2 formas de reducir al mínimo el impacto de la COVID-19 en las comunidades vulnerables

Residents walk through shacks in Cape Town's crime-ridden Khayelitsha township in this picture taken July 9, 2012. At least 11 people have died at the hands of vigilantes in the township since January as angry residents, tired of poor policing, take the law into their own hands. Picture taken July 9, 2012. To match Feature SAFRICA-CRIME/ REUTERS/Mike Hutchings (SOUTH AFRICA - Tags: CRIME LAW) - GM1E87C1UFL01
Image: REUTERS/Mike Hutchings
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  • La propagación de la COVID-19 presenta una perspectiva trágica para las comunidades vulnerables de todo el planeta.

  • Estas son dos áreas prioritarias para las partes interesadas mundiales y regionales: la generación de confianza y concienciación, y el apoyo a la respuesta gubernamental mediante alianzas innovadoras.

Mientras los países ricos con sólidos sistemas sanitarios luchan por detectar y contener la COVID-19, el reto de hacer frente a una enfermedad emergente en los países de bajos ingresos, así como en bolsas de comunidades de bajos ingresos en las partes ricas del mundo, podría ser el desafío de nuestro tiempo.

La infraestructura mundial para combatir los brotes es frágil. La naturaleza omnipresente y generalizada del brote de COVID-19 obliga a los gobiernos a apoyarse en sistemas sanitarios existentes, imperfectos y a menudo frágiles, a los que grandes sectores de la población no tienen acceso en la actualidad.

Hasta la fecha, según Google News, #coronavirus ha recibido más de 1100 millones de menciones, frente a 56,2 millones de menciones del SARS, 40 millones del VIH, 23,2 millones del MERS y alrededor de 11,1 millones del ébola.

En medio del frenesí mediático actual y pese al agravamiento de los riesgos de infección, las poblaciones vulnerables de todo el mundo han quedado fuera del foco de atención sobre el coronavirus.

Estas son dos áreas prioritarias para las partes interesadas mundiales y regionales.

1. Generar confianza y concienciación

Si recientemente ha hablado de la propagación de la COVID-19 con una persona desplazada por la fuerza o con alguien que vive en una zona asolada por un conflicto, es posible que haya recibido una respuesta relativamente estoica y distante; “Es voluntad de Dios” y “aquí tenemos problemas más graves” son algunas de las más habituales.

Entre las duras realidades socioeconómicas de los refugiados, los desplazados internos y las personas desplazadas por la fuerza, así como de otras comunidades vulnerables, la propagación del coronavirus podría no ocupar necesariamente el primer lugar. Se necesita un cambio de mentalidad. Los grupos de ayuda, las organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos tienen la oportunidad de sumarse e intensificar los esfuerzos para infundir en estas comunidades un sentido de urgencia, compromiso y responsabilidad.

Diseñar campañas de comunicación personalizadas centradas en la identificación de síntomas y en ofrecer directrices sencillas de higiene y saneamiento, teniendo especialmente en cuenta la lengua, la cultura y las costumbres locales, será clave para lograr la confianza y la adopción.

El mensaje debe adaptarse cuidadosamente al público, ya que los consejos de prevención de carácter global podrían no aplicarse a los más vulnerables.

¿Cómo se lavan las manos con regularidad quienes no tienen acceso a jabón o agua corriente? ¿Cómo se mantiene la distancia social y los mínimos de tamaño de grupo si se vive con una familia de 7 personas en un espacio reducido?

En cuanto a la ejecución, aprovechar las iniciativas locales de confianza y el papel de los líderes religiosos y espirituales podría ayudar a garantizar, de forma creíble, que las personas analfabetas no queden excluidas de los esfuerzos fundamentales de sensibilización. También deberían priorizarse las campañas especiales dirigidas a niños y adolescentes, ya que alrededor del 50 % de los 25,9 millones de refugiados del mundo tiene menos de 18 años.

También es fundamental que las personas sepan que pueden notificar sus propios síntomas o los de sus vecinos y acceder a la atención sanitaria sin temor a prejuicios, estigmatización social, deportación o detención. Esto será especialmente importante en los países de Oriente Medio, que acogen a numerosos refugiados urbanos que tienden a estar más integrados en la población local, pero que carecen de acceso a la atención sanitaria.

Paralelamente, la mayoría de los gobiernos se centran, comprensiblemente, en intensificar la producción y los sistemas de prestación de servicios sanitarios locales, dirigiéndose a los densos centros urbanos y a las zonas e infraestructuras de mucho tránsito.

