La pandemia de coronavirus tendrá importantes repercusiones económicas, visibles en la caída de los precios de las acciones y en las perturbaciones de la oferta y la demanda.
Se necesitan políticas focalizadas para apoyar la economía mundial, escribe Gita Gopinath, del FMI.
El costo humano del brote de coronavirus ha aumentado a un ritmo alarmante y la enfermedad se está propagando a más países.
La primera prioridad es, sin duda, mantener a las personas lo más sanas y seguras posible. Los países pueden ayudargastando máspara reforzar sus sistemas de salud, por ejemplo, en equipos de protección personal, pruebas de detección, pruebas diagnósticas y camas hospitalarias adicionales.
A falta de una vacuna que detenga el virus, los países han adoptado medidas para limitar su propagación, como restricciones a los viajes, cierres temporales de escuelas y cuarentenas. Estas medidas también permiten ganar un tiempo valioso para evitar que los sistemas de salud se vean desbordados.
El impacto económico ya es visible en los países más afectados por el brote.
Gita Gopinath
Repercusiones económicas
El impacto económico ya es visible en los países más afectados por el brote. Por ejemplo, en China, la actividad manufacturera y de los servicios cayó drásticamente en febrero. Si bien la caída de la actividad manufacturera es comparable a la registrada al inicio de la crisis financiera mundial, esta vez el descenso de los servicios parece mayor, lo que refleja el fuerte impacto del distanciamiento social.
La oferta y la demanda mundiales de transporte marítimo de carga seca a granel, como materiales de construcción y materias primas, también han caído a niveles similares a los de la fase más aguda de la crisis financiera mundial. Esto refleja la reducción de la actividad económica asociada a las medidas de contención sin precedentes. Esta caída no se observó en epidemias recientes ni después de los atentados del 11 de septiembre.
Perturbaciones de la oferta y la demanda
La epidemia de coronavirus provoca perturbaciones tanto de la oferta como de la demanda. Las interrupciones de la actividad empresarial han reducido la producción y generado perturbaciones de la oferta. Además, la reticencia de los consumidores y las empresas a gastar ha reducido la demanda.
Por el lado de la oferta,se produce una reducción directa de la oferta de mano de obra debido a los trabajadores enfermos, a quienes cuidan de sus hijos por el cierre de las escuelas y, lamentablemente, al aumento de la mortalidad. Sin embargo, las medidas para contener la propagación de la enfermedad mediante confinamientos y cuarentenas tienen un efecto aún mayor sobre la actividad económica, pues reducen la utilización de la capacidad. Además, las empresas que dependen de cadenas de suministro quizá no puedan obtener las piezas que necesitan, ya sea en el país o en el extranjero. Por ejemplo, China es un importante proveedor de bienes intermedios para el resto del mundo, en particular de productos electrónicos, automóviles, maquinaria y equipos. Las interrupciones en ese país ya están teniendo efectos en cadena sobre las empresas de fases posteriores. En conjunto, estas interrupciones elevan los costos empresariales y constituyen una perturbación negativa de la productividad que reduce la actividad económica.
Por el lado de la demanda,la pérdida de ingresos, el temor al contagio y la mayor incertidumbre harán que las personas gasten menos. Es posible que se despida a trabajadores porque las empresas no puedan pagar sus salarios. Estos efectos pueden ser especialmente graves en algunos sectores, como el turismo y la hostelería, como se ha visto, por ejemplo, en Italia. Desde el inicio de la reciente caída del mercado bursátil estadounidense, el 20 de febrero de 2020, los precios de las acciones de las aerolíneas se han visto afectados de forma desproporcionada, en una medida comparable a la observada tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, pero menor que después de la crisis financiera mundial. Además de estos efectos sectoriales, el deterioro de la confianza de consumidores y empresas puede llevar a las compañías a prever una menor demanda y reducir sus gastos e inversiones. A su vez, esto agravaría los cierres de empresas y la pérdida de empleos.
Efectos financieros y repercusiones
Como se ha observado en los últimos días, los costos de endeudamiento pueden aumentar y las condiciones financieras endurecerse, ya que los bancos sospechan que los consumidores y las empresas quizá no puedan reembolsar sus préstamos a tiempo. El mayor costo del endeudamiento dejará al descubierto vulnerabilidades financieras acumuladas durante años de tasas de interés bajas y aumentará el riesgo de que no se pueda refinanciar la deuda. Una reducción del crédito podría intensificar la desaceleración provocada por las perturbaciones de la oferta y la demanda.
