Tres cambios fundamentales para hacer más sostenible la financiación de la salud

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Esta publicación se publicó originalmente el 16 de junio en el blog del Banco Mundial «Invertir en salud».

  • La pandemia de COVID-19 puso de relieve la necesidad de una financiación sostenible de la salud.

  • Los sistemas actuales de financiación de la salud no son sostenibles y no protegen adecuadamente a las personas más vulnerables.

  • Se requieren tres cambios fundamentales para lograr una financiación sostenible de la salud: dar prioridad a la salud en el gasto público, armonizar la financiación externa con las prioridades nacionales y aumentar las inversiones para fortalecer los sistemas de salud.

  • El Banco Mundial se ha comprometido a trabajar con los países y otras organizaciones para impulsar un cambio de paradigma en la financiación de la salud.

En vísperas de la Cumbre para un Nuevo Pacto Mundial de Financiación, convocada para finales de este mes por el Gobierno de Francia, muchos de los países más pobres del mundo se enfrentan a numerosas prioridades políticas contrapuestas y, al mismo tiempo, tienen dificultades para reunir los fondos necesarios para atenderlas. Tras la crisis de la COVID-19, los países en desarrollo deben recuperar lo perdido en materia de salud y aprendizaje, frenar el aumento del hambre y la pobreza y combatir el cambio climático. Sin embargo, la mayoría de las economías en desarrollo aún no han recuperado la senda de crecimiento previa a la pandemia y, en muchas de ellas, se prevé que el gasto público se estanque o se contraiga durante años. Al aumentar tanto la deuda pública como los tipos de interés, los pagos de intereses absorben una proporción cada vez mayor de los fondos públicos que podrían destinarse a prioridades de inversión fundamentales.

La cumbre analizará opciones para aumentar la solidaridad financiera con el Sur Global, apoyar a los países para que amplíen su margen fiscal, ayudar a resolver los problemas de deuda y avanzar con rapidez hacia el cumplimiento de los objetivos nacionales de desarrollo. La salud es una de las áreas prioritarias de la cumbre; desde hace tres décadas se reconoce como un pilar del crecimiento a largo plazo, aunque en muchos lugares recibe financiación insuficiente para lograr avances significativos hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la salud. Para cambiar esta situación, debemos abrir un nuevo camino con tres cambios fundamentales en la forma de financiar la salud.

Fortalecer la financiación nacional de la salud

Aunque una mayor solidaridad financiera internacional puede cubrir algunas carencias inmediatas de financiación, no hay un camino sostenible a seguir si los gobiernos no dan prioridad a la salud en su propio gasto. Tienen margen para elegir. Por ejemplo, tras la crisis financiera mundial, varios países en desarrollo reforzaron sus inversiones en salud a pesar de los recortes en sus presupuestos generales. Además, durante la recesión provocada por la COVID-19, la mayoría de los países de ingreso bajo y mediano bajo priorizaron el gasto en salud. Sin embargo, lamentablemente, en muchos de ellos la proporción del gasto público destinada a la salud ha empezado a disminuir, y a menudo ya está por debajo de los niveles previos a la COVID-19. No podemos permitirnos esperar a que se reanude un crecimiento económico sostenido y se amplíen los presupuestos públicos para movilizar los fondos necesarios para hacer frente a los urgentes desafíos sanitarios.

También se necesita un gasto más eficiente y equitativo, pues es fundamental tanto para obtener mejores resultados de salud por el dinero invertido como para facilitar las decisiones de aumentar las inversiones en salud. Por ejemplo, mejorar la gestión de las finanzas públicas puede dar a los ministerios de Hacienda y a los parlamentos la confianza de que los fondos adicionales destinados a la salud se gastan bien: desde garantizar que las propuestas presupuestarias se presenten a tiempo y con rigor hasta mejorar los índices de ejecución y adoptar modalidades de presupuestación basada en el desempeño. Las revisiones del gasto pueden detectar oportunidades para reasignar fondos de programas de bajo impacto o ineficaces a otros de mayor impacto, tanto dentro del sector de la salud como entre distintos sectores. Introducir o aumentar los impuestos sobre productos perjudiciales para la salud, como el alcohol, el tabaco y las bebidas azucaradas puede mejorar los resultados de salud y reducir las necesidades de gasto del sector a largo plazo; además, como se ha visto en Filipinas e Indonesia, permite recaudar ingresos muy necesarios. Para aplicar con éxito estas y otras políticas, es fundamental la colaboración entre los sectores de la salud y las finanzas.

