Mantenemos nuestra temperatura corporal óptima mediante un proceso llamado termorregulación y gracias a nuestro metabolismo.
Aunque haga frío, comer helado u otros alimentos fríos y ricos en calorías elevará nuestra temperatura corporal debido al proceso digestivo.
La sudoración es la forma más eficaz que tiene nuestro cuerpo de perder calor, y beber bebidas calientes y comer alimentos picantes puede activar la respuesta de sudoración que permite al cuerpo refrescarse.
En entornos calurosos, los adultos pueden perder casi un litro y medio de sudor por hora, por lo que es fundamental mantenerse hidratados.
En todo el mundo, el verano es sinónimo de actividades acuáticas, bebidas frías y, por supuesto, helado. Aunque la mayoría coincidimos en que el helado y las bebidas frías son refrescantes delicias veraniegas, ¿realmente nos ayudan a refrescarnos?
Para comprobarlo, necesitamos saber un poco más sobre cómo controla el cuerpo la temperatura en distintos entornos. El proceso de mantener una temperatura corporal óptima se llama termorregulación, e implica un delicado equilibrio entre generar y perder calor.
Los seres humanos somos de sangre caliente o endotermos, términos científicos que significan que podemos controlar nuestra temperatura corporal independientemente del entorno. Podemos hacerlo porque nuestro cuerpo produce calor constantemente como subproducto de procesos químicos internos (el metabolismo).
Cómo funciona
El metabolismo es necesario para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Incluye los procesos digestivos que descomponen los nutrientes de los alimentos, la absorción y el transporte de esos nutrientes a las células, y su conversión en componentes básicos o en energía necesaria para la actividad física.
El calor que esto genera resulta beneficioso cuando hace frío, pero cuando suben las temperaturas exteriores debemos evitar el sobrecalentamiento. Aunque pueda parecer lógico que introducir algo frío, como un helado, en el estómago ayude a bajar la temperatura, su efecto refrescante inicial se ve rápidamente sustituido por el calor generado por los procesos digestivos necesarios para descomponer los nutrientes del helado. Digerir alimentos ricos en calorías eleva la temperatura corporal.
Así que el helado no es la mejor opción para refrescarse, pero ¿qué hay de las bebidas frías? La transferencia de calor entre una bebida fría y el sistema digestivo puede influir directamente en la temperatura. Sin embargo, esto solo dura un momento y depende de la cantidad y el contenido calórico del líquido ingerido.
Una pequeña cantidad de líquido perderá rápidamente su efecto refrescante al calentarse por los órganos circundantes. Y grandes cantidades de líquidos fríos harán que el flujo sanguíneo se ralentice, lo que reducirá la eficacia del transporte de calor.
Como puedes imaginar, las bebidas con un alto contenido calórico, como los refrescos, tendrán un efecto similar al del helado y pondrán en marcha nuestro metabolismo poco después de ingerirlas.
Pero yo sí noto que me refrescan…
Es más probable que los efectos refrescantes de los líquidos fríos se expliquen por sus efectos de rehidratación. Si se acumula calor, el cuerpo intentará eliminar el exceso trasladándolo desde los órganos vitales hasta la superficie de la piel, donde se transfiere directamente al entorno mediante convección y radiación.
Para que esto ocurra, la temperatura ambiente debe ser inferior a la nuestra; de lo contrario, sucede lo contrario y el calor se transfiere a nuestro cuerpo. Como el calor que irradia el sol en un caluroso día de verano.
La sudoración es la forma más eficaz que tiene nuestro cuerpo de perder calor. Se produce cuando el cerebro detecta un aumento de la temperatura corporal interna y responde estimulando las glándulas sudoríparas distribuidas por todo el cuerpo para que produzcan sudor.
El sudor de la superficie de la piel se evapora y hace que esta se enfríe (lo que también se conoce como enfriamiento por evaporación). La sangre que circula cerca de la superficie de la piel se enfría durante este proceso y ayuda a reducir la temperatura interna.
En promedio, un adulto puede perder hasta medio litro o un litro de sudor al día, pero en entornos calurosos esta cantidad puede aumentar hasta casi un litro y medio por hora. Por eso es esencial mantener el cuerpo hidratado cuando hace calor.
Otra estrategia
¿Y las bebidas alcohólicas? Muchas personas recurren a una cerveza fría en un caluroso día de verano para intentar refrescarse. Pero el alcohol es diurético, lo que significa que hace que el cuerpo pierda agua y, por tanto, reduce su capacidad para perder calor mediante la sudoración.
Sorprendentemente, las bebidas calientes pueden ser una buena forma de mantenerse fresco. Aunque parezca contradictorio, beber algo caliente hace que los receptores de la boca y la garganta activen la respuesta de sudoración, lo que permite que el cuerpo se refresque sin tener que ingerir una gran cantidad de líquido caliente.
Los ingredientes activos de los alimentos picantes producen el mismo efecto: también activan la respuesta de sudoración que permite al cuerpo refrescarse. Por eso estos tipos de alimentos son populares en climas cálidos.
Así que, aunque los caprichos fríos pueden resultar satisfactorios y sin duda son refrescantes, una mejor forma de combatir el calor es añadir un toque picante, sudar y, sobre todo, rehidratarse.


