1 de cada 11 personas en el mundo vive con diabetes, que causa 1,5 millones de muertes en todo el mundo cada año.
Un nuevo estudio ha descubierto que ponerse de pie durante largos periodos de estar sentado puede reducir las probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2, incluso si una persona tiene sobrepeso.
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 de la ONU se propone reducir en un tercio las muertes atribuibles a las enfermedades no transmisibles para 2030.
Es hora de plantarse contra las enfermedades crónicas relacionadas con el estilo de vida… literalmente. Ponerse de pie puede ayudar a prevenir afecciones graves de salud como la diabetes tipo 2, sugiere una nueva investigación.
Científicos del Centro PET de Turku y del Instituto UKK de Finlandia han descubierto una relación entre ponerse de pie y una mejor sensibilidad a la insulina.
La insulina ayuda a regular el metabolismo corporal y los niveles de azúcar en sangre. Sin embargo, factores como el sobrepeso pueden alterar el funcionamiento de la hormona insulina del organismo, lo que conduce a una reducción de la sensibilidad a la insulina y a un mayor riesgo de desarrollar afecciones crónicas como la diabetes tipo 2.
Las personas con diabetes son susceptibles de sufrir complicaciones como accidente cerebrovascular, ceguera, insuficiencia renal y enfermedades cardíacas, y tienen un mayor riesgo de muerte prematura. Una de cada 11 personas en el mundo vive con la enfermedad, que causa 1,5 millones de muertes en todo el mundo cada año.
Ponerse de pie mejora la producción de insulina
Si bien no es ningún secreto que el ejercicio físico puede ayudar con la diabetes y otras enfermedades no transmisibles, el estudio realizado en Finlandia fue inusual en que analizó detenidamente cómo los periodos de inactividad afectan a la producción de insulina.
Los resultados, publicados en el Journal of Science and Medicine in Sport, revelaron que cuando los participantes del estudio interrumpían los largos periodos de estar sentados poniéndose de pie, su función de la insulina mejoraba, incluso en adultos inactivos con mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Ponerse de pie mejoraba la insulina independientemente de cuánto tiempo estuviera sentado el participante, de su nivel de actividad y forma física, o de si tenía sobrepeso.
“Esta asociación no se había demostrado antes”, declaró Taru Garthwaite, una de las autoras del estudio, a Science Daily. “Estos hallazgos alientan aún más a sustituir una parte del tiempo diario sentado por estar de pie, especialmente si no se cumplen las recomendaciones de actividad física.”
Un problema mundial
Las enfermedades no transmisibles (ENT), como la diabetes, las enfermedades cardíacas, el cáncer, el accidente cerebrovascular y las enfermedades pulmonares crónicas, son un problema creciente en todo el mundo. Tanto es así que el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número tres de las Naciones Unidas se propone reducir en un tercio las muertes prematuras por enfermedades no transmisibles para 2030.
Estas afecciones relacionadas con el estilo de vida matan a 41 millones de personas – más del 70% de las muertes en todo el mundo – cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Más de dos tercios de estas muertes se producen en países de ingreso bajo y mediano, lo que subraya la relación entre la pobreza y las enfermedades vinculadas al estilo de vida.
La falta de ejercicio físico es uno de los cuatro factores de riesgo clave a largo plazo, junto con una dieta poco saludable, la exposición al humo del tabaco y el consumo excesivo de alcohol. La inactividad o la realización de ejercicio insuficiente causa un estimado de 1,6 millones de muertes al año.
¿Cuál es la solución?
La OMS aconseja a las personas que cambien las opciones de estilo de vida poco saludables que conducen al desarrollo de las ENT.
Los programas de detección, cribado y tratamiento son una parte fundamental de la gestión de las ENT, aunque el acceso a la atención sanitaria es limitado para muchas personas en países de ingreso bajo y mediano.
Si bien no existe una solución única para garantizar un mayor acceso a los sistemas sanitarios mundiales, iniciativas políticas como el Mecanismo Mundial de Coordinación de la OMS para la prevención y el control de las ENT, constituyen una base para la colaboración que ayude a combatir este problema creciente.
¿Cuál es la solución?
La OMS aconseja a las personas que cambien las opciones de estilo de vida poco saludables que conducen al desarrollo de las ENT.
Los programas de detección, cribado y tratamiento son una parte fundamental de la gestión de las ENT, aunque el acceso a la atención sanitaria es limitado para muchas personas en países de ingreso bajo y mediano.
Si bien no existe una solución única para garantizar un mayor acceso a los sistemas sanitarios mundiales, iniciativas políticas como el Mecanismo Mundial de Coordinación de la OMS para la prevención y el control de las ENT, constituyen una base para la colaboración que ayude a combatir este problema creciente.


