Practicar actividades físicas de alta intensidad, como nadar o jugar un partido de tenis, una vez a la semana ayuda a prevenir el dolor musculoesquelético crónico, según un nuevo estudio.
Los investigadores comprobaron que el dolor persistente era más frecuente en las mujeres, posiblemente debido a diferencias hormonales, y en las personas con obesidad o sobrepeso.
El dolor crónico es un problema social importante, y las quejas de dolor son una de las principales causas del absentismo laboral y de las visitas a urgencias.
Quienes deseen evitar uno de los peores efectos secundarios del envejecimiento, es decir, el dolor de huesos, articulaciones y músculos que no desaparece, quizá deban hacer ejercicio con mucha más intensidad y con más frecuencia de lo que se creía hasta ahora.
Según un nuevo estudio, solo los niveles altos de actividad practicados al menos una vez a la semana (jugar al tenis, correr, nadar, cavar con pala o realizar trabajos físicos duros como parte de la actividad laboral) parecen ayudar a prevenir el dolor musculoesquelético crónico a largo plazo.
El estudio, dirigido por el Dr. Nils Niederstrasser de la Universidad de Portsmouth, analizó los datos de 5802 personas de 50 años o más durante diez años.
Casi la mitad (algo más de 2400) declaró sufrir dolor musculoesquelético al final del periodo de diez años.
El Dr. Niederstrasser afirma que «el dolor crónico es un problema enorme a cualquier edad, y una de las principales causas de que las personas se den de baja por enfermedad en el trabajo o acudan a urgencias. Es uno de los problemas más extendidos y complejos en la comunidad médica y, para muchas personas que lo sufren, conduce a una menor calidad de vida y a un mal bienestar».
«Es bien sabido que el dolor tiende a ser más frecuente a medida que envejecemos, por lo que es fundamental analizar qué puede ayudar a prevenirlo y reducirlo».
«La falta de estudios longitudinales sobre los factores de riesgo del dolor crónico en personas mayores es alarmante».
«Por muchas razones complejas, la solución al problema del dolor crónico en las personas mayores ha resultado difícil de alcanzar».
El estudio es el primero en analizar la experiencia del dolor crónico junto con el género, el IMC, la edad y la riqueza durante un largo periodo de tiempo.
La coautora del informe, la Dra. Nina Attridge, también de la Universidad de Portsmouth, afirmó que cualquier actividad ayudaba a reducir las probabilidades de sufrir dolor, pero que, con el tiempo, solo los niveles altos de actividad física parecían reducir el riesgo de que alguien desarrollara dolor musculoesquelético.
Afirmó que se comprobó que tener bajos ingresos, ser mujer y tener sobrepeso u obesidad son, de forma independiente, factores de riesgo para sufrir dolor musculoesquelético.
Espera que los hallazgos animen a quienes diseñan programas para ayudar a las personas a evitar el dolor crónico a incluir la actividad física vigorosa periódica, los programas de pérdida de peso y las formas de atender a las personas con ingresos más bajos.
En el estudio, el ejercicio moderado incluyó actividades como bailar, caminar, estirarse y hacer jardinería.
La actividad leve incluyó actividades como lavar la ropa, pasar la aspiradora y hacer bricolaje.
El Dr. Niederstrasser afirma que «esa actividad, cualquier actividad, sí ayuda a las personas a mantenerse sanas y a sentirse mejor que si no hacen ejercicio, pero el ejercicio leve no parece tener un efecto a largo plazo en el desarrollo del dolor crónico».
«La actividad no solo debe ser vigorosa, sino que debe practicarse al menos una vez a la semana».
«Una persona que, por ejemplo, va en bicicleta una vez al mes y cuya única otra actividad son las tareas domésticas ligeras seguiría considerándose sedentaria».
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El estudio comprobó que el dolor persistente era más frecuente en las mujeres, posiblemente debido a diferencias hormonales; en las personas con obesidad o sobrepeso, probablemente porque el peso adicional supone una carga para las articulaciones del cuerpo; y en las personas con menos recursos económicos, posiblemente porque una mayor renta disponible puede permitir buscar atención adicional, además de la cubierta por los seguros o los servicios nacionales de salud, para tratar dolencias y lesiones.
Resumen
Asociaciones entre el dolor y la actividad física en personas mayores
Objetivos
El dolor crónico es un problema social importante, y las quejas de dolor son una de las principales causas del absentismo laboral y de las visitas a urgencias. La actividad física se ha asociado con un menor riesgo de sufrir quejas de dolor musculoesquelético, pero no se conoce con exactitud la relación en una muestra de personas mayores.
Métodos
Los participantes informaron por sí mismos de su nivel de actividad física y de si con frecuencia les molestaba el dolor de huesos, articulaciones o músculos. Los análisis de regresión logística revelaron la naturaleza de la relación entre el dolor musculoesquelético y la actividad física, de forma transversal y longitudinal, a lo largo de 10 años. Los datos proceden del English Longitudinal Study of Ageing, que comprende 5802 personas que residen en Inglaterra y tienen 50 años o más.
Resultados
Solo los niveles altos de actividad física se asociaron longitudinalmente con un menor riesgo de sufrir dolor musculoesquelético en comparación con un estilo de vida sedentario. Además, se comprobó que tener pocos recursos económicos, ser mujer y tener sobrepeso u obesidad son factores de riesgo para sufrir dolor musculoesquelético.
Conclusiones
El desarrollo de intervenciones destinadas a aliviar y prevenir las quejas de dolor musculoesquelético podría beneficiarse de la incorporación de programas de actividad física, la pérdida de peso y los aspectos que abordan la desigualdad de riqueza, a fin de maximizar su eficacia.


