Esto es lo que 2016 nos enseñó sobre el futuro de la salud mundial

Molecular Genetics Technical Specialist Jaime Wendt (R) and Mike Tschannen work in the Human and Molecular Genetics Center Sequencing Core at the Medical College of Wisconsin in Milwaukee May 9, 2014. Once strictly the domain of research labs, gene-sequencing tests increasingly are being used to help understand the genetic causes of rare disease, putting insurance companies in the position of deciding whether to pay the $5,000 to $17,000 for the tests. Genetics experts say that sequencing more than doubles the chances that families get a diagnosis, and saves spending on multiple tests of single genes. Even if no treatment is found, the tests can also end hugely expensive medical odysseys as parents frantically search for the cause of their child's furtive illness. Picture taken May 9, 2014. To match Insight HEALTH-SEQUENCING/ REUTERS/Jim Young (UNITED STATES - Tags: SCIENCE TECHNOLOGY HEALTH SOCIETY BUSINESS) - RTR3UNAX
There were some inspiring developments in global health in 2016.Image: REUTERS/Jim Young
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Al echar la vista atrás a 2016, puede que no parezca que haya mucho que celebrar. Solo en materia de salud mundial, el año pareció estar marcado por una tragedia incesante. Además de las noticias sobre hospitales bombardeados en zonas de conflicto, el virus del Zika surgió como una amenaza creciente. También proliferaron los microbios resistentes a los antibióticos, o «superbacterias», continuó el resurgimiento de la fiebre amarilla y reapareció la polio en Nigeria, que anteriormente había sido declarada libre de polio. Se frustraron las esperanzas de contar con una vacuna contra el virus respiratorio sincitialse vieron frustradas. Y en Europa aumentó la incidencia de muertes relacionadas con el alcohol.

Sin embargo, entre todas las malas noticias, en 2016 también hubo avances inspiradores en materia de salud mundial.

El primero tuvo lugar en Tanzania y Mozambique, donde ratas gigantes africanas, que previamente habían sido adiestradas por la ONG belga APOPO para detectar minas terrestres, fueron destinadas a ayudar en la lucha contra la tuberculosis (TB). Las ratas pasan por un proceso de adiestramiento exhaustivo, en el que se las expone a diversos estímulos, se les enseña a interactuar con las personas y a detectar la TB en muestras de esputo (mucosidad expulsada al toser desde las vías respiratorias inferiores). Las ratas pueden detectar la TB con una precisión de casi el 100 %, aunque no distinguen entre cepas normales y resistentes a los fármacos.

Image: The Lancet

Un segundo avance positivo fue la creación de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI). La aparición de enfermedades infecciosas (como el ébola, la chikungunya y el zika, y, anteriormente, el SARS, la gripe porcina y el MERS) suele poner de manifiesto la capacidad insuficiente de los sistemas de salud pública para crear defensas con rapidez.

La CEPI se propone cambiar esta situación. Sus miembros —procedentes de organizaciones internacionales, gobiernos, la industria, entidades públicas y filantrópicas que financian la investigación y el desarrollo, el mundo académico, ONG y grupos de la sociedad civil— trabajarán para desarrollar nuevas vacunas que impidan que las enfermedades infecciosas emergentes se conviertan en epidemias.

El tercer avance positivo de 2016 fue el progreso en la lucha contra la malaria. Las muertes por malaria llevan años disminuyendo. En África, donde se registran las tasas de mortalidad por malaria más elevadas del mundo, el número de víctimas descendió de más de 800 000 al año en 2000 a aproximadamente 400 000 el año pasado.

Además, en 2015, tras casi tres décadas de investigación y desarrollo, los reguladores europeos de medicamentos aprobaron la primera vacuna humana autorizada contra la malaria: RTS,S, o Mosquirix. A partir de aquí, el camino no necesariamente será fácil: los investigadores han observado que el efecto de la vacuna se debilita con el tiempo y que su eficacia es de solo el 4 % a lo largo de un período de siete años.