Las comunidades vulnerables pueden pasar a un segundo plano para los gobiernos centrados en atender a los nacionales que no han sido desplazados y cuyas voces podrían pesar más en las urnas cuando llegue el momento. Dado que el FMI ha comprometido 50 000 millones de dólares para combatir la propagación del coronavirus, el Banco Mundial 12 000 millones de dólares, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha puesto en marcha un plan estratégico de 17 millones de dólares y el Fondo Mundial ha permitido a los donantes reorientar las subvenciones hacia la COVID-19, existe una oportunidad para garantizar que los fondos se destinen a intensificar los esfuerzos de prevención y diagnóstico en los campamentos de países clave de Asia, Oriente Medio y el África subsahariana.

2. Apoyar la respuesta gubernamental mediante alianzas innovadoras

Los gobiernos de todo el mundo han adoptado una serie de medidas macroeconómicas para afrontar la pandemia, como incentivos fiscales y subvenciones en efectivo para las empresas, desgravaciones fiscales para los hogares, recortes de los tipos de interés y el lanzamiento de programas de préstamos y de flexibilización cuantitativa.

Las crisis globales exigen una respuesta global. Dado que ningún país dispone por sí solo de capacidad fiscal suficiente, debería estudiarse la creación de una red intergubernamental de respuesta para ampliar la capacidad de cuidados intensivos en las zonas cercanas a las comunidades de refugiados. Esto puede lograrse reconvirtiendo edificios infrautilizados en unidades de cuidados intensivos cuando sea posible, apoyando la reconversión de capacidad industrial infrautilizada hacia equipos de cuidados intensivos o reincorporando a personal médico jubilado. Realizar pruebas aleatorias en grupos de comunidades asintomáticas en entornos vulnerables también ayudaría a garantizar que las personas más expuestas no caigan víctimas de una segunda oleada de infecciones.

Los gobiernos no pueden actuar solos para responder a la crisis en nombre de las comunidades vulnerables; ahora más que nunca necesitan el apoyo del sector privado. Las alianzas público-privadas (APP) suelen generar soluciones innovadoras a los acuciantes problemas sanitarios mundiales que superan la suma de sus partes.

Pueden contribuir a agilizar el trabajo reuniendo lo mejor que pueden ofrecer los sectores público y privado, combinando conocimientos de distintos sectores, impulsando enfoques innovadores de diagnóstico y poniendo a disposición recursos que pueden utilizarse para combatir estas amenazas emergentes.

Varias empresas privadas han intensificado sus esfuerzos para hacer frente a la propagación de la COVID-19 con formas innovadoras de comunicar a la población en general las medidas preventivas y los síntomas. Tiene sentido adaptar el uso de tecnologías existentes en beneficio de las comunidades expuestas. Un ejemplo es la APP que Hikma Pharmaceuticals constituyó con el Ministerio de Salud de Jordania para financiar una línea de atención específica sobre la COVID-19, ofrecida a través de una plataforma de salud digital que conecta en tiempo real a millones de usuarios con médicos con licencia y certificados, para consultas médicas y asesoramiento gratuitos relacionados con la propagación de la enfermedad.

Herramientas como las desarrolladas por Bluedot, una empresa de salud digital con sede en Toronto que utiliza la IA para detectar la propagación de la pandemia, podrían ampliarse y aprovecharse para anticipar mejor los brotes en campamentos de refugiados seleccionados. Veredus Laboratories, una empresa de biotecnología con sede en Singapur, podría recibir incentivos para proporcionar su kit portátil de detección Lab-on-Chip, recién desarrollado, a las comunidades vulnerables y ofrecer así una solución de detección rápida y portátil. Con la licencia adecuada para operar, empresas como Flirtey –una empresa estadounidense de entrega con drones– podrían aprovecharse para entregar kits de vigilancia y pruebas médicas, alimentos, medicamentos y agua a las poblaciones especialmente vulnerables.

Estas soluciones exigirían que los gobiernos ofrecieran incentivos a las empresas que producen equipos especializados necesarios para la detección y el tratamiento de la COVID-19 en contextos frágiles, y que fomentaran alianzas que dediquen tiempo y recursos a la preparación y el socorro de los más vulnerables. Por último, un antiguo proverbio inglés resulta especialmente pertinente: “La necesidad es la madre de la invención”.

Este tipo de innovación y flexibilidad para responder a la crisis puede desempeñar un papel clave en la lucha contra la propagación de enfermedades en las comunidades vulnerables, al facilitar el acceso a la consulta médica en este momento crítico, sin la carga de los costes sanitarios.

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