Los efectos de la pandemia han agravado años de financiación sistemáticamente insuficiente de la sanidad, lo que ha llevado a millones de enfermeras a dejar la profesión.
Las enfermeras de todo el mundo han sufrido agotamiento; casi el 50 % de las enfermeras de Canadá cumplía los criterios del TEPT y el 73 % de las de Omán ha tenido problemas para dormir.
El Consejo Internacional de Enfermeras advirtió de que podría haber un déficit de 13 millones de enfermeras para 2030 si no se toman medidas drásticas.
Agotamiento, cansancio y maltrato—así como unas 115.000 muertes estimadas por COVID— han mermado la fuerza laboral sanitaria mundial.
En un informe (PDF) publicado el lunes 24 de enero, el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), una organización con sede en Ginebra que agrupa asociaciones de enfermería de todo el mundo, calculó que el mundo podría tener un déficit de 13 millones de enfermeras para 2030, a menos que se actúe para frenar la pérdida de profesionales y atraer nuevas incorporaciones al sector sanitario.
«Sabíamos que la situación era frágil debido a la persistente falta histórica de financiación de la enfermería en todo el mundo», afirmó Howard Catton, director ejecutivo del Consejo Internacional de Enfermeras, con sede en Ginebra y representante de más de 27 millones de enfermeras en 130 países. «Pero, a la luz de los datos más recientes sobre las vacantes de enfermería, la intención de dejar la profesión y las tasas de enfermedad del personal, ahora hay que reconocer que se trata de una crisis mundial».
Agotamiento de las enfermeras, de España a China
La encuesta del informe a asociaciones de enfermería de todo el mundo ofreció un panorama desolador de una fuerza laboral bajo presión. En España, las enfermeras denunciaron una escasez crónica de equipos de protección individual (EPI), y el 30 % contrajo COVID. En Canadá, el 52 % de las enfermeras señaló que la dotación de personal era insuficiente y el 47 % alcanzó el umbral diagnóstico de posible TEPT.
El agotamiento hacía mella en las enfermeras de todo el mundo: el 40 % en Uganda, el 60 % en Bélgica y el 63 % en Estados Unidos. En Omán, el 38 % de las enfermeras afirmó estar deprimida y el 73 % tenía problemas para dormir. El 57 % de las enfermeras del Reino Unido tenía previsto dejar su trabajo en 2021, frente al 36 % de 2020. El 38 % de las enfermeras del Líbano ya no quería ejercer la profesión, pero seguía en su puesto porque sus familias necesitaban el dinero.
En Australia, el 17 % de las enfermeras había buscado apoyo para su salud mental. En China, el 6,5 % de las enfermeras declaró haber tenido pensamientos suicidas.
La escasez actual agrava la escasez futura
Antes de que la pandemia, que entra ahora en su tercer año, golpeara con fuerza, ya faltaban en el mundo unos 5,9 millones de enfermeras, concentradas en gran medida en países de ingresos bajos y medios. A medida que los países más ricos atraen a enfermeras de otros países, estas disparidades podrían agravarse. Mientras tanto, la falta de personal en los hospitales de Estados Unidos también ha provocado un descenso de la proporción de enfermeras por paciente, que se ha acentuado desde la COVID.
El exceso de pacientes y la escasez de enfermeras aumentan la presión sobre el personal existente, a veces hasta niveles intolerables. Durante la pandemia, las malas condiciones laborales empeoraron, y las encuestas del CIE en los países miembros han detectado un patrón de agotamiento entre sus enfermeras. Catton afirma que, en el año transcurrido entre 2020 y 2021, la «intención de dejar la profesión», un indicador de la posible pérdida de profesionales, se duplicó y alcanzó entre el 20 % y el 30 % de la fuerza laboral de un país.
Es demasiado pronto para saber cuáles serán las consecuencias finales para el colectivo de enfermería (al fin y al cabo, la pandemia aún continúa), pero el CIE proyecta que una caída del 4 % de la fuerza laboral actual elevaría el déficit mundial en más de un millón para el final de la pandemia, hasta los 7 millones de enfermeras. El CIE advierte que la cifra podría dispararse a 13 millones para 2030 (PDF), y se prevé que más de 6 millones de enfermeras se jubilen durante la próxima década.
Mientras tanto, las secuelas prolongadas de la COVID, incluida la necesidad de administrar las distintas dosis de vacunación y refuerzo, así como de atender a los millones de personas que padecen COVID persistente, aumentan la demanda de personal sanitario y amplían aún más la brecha entre el número de enfermeras en activo y el que necesita el mundo. Además, los profundos cambios demográficos que se están produciendo en todo el planeta, con una proporción cada vez mayor de personas mayores en muchos países, también elevarán la demanda de cuidados de enfermería.
Es posible evitar o, al menos, mitigar el aumento del déficit, pero el mundo tendrá que invertir dinero: pagar mejor a las enfermeras, proporcionarles mejores equipos y mejorar los niveles de dotación de personal de los hospitales, para que no sientan que dejar la profesión es su única opción.

