Un nuevo estudio utiliza datos de las Naciones Unidas para medir cómo se respetan los derechos de la infancia en todo el mundo.
Islandia, Suiza y Finlandia encabezan la clasificación.
Pero, en todo el mundo, millones de niños viven en pobreza extrema debido a la COVID-19.
De los numerosos efectos trágicos de la COVID-19, su impacto en los jóvenes podría convertirse en uno de sus legados más perjudiciales.
Los autores de un nuevo informe afirman que la crisis ha «hecho retroceder el reloj» tras años de avances en el bienestar infantil y ha sometido los derechos de la infancia a una grave presión en todo el mundo.
El Índice KidsRights 2020 mide cómo se respetan los derechos de la infancia en todo el mundo y hasta qué punto los países se comprometen a mejorarlos.
Los datos no incluyen directamente el impacto de la pandemia, pero el informe general, presentado en el contexto del coronavirus, advierte del impacto «desastroso» de la crisis en los niños.
El índice concluye que los cinco mejores lugares para crecer con salud, una buena educación y respeto son economías occidentales desarrolladas. Pero también arroja resultados más sorprendentes.
La ONG de defensa de la infancia KidsRights se basa en datos de la UNESCO, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño para elaborar el informe anual.
Agrupa 20 indicadores en cinco ámbitos: el derecho a la vida; el derecho a la salud; el derecho a la educación; el derecho a la protección; y el entorno propicio para los derechos de la infancia.
En 2020, Islandia encabeza la lista de 182 países y obtiene una buena puntuación en su «entorno de derechos de la infancia», gracias a una legislación que los promueve, la atención al interés superior del niño y el respeto por sus opiniones. En educación, comparte el primer puesto con otros siete países,
Suiza ocupa el segundo puesto y encabeza la categoría de protección, que evalúa el trabajo infantil, la tasa de natalidad adolescente y la inscripción de nacimientos. Finlandia —otro de los países que comparten el primer puesto en educación— ocupa el tercer lugar, mientras que Suecia y Alemania completan los cinco primeros puestos.
Se destaca a Italia por sus importantes avances en cuatro de los cinco ámbitos evaluados. Ha pasado del puesto 74 en 2019 al 15 en 2020.
Los cinco países con las puntuaciones más bajas son la República Centroafricana, Guinea Ecuatorial, Sierra Leona, Afganistán y Chad.
Tailandia y Túnez, entre los 20 primeros
Según KidsRights, los países desarrollados no siempre obtienen mejores resultados. Esto se debe a que, en lugar de limitarse a clasificar los lugares donde los niños tienen la mejor vida, el índice puntúa a los países en función de su capacidad para aplicar los derechos de la infancia.
Así, varios países industrializados, como el Reino Unido (puesto 169), Nueva Zelanda (168) y Australia (135), ocupan puestos bastante bajos en la lista, mientras que algunos países menos desarrollados, como Tailandia (8) y Túnez (17), obtienen resultados relativamente buenos.
El análisis de cada categoría también ofrece un panorama interesante. Por ejemplo, en el ámbito de la vida —que tiene en cuenta criterios como la tasa de mortalidad y la esperanza de vida al nacer— los tres primeros puestos corresponden a Japón, Italia y Singapur. En salud, Portugal, Israel y Corea del Sur encabezan la clasificación. Y Tailandia, Islandia y Túnez ocupan los tres primeros puestos en cuanto a las condiciones propicias para los derechos de la infancia.
Financiación mundial insuficiente
El informe de KidsRights advierte que, en todo el mundo, los países no destinan suficiente dinero a los derechos de la infancia y que es poco probable que la situación mejore mientras los gobiernos se centran en la atención sanitaria y la economía durante la pandemia.
Los efectos de la crisis se sienten en todos los ámbitos de la vida de los niños: desde la salud, el desarrollo y el comportamiento hasta la educación, la seguridad económica y la protección frente a la violencia y los abusos.
Más de 1.500 millones de niños se han visto afectados por el cierre de las escuelas; niños y niñas han quedado más expuestos al trabajo infantil, al matrimonio infantil y al embarazo adolescente; y los programas de vacunación interrumpidos podrían provocar un gran aumento de la mortalidad infantil.
Aunque, hasta ahora, los niños no se han visto afectados en gran medida por los efectos directos de la COVID-19 en la salud, la pandemia está teniendo un «efecto profundo» en su bienestar, afirma la ONU. Otros 42 a 66 millones de niños corren el riesgo de caer en la pobreza extrema.
Como afirma Marc Dullaert, presidente fundador de KidsRights: «Dar la espalda a los niños puede ser desastroso a corto plazo, pero aún más a largo plazo, tanto para la generación actual como para las futuras».
