Dormir por fases podría ser bueno para su salud

A reveler sleeps during the 6th annual Made in America Music Festival in Philadelphia, Pennsylvania, U.S. September 3, 2017. REUTERS/Mark Makela
New evidence suggests that humans used to sleep twice a day with a period of wakefulness in between.Image: REUTERS/Mark Makela
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Alrededor de un tercio de la población tiene problemas para dormir, incluidas dificultades para mantener el sueño durante toda la noche. Aunque los despertares nocturnos resultan angustiosos para la mayoría de las personas que los padecen, algunas pruebas de nuestro pasado reciente sugieren que este periodo de vigilia entre dos periodos de sueño separados era lo habitual.

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A lo largo de la historia ha habido numerosos relatos de sueño segmentado, en textos médicos, registros judiciales y diarios, e incluso en tribus africanas y sudamericanas, con una referencia común al «primer» y al «segundo» sueño. En Barnaby Rudge (1840), de Charles Dickens, escribe

Lo sabía, incluso con el horror con el que se despertó de su primer sueño, y abrió la ventana para disipar el horror con la presencia de algún objeto, más allá de la habitación, que no había sido, por así decirlo, testigo de su sueño.

Los antropólogos han hallado pruebas de que, durante la Europa preindustrial, el sueño bimodal se consideraba lo habitual. El inicio del sueño no lo determinaba una hora fija de acostarse, sino la existencia o no de cosas que hacer. El historiador A. Roger Ekirch, en su libro Al cierre del día: la noche en tiempos pasadosdescribe cómo las familias se retiraban a dormir un par de horas después del anochecer, se despertaban unas horas más tarde durante una o dos horas y, después, dormían un segundo sueño hasta el amanecer.

Durante este periodo de vigilia, la gente se relajaba, reflexionaba sobre sus sueños o mantenía relaciones sexuales. Algunos se dedicaban a actividades como coser, cortar leña o leer, con la luz de la luna o de lámparas de aceite.

Ekirch encontró que las referencias al primer y al segundo sueño empezaron a desaparecer a finales del siglo XVII. Se cree que esto comenzó en las clases altas del norte de Europa y que se extendió al resto de la sociedad occidental a lo largo de los 200 años siguientes.

Curiosamente, la aparición del insomnio de mantenimiento del sueño en la literatura a finales del siglo XIX coincide con el periodo en el que los relatos sobre el sueño fragmentado empiezan a desaparecer. Así pues, la sociedad moderna podría ejercer una presión innecesaria sobre las personas, al exigirles que duerman una noche de sueño continuo y consolidado todas las noches, lo que aumenta la ansiedad por el sueño y perpetúa el problema.

Base biológica

En la sociedad actual se observan formas menos dramáticas de sueño bifásico, por ejemplo en culturas que practican la siesta de la tarde. Nuestro reloj biológico se presta a este tipo de horario, pues la alerta disminuye a primera hora de la tarde (el llamado «bajón posterior a la comida»).

A comienzos de la década de 1990, el psiquiatra Thomas Wehr llevó a cabo un experimento de laboratorio en el que expuso a un grupo de personas a un fotoperiodo corto; es decir, permanecieron a oscuras 14 horas al día en lugar de las ocho horas habituales, durante un mes.

Su sueño tardó algún tiempo en regularse, pero en la cuarta semana surgió un patrón de sueño bifásico claramente definido. Dormían primero cuatro horas, después se despertaban durante una a tres horas y, a continuación, volvían a dormir otras cuatro horas. Este hallazgo sugiere que el sueño bifásico es un proceso natural con una base biológica.

Ventajas y desventajas

La sociedad actual a menudo no permite este tipo de flexibilidad, por lo que debemos ajustarnos a los horarios actuales de sueño y vigilia. En general, se considera que un sueño continuo e ininterrumpido de entre siete y nueve horas es probablemente lo mejor para sentirse descansado. Sin embargo, este horario puede no adaptarse a nuestros ritmos circadianos, ya que nos desincronizamos del ciclo externo de luz y oscuridad de 24 horas.

Para mantener con éxito un horario de sueño fraccionado, hay que acertar con el momento: es decir, empezar a dormir cuando existe un fuerte impulso de sueño y durante un punto circadiano bajo, a fin de conciliar el sueño rápidamente y mantenerlo.

Entre las principales ventajas de un horario de sueño fraccionado se encuentra la flexibilidad que permite para el trabajo y el tiempo en familia (cuando esta flexibilidad está disponible). Algunas personas de la sociedad moderna han adoptado este tipo de horario porque proporciona dos periodos de mayor actividad, creatividad y alerta a lo largo del día, en lugar de un largo periodo de vigilia en el que la somnolencia se acumula a lo largo del día y la productividad disminuye.

En apoyo de esto, existen cada vez más pruebas que sugieren que las siestas pueden tener beneficios importantes para la memoria y el aprendizaje, aumentando nuestra alerta y mejorando el estado de ánimo. Algunos creen que los trastornos del sueño, como el insomnio de mantenimiento del sueño, tienen su origen en la preferencia natural del organismo por el sueño fraccionado. Por tanto, los horarios de sueño fraccionado podrían ser un ritmo más natural para algunas personas.

Implicaciones para el trabajo a turnos

Los horarios de sueño fraccionado han empezado a surgir recientemente como una posible alternativa al trabajo continuo en turno de noche. Trabajar de noche combina los problemas de la vigilia prolongada (a menudo con turnos de entre ocho y 12 horas) y la desalineación circadiana (trabajar en un momento de la noche en el que normalmente se estaría durmiendo). Los trabajadores a turnos se quejan con frecuencia de fatiga y de una productividad reducida en el trabajo, y presentan un mayor riesgo de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas.

Algunos sectores han implantado horarios con periodos de sueño más cortos pero más frecuentes, partiendo de la premisa de que el impulso de dormir será menor con un tiempo reducido. Por ejemplo, seis horas de trabajo y seis de descanso, cuatro horas de trabajo y ocho de descanso, u ocho horas de trabajo y ocho de descanso, limitan el tiempo de turno y reducen los periodos prolongados de vigilia. Los horarios fraccionados de sueño y trabajo dividen el día en múltiples ciclos de trabajo y descanso, de modo que los empleados trabajan varios turnos cortos, interrumpidos por breves periodos libres cada 24 horas.

Los horarios de turnos fraccionados que mantienen un tiempo de sueño adecuado en 24 horas pueden ser beneficiosos para el sueño, el rendimiento y la seguridad. Varios estudios recientes han constatado que el sueño fraccionado proporciona beneficios comparables para el rendimiento que un único periodo de sueño prolongado, siempre que el tiempo total de sueño en 24 horas se mantenga (en torno a siete u ocho horas de tiempo total de sueño en 24 horas).

Sin embargo, como cabría esperar, el rendimiento y la seguridad pueden verse igualmente afectados si las horas de levantarse y de iniciar el trabajo caen en las primeras horas de la mañana. Y no sabemos si estos horarios ofrecen algún beneficio para la salud o reducen el riesgo de enfermedades crónicas.

Aunque los retos del trabajo en turno de noche no pueden eliminarse, la ventaja de algunos horarios de turnos fraccionados es que todos los trabajadores tienen al menos alguna oportunidad de dormir por la noche y no tienen que mantenerse alerta durante más de seis a ocho horas.

Aunque aspiramos a tener un sueño consolidado, esto podría no adaptarse al reloj biológico ni al horario laboral de todas las personas. De hecho, podría ser un retorno a un patrón de sueño bimodal de nuestros antepasados preindustriales y quizá funcionar bien en un entorno industrial moderno.

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