¿Cuándo deberíamos dejar de vacunar contra una enfermedad infecciosa?

A veterinarian prepares a dosage of rabies vaccine at the 2014 Taipei Pet Show at Nangang Exhibition Hall in Taipei July 11, 2014. The show runs from July 11 to 14. REUTERS/Pichi Chuang (TAIWAN - Tags: SOCIETY DRUGS) - RTR3Y3TS
The eradication of an infectious disease is much harder to achieve than elimination.Image: REUTERS/Pichi Chuang
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Australia fue declarada libre de sarampión en 2014. Sin embargo, la reciente importación de un caso de sarampión a Australia desde Indonesia ilustra la amenaza que esta enfermedad todavía supone para los australianos. También subraya la importancia de mantener altas tasas de vacunación contra enfermedades poco frecuentes para garantizar que las reintroducciones no provoquen brotes.

Pero ¿cuándo llegará el momento en que sea seguro dejar de vacunar contra el sarampión? ¿O contra otras enfermedades infecciosas poco frecuentes?

En resumen, la vacunación contra una enfermedad infecciosa puede detenerse cuando se considera suficientemente bajo el riesgo de transmisión futura. Esto puede ocurrir como consecuencia de la eliminación o erradicación de una enfermedad.

Eliminación de enfermedades

Se considera que una enfermedad infecciosa ha sido eliminada de una región geográfica si el número de casos nuevos observados en esa región durante cierto período llega a cero. Sin embargo, la facilidad de los viajes internacionales puede hacer que se reintroduzcan enfermedades que ya se habían eliminado.

Brotes recientes de sarampión en Australia ponen de relieve cómo los casos importados pueden provocar brotes graves en regiones declaradas libres de la enfermedad.

Una alta inmunidad colectiva, gracias a una buena cobertura de vacunación, puede proteger contra los brotes tras la reintroducción de enfermedades. Por ejemplo, se considera que la poliomielitis fue eliminada en Australia (desde 2000).

Sin embargo, en 2007 se aisló el poliovirus salvaje de un hombre en Australia que había llegado recientemente de otro país. En esta ocasión, la buena cobertura de vacunación y la inmunidad colectiva resultante impidieron que el virus importado se propagara en la comunidad.

Erradicación de enfermedades

Se dice que una enfermedad ha sido erradicada si se ha eliminado en todo el mundo. En ese caso, ya no existe riesgo de reintroducción en una región libre de la enfermedad.

Erradicar una enfermedad infecciosa es mucho más difícil que eliminarla. Esto se debe principalmente al nivel de coordinación mundial que requiere. Solo se ha erradicado con éxito una enfermedad humana: la viruela, declarada erradicada en 1979 tras un largo esfuerzo mundial coordinado.

Image: Our World in Data

La viruela tenía muchas características que la hacían adecuada para una erradicación selectiva. Por ejemplo, tenía síntomas evidentes que permitían identificar los casos con facilidad, mientras que un período de incubación corto reducía su capacidad de propagarse sin ser detectada. Además, ya existía una vacuna eficaz contra la viruela, lo que facilitó aún más los esfuerzos de erradicación.

La eliminación y la erradicación son más difíciles en el caso de algunas enfermedades que en el de otras. Por ejemplo, es más difícil eliminar enfermedades que pueden infectar a otras especies, como la malaria, o sobrevivir en el entorno, como el cólera. También es probable que las enfermedades que evolucionan rápidamente, como la gripe, sigan presentes durante algún tiempo.

Suspender la vacunación sistemática

El momento más seguro para dejar de vacunar contra una enfermedad es, obviamente, después de que haya sido erradicada en todo el mundo. En la práctica, los programas de vacunación sistemática se suspenden antes. Cuando se considera que el riesgo de infección es suficientemente bajo, los costes humanos y económicos de la vacunación sistemática pueden superar sus beneficios, lo que lleva a la decisión de poner fin al programa.

Todas las vacunas tienen un coste económico de producción y administración, y algunas también pueden tener efectos secundarios. Por ejemplo, aunque la vacuna contra la viruela era segura para la mayoría de las personas, en ocasiones provocaba reacciones más graves.

Sin embargo, dado que la viruela era una enfermedad tan devastadora, este coste se consideraba aceptable en países con una alta prevalencia de la enfermedad, donde el riesgo de infección era considerable. En los países donde se había eliminado la viruela, este coste dejó de estar justificado. En su lugar, la vacunación sistemática se suspendió antes de la erradicación porque el riesgo de daño causado por la vacuna superaba el riesgo de daño causado por la enfermedad.

Del mismo modo, no se considera necesaria la vacunación sistemática contra la tuberculosis (TB) en países con baja prevalencia. En Australia, la vacunación sistemática contra la TB se suspendió a mediados de la década de 1980. Aunque las complicaciones graves de la vacuna contra la TB son poco frecuentes (menos de una por cada millón de dosis, y la mayoría se resuelven por sí solas), la vacuna solo tiene una eficacia de alrededor del 50 % para prevenir la TB.

El principal beneficio de la vacuna es que reduce significativamente el riesgo de enfermedad grave por TB, sobre todo en niños. Por ello, en países como Australia, donde la TB es poco frecuente, los beneficios generales de la vacunación sistemática son mínimos, ya que no se espera que reduzca significativamente el número de casos contagiosos. En cambio, la vacuna contra la TB se dirige a grupos de alto riesgo, como las personas que tienen contacto estrecho con quienes padecen TB.

Futuros esfuerzos de erradicación

La malaria y el poliovirus salvaje son dos patógenos conocidos cuya erradicación busca actualmente la Organización Mundial de la Salud. El poliovirus salvaje se acerca a las etapas finales de su erradicación, la llamada recta final de la enfermedad. Se ha eliminado en todos los países salvo dos (Afganistán y Pakistán).

Durante la recta final de una enfermedad, surgen diversos desafíos. La infección circula en niveles bajos y quizá solo entre grupos de difícil acceso. Esto puede dificultar la detección de casos y las iniciativas de control selectivo.

Las comunidades donde la circulación de una enfermedad se ha reducido considerablemente también pueden desvincularse de los esfuerzos de erradicación, lo que lleva a un resurgimiento de la enfermedad. Los factores políticos y sociales, como los sistemas de salud débiles, los conflictos y el desplazamiento de la población, pueden agravar los efectos del incumplimiento de las iniciativas de erradicación.

El sarampión es otra enfermedad cuya erradicación mundial se considera técnicamente posible. A pesar de su eliminación en algunos países, incluida Australia, no se han alcanzado los objetivos de eliminación del sarampión en Europa en los últimos años.

Hasta que se logre erradicar en todo el mundo enfermedades muy contagiosas como el sarampión y la poliomielitis, los programas de vacunación sistemática seguirán siendo un medio eficaz para proteger a la población del riesgo de brotes que pueden producirse a raíz de casos importados.

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