Pese a las perturbaciones que ha causado, la COVID-19 ha revelado aspectos positivos, escribe el economista Mohamed A. El-Erian.
Entre ellos figuran la innovación médica, la colaboración global y un mayor énfasis en el equilibrio entre la vida laboral y personal.
Aunque los países siguen luchando contra el coronavirus, es importante que los responsables de formular políticas aprovechen las tendencias positivas que este ha puesto en marcha de forma incidental.
Las tragedias humanas y las enormes perturbaciones económicas causadas por la COVID-19 han acaparado, con razón, la atención de la opinión pública y de los responsables de formular políticas durante más de seis meses, y deben seguir haciéndolo. Pero, al gestionar la crisis inmediata, no debemos perder de vista las oportunidades. La frase tantas veces citada sobre no dejar que una crisis se desperdicie pocas veces ha sido más pertinente.
Para las empresas, los gobiernos, los hogares y las instituciones multilaterales que atraviesan este período inquietante, la tarea básica es la misma: superar las perturbaciones provocadas por la pandemia de maneras que también destaquen los aspectos positivos de la crisis. Ahora es el momento de consolidar tendencias y condiciones que transformarán nuestra sociedad y nuestra economía para mejor a largo plazo. Con este objetivo general en mente, estas son las seis principales ventajas inesperadas que observo.
La primera es que estamos viviendo uno de los períodos más emocionantes y prometedores de invención e innovación médica de la historia. Aunque la atención inmediata se centra, con razón, en las vacunas y los tratamientos contra la COVID-19, cabe esperar que las investigaciones en curso produzcan muchos otros descubrimientos, varios de los cuales aportarán beneficios importantes y duraderos. Además, la crisis nos obliga a afrontar una serie de cuestiones complejas sobre los precios y la distribución de los medicamentos, tanto a nivel nacional como mundial, así como las diversas desigualdades sociales y de otro tipo que hemos permitido que se agraven.
En segundo lugar, una colaboración más profunda del sector privado a través de las fronteras, a menudo fuera del ámbito de competencia de los gobiernos, está impulsando este proceso de rápidos avances científicos. En la movilización contra el coronavirus, científicos de todo el mundo comparten información como nunca antes, y las empresas farmacéuticas colaboran de maneras sin precedentes. Estas iniciativas colectivas cuentan con el apoyo de alianzas dinámicas entre los sectores público y privado, que demuestran que este instrumento de desarrollo puede ser realmente beneficioso para todas las partes cuando se enfoca adecuadamente y existe una clara convergencia de objetivos.
En tercer lugar, las perturbaciones económicas derivadas de la pandemia han impulsado diversas iniciativas del sector privado para recopilar y analizar una gama más amplia de datos de alta frecuencia en ámbitos que van mucho más allá de la medicina. En el campo de la economía, por ejemplo, ha aumentado enormemente el interés por nuevos métodos innovadores para medir la actividad económica mediante indicadores granulares de alta frecuencia, como la movilidad (geolocalización de teléfonos inteligentes), el consumo de electricidad y el tráfico en tiendas, así como el uso de tarjetas de crédito y las reservas en restaurantes. Estas métricas complementan ahora las estadísticas oficiales recopiladas por los gobiernos y permiten realizar numerosas comparaciones que pueden mejorar la calidad y la pertinencia de los datos para la formulación de políticas.
En cuarto lugar, el impacto de la COVID-19 ha aumentado nuestra conciencia colectiva y sensibilidad ante los «riesgos de cola»: sucesos de baja probabilidad y gran impacto. De repente, muchas personas de los sectores privado y público piensan más en términos de toda la distribución de resultados posibles, mientras que antes se centraban únicamente en los sucesos más probables. Los responsables de formular políticas se han mostrado más abiertos al análisis de escenarios y a la gama más amplia de conversaciones del tipo «si ocurre esto, entonces...» que dichos análisis suscitan.
En el caso del cambio climático —un riesgo importante que algunos percibían erróneamente como un riesgo de cola lejano, en vez de como una situación de referencia—, la marcada reducción de las emisiones nocivas durante la crisis actual ha demostrado claramente que existe otra forma de actuar. Y ahora se acepta ampliamente que los gobiernos tienen un papel importante que desempeñar para respaldar una recuperación duradera e inclusiva. Se abre así la puerta a una mayor inversión pública en mitigación y adaptación al cambio climático, y cada vez son más las vocesque alzan la voz para exigir que la nueva normalidad sea «verde».
Esto nos lleva a una quinta ventaja inesperada. La pandemia ha llevado a un país tras otro a realizar una serie de «experimentos naturales» que han arrojado luz sobre numerosos asuntos que van mucho más allá de la salud y la economía. Los sistemas de gobernanza y los estilos de liderazgo han sido objeto de escrutinio, lo que ha revelado grandes diferencias en su capacidad para responder al mismo impacto de gran magnitud. Estos asuntos no se limitan al sector público. La responsabilidad corporativa también ha cobrado protagonismo, mientras empresa tras empresa se apresura a responder a lo que antes parecía impensable. Además, ha quedado patente la insuficiencia de la cooperación multilateral, lo que aumenta las amenazas para todos.
Por último, la crisis ha obligado a muchas empresas a mantener conversaciones francas sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal y a idear soluciones innovadoras para atender las necesidades de sus empleados. Ya se han producido cambios de gran alcance en la forma en que trabajamos, interactuamos con nuestros colegas y consumimos bienes y servicios, y es probable que solo algunos de ellos se reviertan una vez pasada la pandemia.
Estas seis ventajas inesperadas constituyen apenas una lista preliminar de las oportunidades que ofrece la pandemia. No se trata de restar importancia a la gravedad del impacto y la incertidumbre a los que se ha enfrentado la mayoría de la población mundial. La pandemia ha durado mucho más de lo que muchos esperaban y sigue dejando a su paso tragedia y destrucción.
Pero esa es una razón más para sacar el máximo partido de nuestra respuesta colectiva. El reto ahora es ampliar y perfeccionar esta lista para aprovechar las oportunidades disponibles y consolidar más tendencias positivas a largo plazo. Si actuamos juntos, podemos transformar un período de profunda adversidad en uno de bienestar compartido para nosotros y para las generaciones futuras.

