Una investigadora de literatura sugiere 5 libros que la transportan a otros lugares.
De París a la India, los libros nos llevan a distintas partes del mundo.
Todo el mundo conoce el concepto de los «libros para una isla desierta»: las novelas que quizá llevarías contigo si fueras a quedar varado en una isla desierta. Debido a la pandemia, muchos de nosotros estamos efectivamente varados, salvo que, en lugar de descansar en playas bordeadas de palmeras, estamos confinados en bloques de apartamentos urbanos, casas adosadas de las afueras o viviendas de pueblos.
Un buen libro puede ayudarnos a olvidarnos del mundo que nos rodea y también a sustituir nuestro anhelo de paisajes más verdes. Puede llevarnos del sofá a las playas de Tailandia (como en La playa, de Alex Garland) o a las calles de Nueva York (como en Ciudad de cristal, de Paul Auster).
Así que, como investigadora y docente de literatura, he elegido cinco novelas que me permiten estar en otro lugar con la imaginación, ya sea en un magnífico entorno rural inglés, en las calles de una metrópolis europea o en la extensa zona urbana de una ciudad india sin nombre.
Kazuo Ishiguro: Los restos del día
Los restos del día cuenta la historia de Stevens, el anciano mayordomo de Darlington Hall, y de sus desacertadas decisiones vitales, que lo llevaron a involucrarse, aunque solo desde los márgenes, con el fascismo británico durante el período de entreguerras.
Esta alusión al fascismo británico en particular es lo que hace destacar a la novela: es un tema del que no se suele hablar ni siquiera enseñar.
Pero ahora encuentro un consuelo especial en las hermosas descripciones de la campiña que hace Ishiguro, y que Stevens —poco acostumbrado a la libertad de viajar— descubre durante su recorrido por el suroeste de Inglaterra:
Lo que vi fue, sobre todo, campo tras campo que se extendía hasta perderse en la lejanía. El terreno subía y bajaba suavemente, y los campos estaban delimitados por setos y árboles… Era, sin duda, una sensación maravillosa estar allí de pie, con el sonido del verano a mi alrededor y una brisa ligera en el rostro.
A medida que se prolonga el confinamiento, es una sensación que anhelo.
W. G. Sebald: Los emigrados
Esta colección de cuatro novelas cortas transcurre principalmente en Inglaterra y Alemania, pero también ofrece atisbos de Estados Unidos, Egipto, Bélgica y Suiza. Al centrarse en un protagonista distinto en cada novela, Sebald retrata cómo las largas sombras de la Segunda Guerra Mundial afectaron a las personas, y también cómo Alemania ha afrontado su turbulento pasado.
Sus descripciones de los jardines iluminados del balneario de la ciudad de Kissingen, con «farolillos chinos tendidos de avenida en avenida, que derramaban una luz mágica y colorida» y «las fuentes frente al edificio del Regent» que lanzaban chorros «alternando plata y oro», evocan imágenes de tiempos pasados y de una ciudad que aún no sufría el azote del antisemitismo.
La narración de Sebald es un collage de ficción, biografía, autobiografía, literatura de viajes y filosofía. Su prosa está tan llena de belleza serena y elocuencia que siempre me ayuda a olvidarme de lo que me rodea y a entrar en un espacio «sebaldiano» tranquilo y contemplativo.
Patrick Modiano: Dora Bruder
Dora Bruder reconstruye la historia real de Dora Bruder, una joven judía que desapareció en París en diciembre de 1941.
Modiano intenta reconstruir los recorridos de Dora por París, y su libro está lleno de evocadoras descripciones de plazas tranquilas y calles bulliciosas donde ella pudo haber pasado algún tiempo.
En comparación con la avenida de Saint-Mandé, la avenida Picpus, a la derecha, es fría y desolada. Sin árboles, como la recuerdo. Ah, la soledad de regresar aquellas tardes de domingo.
Desde la primera página queda claro que la ciudad de París adquiere el estatus de un personaje y que, como lectores, podemos seguir en un mapa los recorridos del narrador (y de Dora).
Si conocemos París, podemos imaginar dónde están. Al seguir los posibles pasos de Dora, Modiano recrea de forma evocadora la atmósfera crepuscular de París durante la ocupación.
Rohinton Mistry: Un delicado equilibrio
Un delicado equilibrio es una narración extensa que lleva al lector hasta el subcontinente indio.
Ambientada primero en 1975, durante el período del estado de excepción, y luego en los caóticos tiempos de los disturbios antisijes de 1984, la novela de Mistry se centra en la vida de cuatro personajes principales, que se precipita en una espiral descendente: de la pobreza a la indigencia absoluta y, por último, a la muerte.
Mistry no maquilla la realidad de la pobreza urbana en la India. Su narración no elude las enfermedades ni los barrios marginales superpoblados, con «chozas precarias» situadas «más allá de la valla del ferrocarril, junto a una zanja por la que corrían aguas residuales sin tratar». No son lugares en los que quisiéramos estar. Pero, como lectores, nos sumergimos por completo en la vida de sus personajes: compartimos sus esperanzas, tememos por ellos y, al final, lloramos por ellos.
Elena Ferrante: La amiga estupenda
Las novelas de Elena Ferrante me llevan directamente a mi ciudad favorita, Nápoles. La tetralogía, que empieza con La amiga estupenda, narra la intensa relación entre dos niñas, Elena «Lenù» Greco y Raffaella «Lila» Cerullo, que crecen en un barrio pobre durante la década de 1950.
Leer la extensa narración de Ferrante evoca imágenes de Nápoles y me hace sentir que estoy en la Piazza del Plebiscito o tomando un espresso en el histórico Caffè Gambrinus. Junto a Lenù, puedo ver el Vesubio al otro lado del golfo de Nápoles, con su:
delicada silueta de tonos pastel, a cuyos pies se apilaban las piedras blanquecinas de la ciudad, junto a la franja color tierra del Castel dell’Ovo y el mar.
Puedo sentir, oír y oler Nápoles a mi alrededor. Leer sobre la ciudad quizá no sea tan bueno como estar allí en persona, pero, por ahora, es lo más parecido.
Por supuesto, los libros no pueden detener una pandemia mundial. Pero, por un breve rato, pueden permitirnos olvidar el mundo que nos rodea y, en su lugar, transportarnos a otros lugares, para que al menos viajemos con la imaginación.






