Es temporada de resfriados y gripe, así que muchos estamos ahora indispuestos por un virus. Pero ¿qué es exactamente un virus? Y, de hecho, ¿están vivos?
Fuera de una célula huésped, estas extrañas partículas microscópicas, o viriones, solo constan de un pequeño fragmento de información genética (unas 10.000 veces menos que la contenida en el genoma humano) y una cubierta de proteínas o lípidos (moléculas grasas). Si estas partículas sonseres vivos es un tema muy debatido, ya que no cumplen muchos de los criterios habituales de la vida.
Aunque no existe un acuerdo formal sobre qué define la vida, la mayoría de las definiciones incluyen la capacidad de adaptarse al entorno, reproducirse, responder a estímulos y utilizar energía.
Aunque, según los criterios aplicados, la partícula vírica quizá no cumpla la definición de vida, para algunos virólogos como yo pensar en el virión como el «virus» es como llamar «persona» a un espermatozoide o a un óvulo no fecundado. Sin duda, un espermatozoide es un paso esencial para crear una persona, pero pocos sostendrían que un espermatozoide o un óvulo no fecundado deban describirse como el producto terminado.
Al igual que los espermatozoides, los viriones se producen por millones. Muchos nunca llegarán a su destino: se pierden y se degradan en el entorno. El ciclo de replicación del virus solo puede comenzar cuando este se adhiere a una célula objetivo y entra en ella.
Un virión ni siquiera contiene siempre la mayoría de las moléculas que puede crear un virus. Por ejemplo, el norovirus virión contiene solo tres tipos distintos de proteínas y un tipo de ARN (un ácido nucleico como el ADN, que utiliza un azúcar diferente para formar su estructura). Sin embargo, las células infectadas producen al menos ocho proteínas víricas distintas y cuatro tipos distintos de ARN vírico.
La propia partícula vírica tampoco suele causar los síntomas de la enfermedad. Por lo general, cuando contraes un virus, los síntomas se deben a que mueren las células infectadas o a la respuesta inmunitaria frente a esas células.
Por estas razones, algunos virólogos consideran que el virus es la célula infectada, y no el virión.
Soy virus
Aunque esta idea parezca descabellada, desde la concepción hasta la muerte, tus células están estrechamente asociadas con los virus. Aunque no tengas un resfriado ni gripe, sigues siendo en parte virus, pues el ADN humano alberga diversos virus.
Se trata de retrovirus, cuyo ejemplo más conocido es el VIH. Aunque el VIH entró en la población humana hace relativamente poco, virus muy parecidos llevan infectándonos a nosotros y a las criaturas de las que evolucionamos desde mucho antes de que existieran los seres humanos.
Mientras que el VIH infecta las células inmunitarias, si un retrovirus infecta en cambio las células que producen óvulos o espermatozoides, cualquier descendiente puede heredar el ADN vírico. A lo largo de millones de años, estos virus han perdido la capacidad de producir partículas infecciosas, pero en algunos casos han adquirido otras funciones vitales y ahora son indispensables para la vida humana.
Un ejemplo bien estudiado es una proteína llamada Syncytin-1, esencial para el desarrollo de la placenta. En un principio, era una proteína retrovírica que se incorporó a la población de monos que dio origen a los seres humanos hace unos 24 millones de años. Si elimináramos esta proteína de nuestro ADN, la humanidad se extinguiría rápidamente, ya que dejaríamos de poder producir una placenta funcional.
Todos estos virus que se insertaron en nuestro ADN hace mucho tiempo se denominan retrovirus endógenos (ERV). En los seres humanos, los ERV perdieron hace mucho la capacidad de producir viriones infecciosos, pero no ocurre lo mismo en todos los animales. Los ERV porcinos, por ejemplo, pueden producir partículas infecciosas y son motivo de preocupación al considerar el uso de órganos de cerdo para trasplantes, ya que se sabe que pueden infectar células humanas en el laboratorio.
Límites difusos
Si el virus es la célula infectada y no el virión, incluso podrías pensar que los virus capaces de infectarnos son humanos en más de un 99,9 %. Esto se debe a que necesitan muchas de las proteínas humanas u otras moléculas presentes en tus células y codificadas en tu ADN para producir más virus.
Una célula humana es muchísimo más compleja que incluso el virus más grande, y los virus pueden aprovecharse de ello para compensar su propia simplicidad. Los virus y sus células huésped comparten muchas necesidades. Deben poder producir ARN, proteínas y lípidos, y disponer de las materias primas para generarlos. Como una célula huésped ya contiene todos los componentes necesarios para ello, un virus puede limitarse a aportar sus propias instrucciones en forma de genoma vírico y dejar que la célula haga la mayor parte del trabajo.
Para crear un virus hacen falta muchas más proteínas celulares que proteínas víricas. Un virus solo tiene que aportar instrucciones para los pocos componentes que la célula huésped no puede producir. Un ejemplo son los virus cuyo virión tiene una membrana lipídica, como el de la gripe. Esta membrana suele reciclarse de las membranas celulares. La incorporación de un par de proteínas víricas la convierte en la cubierta membranosa del virión.
Este uso de componentes de la célula huésped por parte de los virus también explica por qué ha sido tan difícil desarrollar medicamentos antivíricos eficaces. Al igual que ocurre con el tratamiento del cáncer, hay muy pocas diferencias entre las células infectadas y las células humanas normales, lo que hace extremadamente difícil crear un medicamento que solo ataque a las células infectadas. Para que sea eficaz, hay que atacar esa diminuta parte de la célula infectada que es exclusivamente vírica, sin dañar el resto.
Entonces, ¿están vivos los virus? La cuestión sigue sin resolverse y depende, en realidad, de qué entendamos por virus. Sin embargo, lo que sí parece claro es que los virus que nos infectan pueden considerarse en parte humanos, y que nosotros somos en parte virus.