Cuando estas perturbaciones se producen simultáneamente en muchos países, sus efectos pueden amplificarse aún más a través de los vínculos comerciales y financieros internacionales, lo que debilita la actividad mundial y hace bajar los precios de las materias primas. En las últimas semanas, los precios del petróleo han caído drásticamente y se sitúan alrededor de un 30 por ciento por debajo de los niveles de principios de año. Los países que dependen del financiamiento externo podrían correr el riesgo de sufrir interrupciones repentinas de los flujos de capital y condiciones de mercado desordenadas, lo que quizá requiera intervenciones cambiarias o medidas temporales sobre los flujos de capital.
Se necesitan políticas económicas focalizadas
Dado que las repercusiones económicas reflejan perturbaciones especialmente agudas en sectores específicos, los responsables de formular políticas deberán aplicar medidas sustanciales focalizadasde política fiscal, monetaria y de los mercados financieros para ayudar a los hogares y las empresas afectados.
Los hogares y las empresas afectados por interrupciones de la oferta y una caída de la demanda podrían recibir ayudas focalizadas en forma de transferencias de efectivo, subsidios salariales y alivio fiscal, que ayuden a las personas a cubrir sus necesidades y a las empresas a mantenerse a flote. Por ejemplo, entre otras medidas, Italia ha prorrogado los plazos para el pago de impuestos de las empresas de las zonas afectadas y ampliado el fondo de complementación salarial para brindar apoyo a los ingresos de los trabajadores despedidos; Corea ha introducido subsidios salariales para pequeños comerciantes y aumentado las prestaciones para cuidadores a domicilio y personas que buscan empleo; y China ha eximido temporalmente a las empresas de las cotizaciones a la seguridad social. Para quienes hayan perdido su empleo, el seguro de desempleo podría reforzarse temporalmente mediante la ampliación de su duración, el aumento de las prestaciones o la flexibilización de los requisitos de acceso. Cuando las licencias remuneradas por enfermedad y por motivos familiares no formen parte de las prestaciones habituales, los gobiernos deberían considerar financiarlas para que los trabajadores enfermos o sus cuidadores puedan quedarse en casa sin temor a perder el empleo durante la epidemia.
Los bancos centrales deberían estar preparados para proporcionar abundante liquidez a los bancos y a las entidades financieras no bancarias, en particular a las que prestan a pequeñas y medianas empresas, que quizá estén menos preparadas para resistir una interrupción brusca. Los gobiernos podrían ofrecer garantías de crédito temporales y focalizadas para atender las necesidades de liquidez a corto plazo de estas empresas. Por ejemplo, Corea ha ampliado los préstamos para operaciones empresariales y las garantías crediticias para las pequeñas y medianas empresas afectadas. Los reguladores y supervisores de los mercados financieros también podrían promover, de forma temporal y por un plazo definido, la ampliación de los vencimientos de los préstamos.
Un estímulo monetario más amplio, como los recortes de las tasas de política monetaria o las compras de activos, puede elevar la confianza y respaldar los mercados financieros si existe un riesgo considerable de un endurecimiento sustancial de las condiciones financieras (las medidas de los principales bancos centrales también pueden generar efectos favorables para los países vulnerables). Un estímulo fiscal de base amplia, acorde con el margen fiscal disponible, puede impulsar la demanda agregada, pero probablemente será más eficaz cuando las operaciones empresariales comiencen a normalizarse.
Dado el amplio alcance de la epidemia en muchos países, los extensos vínculos económicos transfronterizos y los importantes efectos sobre la confianza que repercuten en la actividad económica y los mercados financieros y de materias primas, está claro que se necesita una respuesta internacional coordinada. La comunidad internacional debe ayudar a los países con capacidad sanitaria limitada a evitar una catástrofe humanitaria. El FMI está preparado para apoyar a los países vulnerables mediante distintos mecanismos de préstamo, incluido el financiamiento de emergencia de rápido desembolso, que podría ascender hasta 50.000 millones de dólares para países de bajo ingreso y mercados emergentes.





