Occidental que ayudaron a movilizar a gobiernos y organismos de ayuda en torno a la importancia de la seguridad sanitaria mundial. Esto dio lugar a la creación de una nueva organización, la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI), que se puso en marcha en Davos al año siguiente. CEPI trabaja ahora con el sector privado para incentivar el desarrollo de numerosas vacunas nuevas contra enfermedades que podrían convertirse en la próxima epidemia, desde el virus de Nipah hasta la fiebre de Lassa.

Me enorgullece enormemente que Gavi haya contribuido a que esta vacuna esté disponible. Tuve el honor de presenciar la primera vacunación en Mbakanda la semana pasada, y esta semana se han llevado a cabo más en Bikoro e Iboko. Ahora debemos confiar en que la vacuna contribuya a impedir que este brote se convierta en otra pandemia.

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