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Mejor apoyo financiero externo

La próxima generación de asistencia para el desarrollo en materia de salud debe generar mayores beneficios. Para ello, hace falta renovar el compromiso con los principios de eficacia de la ayuda expuestos en la Declaración de París, el Programa de Acción de Accra y la Alianza de Busan para la Cooperación al Desarrollo. A pesar de la fragmentación de los mecanismos de financiación mundial, los países y sus socios pueden avanzar considerablemente juntos para armonizar la financiación externa con los objetivos nacionales, armonizar los mecanismos de financiación, coordinar la asistencia técnica y canalizar los fondos a través de los sistemas nacionales.

También se necesita más asistencia para el desarrollo, especialmente en los países de ingreso bajo y mediano bajo, donde la actividad económica y el gasto público se estancan o se contraen. Tras una década de escaso crecimiento de la asistencia, los donantes informaron de aumentos considerables en sus desembolsos en respuesta a la COVID-19 durante 2020 y 2021; sin embargo, a costa de reducciones en los servicios de salud esenciales no relacionados con la COVID-19, incluida la salud maternoinfantil. La asistencia para el desarrollo destinada a la salud no puede disminuir ahora: debe mantener una trayectoria de crecimiento que ayude a los países a preparar sus sistemas de salud para futuras pandemias y a revertir los retrocesos causados por las interrupciones de los servicios en el camino hacia la cobertura sanitaria universal.

Más inversiones en los sistemas de salud

El aumento del gasto externo y nacional no acelerará el avance hacia los ODS relacionados con la salud si no se destina una mayor proporción a fortalecer los sistemas de salud. Aunque las inversiones dirigidas a combatir las enfermedades infecciosas han reducido drásticamente la carga del VIH, la tuberculosis y la malaria, la financiación de las capacidades de los países para hacer frente a las enfermedades no transmisibles (ENT) y movilizar rápidamente una respuesta durante los brotes y las pandemias ha sido crónicamente insuficiente (OMS/BM, 2017). Hoy en día, las enfermedades no transmisibles representan el 74 % de todas las muertes en el mundo; el 77 % de ellas ocurre en países de ingreso bajo y mediano.

La crisis de la COVID-19 generó un amplio consenso sobre la necesidad de nuevas inversiones en ámbitos que van desde contar con suficientes trabajadores de la salud cualificados y motivados y cadenas de suministro eficaces hasta disponer de laboratorios de salud pública y sistemas de información sanitaria que funcionen bien. Las inversiones para fortalecer estos componentes esenciales de los sistemas de salud deben centrarse en ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la atención primaria de salud y los servicios comunitarios de salud. Durante mis recientes viajes a Indonesia, Marruecos, Egipto e India, tuve la oportunidad de conocer enfoques prometedores en este ámbito. En la mayoría de los sistemas de salud, los gobiernos también tendrán que fortalecer su forma de trabajar con el sector privado, que es un importante proveedor de bienes y servicios relacionados con la salud. La crisis de la COVID-19 también puso de manifiesto la urgente necesidad de invertir en las instituciones y la gobernanza de los sistemas de salud y fortalecerlas, incluidas las competencias en financiación de la salud y las capacidades organizativas.

Aprovechar la crisis de la COVID-19 como una oportunidad

La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto el enorme costo de invertir insuficientemente en salud. No podemos dejar pasar la pandemia sin aprovecharla como una oportunidad para cambiar la forma en que financiamos la salud. Se necesitan inversiones mayores, mejor armonizadas y más eficaces para fortalecer los sistemas de salud, tanto de fuentes externas como nacionales. En el Banco Mundial seguiremos trabajando con los países y otras organizaciones para apoyar este cambio de paradigma.

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