Las mascarillas se han convertido en parte de nuestra vida diaria a raíz de la pandemia de coronavirus,
Pero, además de limitar la transmisión de la COVID-19, las mascarillas de plástico desechables están teniendo un efecto devastador en el planeta, agravando el creciente problema del plástico en el mundo.
La lucha contra la contaminación por plásticos se ve afectada por la pandemia de COVID-19, ya que el uso de mascarillas desechables, guantes y otros equipos de protección se dispara, pero los organismos y socios de la ONU insisten en que, si se aplican medidas eficaces, la cantidad de plásticos desechados cada año puede reducirse significativamente, o incluso eliminarse.
1) La contaminación impulsada por el enorme aumento de las ventas de mascarillas
La promoción del uso de mascarillas como forma de frenar la propagación de COVID-19 ha provocado un aumento extraordinario en la producción de mascarillas desechables: la agencia de comercio de la ONU, UNCTAD, estima que las ventas mundiales ascenderán a unos 166 000 millones de dólares este año, frente a unos 800 millones de dólares en 2019.
Recientes informes de los medios de comunicación, con vídeos y fotos de buzos recogiendo mascarillas y guantes que contaminan las aguas de la Costa Azul francesa, supusieron un toque de atención para muchos, reorientaron la atención hacia la contaminación por plásticos y recordaron que los políticos, los líderes y los particulares deben afrontar el problema de la contaminación por plásticos.
2) Un problema tóxico

Si los datos históricos son un indicador fiable, cabe esperar que alrededor del 75 % de las mascarillas usadas, así como otros residuos relacionados con la pandemia, acaben en vertederos o flotando en los mares. Además del daño ambiental, el coste financiero, en sectores como el turismo y la pesca, lo estima el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en unos 40 000 millones de dólares.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido de que, si el fuerte aumento de los residuos médicos, gran parte de ellos fabricados con plásticos de un solo uso perjudiciales para el medio ambiente, no se gestiona adecuadamente, podría dar lugar a vertidos incontrolados.
Las posibles consecuencias, según el PNUMA, que ha elaborado una serie de fichas informativas sobre el tema, incluyen riesgos para la salud pública derivados de mascarillas usadas infectadas, y la quema al aire libre o la incineración incontrolada de mascarillas, lo que provoca la liberación de toxinas en el medio ambiente y la transmisión secundaria de enfermedades a los seres humanos.
Ante el temor a estos posibles impactos secundarios en la salud y el medio ambiente, el PNUMA insta a los gobiernos a tratar la gestión de residuos, incluidos los residuos médicos y peligrosos, como un servicio público esencial. La agencia sostiene que la manipulación segura y la eliminación final de estos residuos son un elemento vital de una respuesta de emergencia eficaz.
“La contaminación por plásticos ya era una de las mayores amenazas para nuestro planeta antes del brote de coronavirus brote”, afirma Pamela Coke-Hamilton, directora de Comercio Internacional de la UNCTAD. “El repentino auge en el uso diario de determinados productos para proteger a la gente y frenar la enfermedad está empeorando mucho las cosas.”
3) Las soluciones existentes podrían reducir los plásticos en un 80 %
Sin embargo, esta situación puede cambiar para mejor, como demuestra un reciente y amplio informe sobre residuos plásticos publicado por The Pew Charitable Trusts y el centro de análisis en sostenibilidad Systemiq.
El estudio, “Breaking the Plastic Wave: A Comprehensive Assessment of Pathways Towards Stopping Ocean Plastic Pollution”, que cuenta con el respaldo de Inger Andersen, directora del PNUMA, prevé que, si no se toma ninguna medida, la cantidad de plásticos vertidos al océano se triplicará para 2040, pasando de 11 a 29 millones de toneladas al año.
Sin embargo, alrededor del 80 % de la contaminación por plásticos podría eliminarse en ese mismo periodo, simplemente sustituyendo una regulación insuficiente, cambiando los modelos de negocio e introduciendo incentivos que conduzcan a una menor producción de plásticos. Otras medidas recomendadas incluyen diseñar productos y envases que se puedan reciclar con mayor facilidad, y ampliar la recogida de residuos, especialmente en los países de ingresos bajos.
4) La cooperación mundial es esencial
En su análisis de julio sobre plásticos, sostenibilidad y desarrollo, la UNCTAD llegó a la conclusión de que las políticas comerciales mundiales también desempeñan un papel importante en la reducción de la contaminación.
Muchos países han introducido en la última década normativas que mencionan los plásticos, un indicador de la creciente preocupación por la cuestión, pero, señala el análisis de la UNCTAD, para que las políticas comerciales sean realmente eficaces se necesitan normas mundiales coordinadas.
“La forma en que los países han utilizado la política comercial para combatir la contaminación por plásticos ha sido, en gran medida, descoordinada, lo que limita la eficacia de sus esfuerzos, afirma la Sra. Coke-Hamilton. “Hay límites a lo que cualquier país puede lograr por sí solo.”
5) Promover alternativas favorables para el planeta y el empleo

Si bien la aplicación de estas medidas reduciría notablemente la contaminación por plásticos entre ahora y 2040, el informe de Pew/Systemiq reconoce que, incluso en su escenario más favorable, cinco millones de toneladas métricas de plásticos seguirían filtrándose al océano cada año.
Según concluyen los autores del estudio, sería necesario un aumento notable de la innovación y la inversión, que conduzca a avances tecnológicos, para abordar el problema de forma integral.
Además, la UNCTAD insta a los gobiernos a promover alternativas no tóxicas, biodegradables o fácilmente reciclables, como las fibras naturales, la cascarilla de arroz y el caucho natural. Estos productos serían más respetuosos con el medio ambiente y, dado que los países en desarrollo son proveedores clave de muchos sustitutos del plástico, podrían aportar el beneficio añadido de crear nuevos empleos. Bangladés, por ejemplo, es el principal exportador mundial de yute, mientras que, entre Tailandia y Costa de Marfil, representan la mayor parte de las exportaciones de caucho natural.
“No existe una solución única para la contaminación de los océanos por plásticos, pero mediante una acción rápida y concertada podemos romper la ola de plásticos”, afirmó Tom Dillon, vicepresidente de Medio Ambiente de Pew. Como muestra el informe de la organización, “podemos invertir en un futuro con menos residuos, mejores resultados en salud, mayor creación de empleo y un medio ambiente más limpio y resiliente, tanto para las personas como para la naturaleza”.


