El ejercicio hace que sea un 50% más probable tener más anticuerpos tras una vacuna

A woman jogs with her dog on Zuma Beach during the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19) in Malibu, California
A study from 2008 found that physical inactivity is responsible for more than five million premature deaths every year.Image: REUTERS/Mario Anzuoni
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  • Un nuevo estudio ha descubierto que tienes un 50% más de probabilidades de tener más anticuerpos tras una vacuna si eres activo que si alguien es inactivo.

  • El estudio de la Universidad Caledonian de Glasgow también descubrió que 30 minutos de actividad 5 días a la semana reducen en un 37% el riesgo de enfermar y morir por enfermedades infecciosas.

  • Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para las futuras respuestas ante pandemias, como explica el autor del estudio, el profesor Sebastien Chastin.

La disponibilidad de vacunas ha traído esperanza para el fin de la pandemia. Sin embargo, las muertes y los casos de COVID siguen aumentando en todo el mundo. Mientras intentamos inmunizar al mundo, el escenario más probable para los próximos años es que la COVID-19 se comporte como otras enfermedades infecciosas, como la gripe, contra las que tendremos que seguir gestionándonos y protegiéndonos de forma continua.

Una de las mejores formas de hacerlo es mediante la actividad física.

Ya sabemos que la actividad física es una de las formas más eficaces de prevenir las enfermedades crónicas, junto con la dieta y dejar de fumar. Un estudio de 2008 descubrió que la inactividad física es responsable de más de cinco millones de muertes prematuras cada año.

Ahora bien, una nueva revisión sistemática de la evidencia realizada por mí y mis colegas demuestra que la actividad física regular fortalece el sistema inmunitario humano, reduce en más de un tercio el riesgo de enfermar y morir por enfermedades infecciosas y aumenta significativamente la eficacia de las campañas de vacunación. Esto tiene importantes implicaciones para las respuestas ante pandemias.

En nuestro estudio, recopilamos y revisamos sistemáticamente todas las pruebas disponibles sobre el efecto de la actividad física en el riesgo de enfermar y morir por enfermedades infecciosas como la neumonía, una frecuente causa de muerte por COVID-19, sobre el funcionamiento del sistema inmunitario y sobre el resultado de la vacunación. El estudio se realizó demasiado pronto en la pandemia como para incluir investigaciones sobre la propia COVID-19, pero los hallazgos son muy pertinentes para la respuesta actual a la pandemia.

Encontramos pruebas coherentes y convincentes en seis estudios con más de medio millón de participantes de que cumplir las directrices recomendadas de actividad física —30 minutos de actividad, cinco días a la semana— reduce en un 37% el riesgo de enfermar y morir por enfermedades infecciosas.

Esto se suma a los resultados de otro nuevo estudio realizado en Estados Unidos específicamente sobre la COVID-19. El efecto es al menos tan fuerte, si no más, que el registrado para otros factores de riesgo de COVID-19, como la edad o padecer una afección previa, como la diabetes.

También encontramos pruebas fiables de que la actividad física regular fortalece el sistema inmunitario humano. En 35 ensayos controlados aleatorizados independientes —el estándar de oro para la evidencia científica—, la actividad física regular dio lugar a niveles elevados del anticuerpo inmunoglobulina IgA. Este anticuerpo recubre la membrana mucosa de nuestros pulmones y de otras partes de nuestro cuerpo por donde pueden entrar virus y bacterias.

La actividad física regular también aumenta el número de linfocitos T CD4+, que son responsables de alertar al sistema inmunitario de un ataque y de regular su respuesta.

Por último, en los ensayos controlados aleatorizados que estudiamos, las vacunas parecen más eficaces si se administran tras un programa de actividad física. Una persona activa tiene un 50% más de probabilidades de tener un recuento de anticuerpos más alto tras la vacuna que alguien que no es activo.

Puede ser una forma rentable y sencilla de potenciar las campañas de vacunación. Teniendo en cuenta las dificultades en las cadenas de suministro, esta podría ser una medida inteligente para aprovechar cada dosis.

Cómo la actividad física previene enfermedades

Existen tres mecanismos que convierten la actividad física en un medicamento eficaz contra las enfermedades infecciosas.

En primer lugar, protege frente a los factores de riesgo de infección grave y mortal. Las personas físicamente activas tienen menos probabilidades de desarrollar obesidad, diabetes, afecciones respiratorias y cardiovasculares. Los estudios epidemiológicos han demostrado que la COVID-19 y otras enfermedades infecciosas respiratorias son más graves en personas que padecen estas afecciones.

La actividad física también reduce el estrés y la inflamación crónica, lo que a su vez reduce la probabilidad de infecciones adversas y mortales. La mayoría de las muertes por COVID-19 y neumonía se han producido como consecuencia de una respuesta inflamatoria incontrolada.

Por último, nuestro sistema inmunitario es más fuerte si somos físicamente activos.

Tenemos que ponernos en movimiento

La actividad física es innegablemente una forma importante de hacer que las poblaciones sean menos vulnerables a las enfermedades infecciosas y a las futuras epidemias y pandemias. Debería utilizarse de forma más urgente y eficaz para combatir el brote actual de COVID-19, pero también como una inversión a largo plazo para prevenir las devastadoras consecuencias sociales y económicas que esta pandemia ha tenido en la sociedad.

Los gobiernos animaron a la población a mantenerse activa al inicio de la pandemia para afrontar las medidas de confinamiento. Se produjo un aumento del interés por el ejercicio inmediatamente después del confinamiento en la mayoría de las comunidades. Por desgracia, esto no se ha traducido en un cambio positivo en los niveles de actividad.

En cambio, se ha observado a nivel mundial en el último año una disminución de los niveles de actividad física. Se trata de una tendencia peligrosa que podría hacer que la población fuera más vulnerable a las enfermedades infecciosas y crónicas a corto plazo. Si no se controla, también dejará un perjudicial legado a largo plazo y aumentará la carga de morbilidad y los costes sociales y económicos asociados.

Subestimar el impacto de la inactividad física también podría agravar las desigualdades sanitarias insostenibles e inaceptables que puso de manifiesto la pandemia. En general, los niveles de actividad física son más bajos en las sociedades con mayores desigualdades económicas, y esto afecta sobre todo a las mujeres.

Ahora más que nunca es fundamental que los gobiernos y los profesionales de la salud movilicen a todos los sectores de la sociedad para promover la actividad física.

Cada movimiento cuenta para combatir esta pandemia y gestionar las enfermedades infecciosas en el futuro.

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