La pandemia dejará aún más desfavorecidos a los pobres - FMI

A woman carries away fresh food at a Los Angeles Regional Food Bank giveaway of 2,000 boxes of groceries, as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, in Los Angeles, California, U.S., April 9, 2020. REUTERS/Lucy Nicholson - RC281G95ISBZ
COVID-19 has resulted in a spike in unemployment across the world.Image: REUTERS/Lucy Nicholson
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  • La investigación del FMI muestra que la brecha de desigualdad entre ricos y pobres se ha ampliado tras epidemias anteriores, y la COVID-19 no será diferente.

  • El FMI afirma que los responsables de políticas deben poner en marcha mecanismos de distribución del riesgo y de asistencia social para proteger a los más vulnerables frente a futuras adversidades económicas.

La crisis de la COVID-19 es ahora ampliamente considerada la mayor calamidad económica desde la Gran Depresión. En enero, el FMI preveía que el ingreso mundial crecería un 3 por ciento; ahora prevé que caiga un 3 por ciento, mucho peor que durante la Gran Recesión de 2008-09. Detrás de esta estadística desalentadora hay una posibilidad aún más sombría: si las pandemias pasadas sirven de guía, el costo para los segmentos más pobres y vulnerables de la sociedad será varias veces peor. De hecho, una reciente encuesta de los principales economistas reveló que la gran mayoría consideró que la pandemia de COVID-19 agravará la desigualdad, en parte por su impacto desproporcionado en los trabajadores poco cualificados.

Nuestras evidencias respaldan las preocupaciones sobre los efectos distributivos adversos de las pandemias. Constatamos que las principales epidemias de este siglo han aumentado la desigualdad de ingresos y perjudicado las perspectivas de empleo de quienes solo tienen educación básica, mientras que apenas han afectado al empleo de las personas con títulos avanzados.

Las pandemias amplían la brecha entre ricos y pobres. Image: FMI

Nos centramos en cinco grandes eventos —SARS (2003), H1N1 (2009), MERS (2012), ébola (2014) y zika (2016)— y analizamos sus efectos distributivos en los cinco años posteriores a cada evento. En promedio, el coeficiente de Gini —una medida de la desigualdad de uso común— ha aumentado de forma constante tras estos eventos. Nuestra medida del Gini se basa en los ingresos netos, es decir, los ingresos de mercado después de impuestos y transferencias. Nuestros resultados muestran que la desigualdad aumenta pese a los esfuerzos de los gobiernos por redistribuir los ingresos de los ricos a los pobres para mitigar los efectos de las pandemias. Transcurridos cinco años, el Gini neto ha subido casi un 1,5 por ciento, lo que supone un impacto considerable dado que esta medida evoluciona lentamente con el tiempo.

Estos efectos duraderos de las pandemias se deben a la pérdida de empleo y a otros choques en los ingresos (por ejemplo, menores remesas) y a la reducción de las perspectivas de empleo. Nuestros resultados muestran que las pandemias han tenido un impacto enormemente desigual en el empleo de personas con distintos niveles de formación educativa, un indicador del nivel de cualificación. La disparidad es marcada: en relación con la población, el empleo de quienes tienen niveles educativos avanzados apenas se ve afectado, mientras que el empleo de quienes solo tienen niveles educativos básicos cae bruscamente, en más de un 5 por ciento al cabo de cinco años.

Las pandemias perjudican de forma desproporcionada a los trabajadores con niveles educativos más básicos. Image: FMI

Respuesta de política

Aunque la pandemia tiene un efecto adverso sobre casi todos los miembros de la sociedad, las políticas deben prestar especial atención a evitar daños a largo plazo (o “cicatrices”) en los medios de vida de los menos favorecidos. Sin esfuerzos enérgicos y focalizados, es probable que volvamos a ver un aumento de la desigualdad, que ya era “uno de los retos más complejos y espinosos de la economía mundial”, en las palabras del director gerente del FMI.

En términos concretos, ¿qué se puede hacer? El acceso a la baja por enfermedad, a las prestaciones por desempleo y a las prestaciones sanitarias resulta útil para todos a la hora de afrontar los efectos de la pandemia, pero especialmente para los segmentos más pobres de la sociedad, que carecen de un colchón de ahorro y viven así al día. Un “Nuevo Pacto” es importante en los sectores de la economía y en las regiones donde predominan el trabajo informal y el autoempleo y donde los sistemas de protección social son escasos. Ampliar los sistemas de asistencia social, introducir nuevas transferencias, impulsar los programas de empleo público para ofrecer oportunidades laborales, facilitar financiación para mantener el empleo y medidas fiscales progresivas (quizá mediante un “recargo solidario”)—todas ellas probablemente formarán parte de la combinación de políticas para mitigar las devastadoras consecuencias distributivas de la pandemia.

Los responsables de políticas deben aprovechar la oportunidad para introducir cambios fundamentales, de modo que, cuando inevitablemente se produzcan futuros choques, incluidos, por ejemplo, los efectos del cambio climático, las sociedades cuenten con mecanismos de distribución del riesgo y de asistencia social que protejan a los más vulnerables mucho mejor que hoy.

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