Salud mental: ¿qué es el doomscrolling y cómo podemos dejar de hacerlo?

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  • El doomscrolling, que consiste en buscar de forma continua noticias negativas en internet, ha aumentado durante la COVID-19.

  • Es especialmente frecuente entre personas con problemas de salud mental, como ansiedad y depresión.

  • La psicóloga clínica Dra. Ariane Ling explica por qué nos atrae el doomscrolling y cómo dejarlo para dormir mejor por la noche.

Son más de las doce de la noche. Sabes que deberías estar durmiendo, pero te has metido en un agujero de malas noticias en las redes sociales y no encuentras la salida. Si esto te suena (quizá sea lo que te ha traído hasta aquí), no estás solo.

El doomscrolling, que consiste en desplazarse de forma compulsiva por contenidos deprimentes o preocupantes en las redes sociales, se convirtió en una de las palabras del año 2020 según el diccionario de Oxford al tiempo que la pandemia de COVID-19 llevó a las personas a recurrir a internet en busca de información y respuestas para aliviar sus temores.

"La pandemia de COVID-19 cambió de forma drástica la manera en que vivimos y trabajamos, con personas que pasan de media 4,2 horas al día con sus teléfonos inteligentes", afirmó Kelly McCain, responsable de proyecto de Shaping the Future of Health and Healthcare en el Foro Económico Mundial. "Si bien pasar más tiempo con el teléfono no se ha relacionado con un aumento de los problemas de salud mental, el acceso ilimitado a información sobre factores sociales que generan estrés y ansiedad, como la pandemia, el empleo y la desigualdad social, es fácilmente accesible para un público mundial."

El hábito del doomscrolling tiende a ser más frecuente entre los pacientes con problemas de salud mental preexistentes, afirma la Dra. Ariane Ling, profesora clínica asistente de psiquiatría y psicóloga clínica del Steven A. Cohen Military Family Center de NYU Langone Health.

Un estudio con 6.000 personas en Alemania en la primavera de 2020 encontró una relación entre la exposición a medios de comunicación relacionados con la COVID-19 y la gravedad de la ansiedad, la depresión y el miedo específico a determinados temas, aunque la relación causal no estaba clara.

Los autores afirmaron que la gente sabía que ‘doomscrolling’ estaba afectando a su salud mental: “Un número significativo de personas es consciente de que el ‘consumo excesivo’ de información es un factor de riesgo para el bienestar mental en la crisis actual.”

Pero hay formas de desconectar y, lo más importante, dormir más, como explica la Dra. Ling.

Ansiedad relacionada con la COVID y búsqueda de contenidos sobre COVID-19 en internet.Image: European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience

¿Por qué hacemos doomscrolling?

Los seres humanos estamos programados para aprender y querer saber lo que ocurre; así es como hemos sobrevivido. Por eso la gente reduce la velocidad cuando hay un accidente en la autopista: somos curiosos. El doomscrolling es el resultado, en parte, de la forma natural de ser de los humanos y, en parte, del entorno actual.

En la época en la que vivimos no faltan las malas noticias. Puede resultar muy tentador seguir todos los giros y vueltas de la pandemia, así como las tensiones del clima sociopolítico. Parece que nunca termina.

Además, nuestros teléfonos reclaman nuestra atención: los titulares y la forma en que las redes sociales se adaptan a nuestros intereses despiertan continuamente nuestra curiosidad y alimentan nuestros hábitos.

¿Existía el doomscrolling antes de la pandemia?

Por supuesto, especialmente en pacientes que han presentado depresión y ansiedad. Hablamos mucho del sesgo de confirmación: tendemos a dar más peso y atención a los detalles de nuestro entorno que confirman nuestras propias creencias.

Si uno lucha contra la depresión o contra la idea de que el mundo es completamente malo, tenderá a centrarse más en artículos o cosas de su entorno que validen esa creencia.