Pero la vacuna sigue siendo un gran avance. Como reflejo de su potencial para salvar vidas, la Organización Mundial de la Salud ha conseguido financiación para una fase inicial de ensayos; a partir de 2018, la OMS implementará programas piloto de RTS,S para evaluar su eficacia en condiciones reales en África subsahariana.

Hay más buenas noticias en materia de vacunas: se ha desarrollado una vacuna contra el herpes zóster. El herpes zóster, una enfermedad vírica caracterizada por una erupción cutánea dolorosa con ampollas, se debe a la reactivación del virus de la varicela en el organismo. Si la erupción afecta al ojo, puede producirse pérdida de visión. Algunas personas sufren dolor nervioso persistente, que puede durar meses o incluso años. La nueva vacuna es mucho más eficaz que la que se encuentra disponible actualmente, que reduce el riesgo de contraer herpes zóster en apenas un 50 % aproximadamente.

La fiebre del dengue también se puede prevenir ahora con una vacuna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el dengue es la enfermedad vírica transmitida por mosquitos más importante y de más rápido crecimiento del mundo, y causa cerca de 50 millones de infecciones al año. Sin embargo, en 2016 se aprobó en 12 países la primera vacuna contra el dengue, Dengvaxia, que actualmente sigue siendo la única.

Dengvaxia ha recibido el respaldo de importantes sociedades médicas a nivel nacional y regional. Las recomendaciones coinciden con el documento de posición de la OMS que recomienda que los países con una elevada carga de la enfermedad consideren introducir la vacuna como parte de un programa integrado de control del dengue.

Por si fuera poco, ahora también tenemos una vacuna contra el ébola. Se ha demostrado que una vacuna experimental probada en seres humanos ofrece una protección del 100 % contra la enfermedad. Aunque ninguna autoridad reguladora la ha aprobado todavía, se considera tan potente que se ha creado una reserva de emergencia de 300 000 dosis para usarla en caso de que se produzca otro brote.

También se ha logrado contener enfermedades para las que no tenemos vacunas. Por ejemplo, las infecciones y las muertes por VIH se han estabilizado pese al rápido crecimiento demográfico de África. Esto demuestra el enorme esfuerzo realizado para combatir la epidemia de VIH/sida mediante programas de prevención, educación y tratamiento. Para mantener los avances frente a la epidemia, la comunidad mundial de la salud debe sostener estos esfuerzos.

Además, las Américas están ahora prácticamente libres de la oncocercosis, una infección parasitaria transmitida por moscas negras que causa picazón y, en los casos graves, pérdida de visión. Guatemala ha sido declarada libre de la enfermedad, lo que significa que, en las Américas, solo queda afectada una zona remota de la Amazonía.

También estamos un paso más cerca de eliminar la filariasis linfática, también conocida como elefantiasis. Causada por el gusano filárico, la elefantiasis es una infección parasitaria que puede provocar una hinchazón terrible de las piernas y el escroto. Este año, Camboya, las Islas Cook, Niue y Vanuatu recibieron el reconocimiento de la OMS por haber eliminado la filariasis linfática como problema de salud pública.

También está al borde de la erradicación el gusano de Guinea, un desagradable parásito tropical que se transmite a través del agua contaminada. Según el Centro Carter, una de las organizaciones que encabezan los esfuerzos para erradicar el gusano de Guinea, hubo alrededor de dos docenas de casos durante los primeros diez meses de 2016. El gusano de Guinea está ahora encaminado a convertirse en la segunda enfermedad humana erradicada de la historia.

Al comenzar 2017, es importante reconocer las victorias en materia de salud pública que hemos conseguido. Por malas que parezcan las cosas y por dolorosos que sean los obstáculos, hay muchos motivos para mantener la esperanza y seguir trabajando por un futuro mejor y más saludable.

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