¿Cómo podemos combatir los brotes de enfermedades que se producen en todo el mundo?

Volunteer Andrew Matzen receives a trial Ebola vaccine at the Centre for Clinical Vaccinology and Tropical Medicine in Oxford, southern England January 16, 2015. Johnson & Johnson said that newly formed groups supporting work on its experimental Ebola vaccine would receive 100 million euros ($115 million) from Europe's Innovative Medicines Initiative to speed development. Photograph taken January 16, 2015. REUTERS/Eddie Keogh (BRITAIN - Tags: SCIENCE TECHNOLOGY HEALTH)
The best cure for infectious disease is prevention.Image: REUTERS/Eddie Keogh
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Las enfermedades infecciosas nunca desaparecen.

Al vivir en el mundo desarrollado, sin duda resulta tentador pensar que sí desaparecen. Nuestro triunfo sobre los microbios ha llevado a muchas personas a confiarse falsamente, lo que en parte ha alimentado el movimiento antivacunas. Si no vemos morir a personas de difteria, ¿realmente hace falta vacunarse contra ella?

Los ciudadanos del mundo en desarrollo no pueden permitirse hacer ese tipo de preguntas. La razón es que, a diario, se enfrentan al impacto devastador de las enfermedades infecciosas. Un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud, titulado Boletín semanal sobre brotes y otras emergencias, ofrece una panorámica de la carga que suponen las enfermedades infecciosas en África. El panorama es desolador.

Pensemos en la República Democrática del Congo. Debido al violento conflicto, el país afronta una enorme crisis humanitaria que ha desplazado a millones de personas. En parte como consecuencia de ello, el país sufre una epidemia de cólera que solo en 2018 infectó a casi 13.000 personas y causó 407 muertes. También hay una epidemia de sarampión, que ha infectado a más de 14.000 personas y causado 155 muertes, además de un brote de viruela símica, que ha infectado a casi 3.000 personas y causado 36 muertes. También hay ébola en el Congo: ha infectado a 53 personas y más de la mitad han muerto.

Nigeria combate muchas de las mismas enfermedades, además del mayor brote de fiebre de Lassa de su historia. Al igual que el ébola, la fiebre de Lassa es una fiebre hemorrágica que puede hacer que las personas sangren por los orificios del cuerpo. A diferencia del ébola, la fiebre de Lassa es mucho menos mortal, con una tasa de letalidad de alrededor del 1 %. Actualmente, la fiebre de Lassa solo se encuentra en África occidental, pero la epidemia de ébola de 2014 debería disipar cualquier idea de que permanecerá únicamente en esa región.

El resto del continente también está siendo azotado por enfermedades infecciosas. De ello se pueden extraer algunas lecciones.

En primer lugar, las enfermedades infecciosas siguen siendo una amenaza para la seguridad nacional y mundial. Dado lo fácil que es viajar por el mundo, debemos esperar que otras enfermedades exóticas lleguen a Estados Unidos. El ébola, la fiebre de Lassa y el zika ya han llegado, y también es probable que se importen microbios aún no identificados.

En segundo lugar, las guerras y los desastres naturales agravan las enfermedades infecciosas. El cólera, en particular, se propaga rápidamente en condiciones insalubres, como quedó demostrado tras el terremoto de Haití de 2010. Aproximadamente 800.000 personas se infectaron y más de 9.000 murieron.

Por último, la mejor cura para las enfermedades infecciosas es la prevención. Esto significa que redunda en el interés nacional de Estados Unidos erradicar los brotes en el extranjero antes de que causen perturbaciones en todo el mundo. Resulta que un gesto humanitario de bondad en otro país nos permite obtener beneficios para la salud pública y la seguridad nacional en nuestro propio país.

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