Durante la pandemia, nuestras rutinas se vieron muy alteradas y cambiaron las formas en que accedemos a la información. Antes, la gente podía tomarse un descanso del trabajo y charlar con un compañero mientras se servía un vaso de agua; eso se ha sustituido por estar constantemente pegados al teléfono, que nos acompaña como un compañero de la desgracia.

¿Qué impacto tiene el doomscrolling en la salud mental de sus pacientes?

He visto este ciclo de sufrimiento en cuanto a salud mental, seguido de salir al entorno y tener todas esas cosas confirmadas y validadas. También suele provocar sentimientos de desesperanza. Durante la pandemia se ha vivido una experiencia colectiva de pérdida. Aunque no conociera a nadie que haya fallecido, siguen llegando constantemente oleadas de noticias sobre pérdidas. Hay mucho dolor. He visto pacientes que han sufrido depresión y ansiedad, pero si además presentan una condición concurrente, como consumo de sustancias o trauma y TEPT, esta se agrava y las cosas pueden empeorar bastante rápido.

¿Qué pueden hacer las personas para dejar de hacer doomscrolling?

Durante la pandemia, veo mucho doomscrolling y languidez entre mis pacientes, pero también veo mucha superación y nuevos aprendizajes. Una de las preguntas que siempre hago es: “Si no estuvieras usando el teléfono, ¿qué estarías haciendo?”. Una vez que son conscientes del tiempo que pasan con el teléfono, se abre un espacio de curiosidad. “Podría estar leyendo, haciendo pan de masa madre o haciendo ejercicio”.

Es importante mantenerse informado y saber lo que ocurre en el mundo, pero es como revisar el correo electrónico: no podemos estar pendientes de él constantemente. Por eso les digo a mis pacientes que, si quieren leer las noticias, se concedan un tiempo y se den permiso para dedicar quizá media hora por la mañana, un rato durante el día y otro por la noche. Ustedes pueden decidir si esto les resulta útil o no. El doomscrolling nocturno es otro momento en el que las personas son vulnerables. Están cansadas, quieren relajarse y, entonces, el ciclo vuelve a intensificarse por la noche.

¿Cómo afecta el doomscrolling a nuestro sueño?

En mi consulta hablo de los comportamientos de autosabotaje y de cómo le están sirviendo a uno. Necesitamos relajarnos, y quizá hayamos creado una rutina o una cultura en la que nos relajamos haciendo doomscrolling.

En cuanto a la alteración del sueño, provoca estragos en los ritmos circadianos y, después, no se puede regular el estado de ánimo porque uno está malhumorado.

Si estamos cansados, es muy fácil caer en el doomscrolling. Pero si estamos un poco más alerta y sintonizados con nosotros mismos, tenemos más posibilidades de decirnos: “Dios mío, otra vez estoy haciendo doomscrolling”, y dejarlo a un lado y reorientar nuestra energía hacia algo significativo, que tenga valor y esté alineado con la forma en que queremos vivir nuestra vida.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial en materia de salud mental?

¿Cuáles son sus consejos para dormir bien?

Hacemos mucha terapia cognitivo-conductual para el insomnio. Vemos a muchas personas usando el teléfono en la cama, acurrucadas, y eso puede alterar mucho el sueño, la intimidad y la vida familiar. Así que, para una buena higiene del sueño, hay que reservar la cama para dormir y para el sexo.

Luego, si se despiertan en mitad de la noche con ganas de hacer doomscrolling o de mirar el teléfono, ¿pueden sustituirlo por un libro que no active su sistema emocional?

Otra cosa es darse cuenta de cuándo nos sentimos muy ansiosos o tenemos pensamientos depresivos. Puede que te despiertes y te invadan esos pensamientos. Busca la manera de escribirlos o de empezar a cuestionar algunos de ellos, en lugar de coger el teléfono y leer noticias inquietantes.

La gente también debería adoptar un horario regular, lo que significa despertarse a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana, independientemente de lo tarde que se haya dormido o de cuántas siestas se hayan echado. Dormir bien es un hábito.

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