Varios gobiernos que han ampliado las pruebas están utilizando o planificando programas de rastreo de contactos.
El Reino Unido es el último país en poner en marcha un sistema de rastreo.
Sin embargo, aunque el rastreo de contactos puede ser una herramienta útil para ayudar a reactivar la vida económica, algunos países han registrado un aumento de las infecciones.
También hay preocupación por la privacidad de los datos.
«En esta guerra contra el virus, en última instancia todos estamos del mismo lado y todos podemos contribuir». Así lo afirmó el secretario de Salud del Reino Unido, Matt Hancock, al poner en marcha el nuevo sistema de «rastreo de contactos» del país.
Tras aumentar su capacidad de procesamiento de pruebas a 200.000 al día, el Reino Unido se ha convertido en el último país en avisar a las personas que podrían haber estado en contacto con alguien infectado por COVID-19.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que el rastreo de contactos puede desempeñar un papel clave para que las personas vuelvan al trabajo. Desde Austria hasta Corea del Sur, ya existen varias formas de hacerlo: desde sistemas basados en aplicaciones hasta labores de investigación «manuales».
Sin embargo, algunos de los primeros países en utilizar el rastreo de contactos han registrado repuntes de casos. También preocupa la información recopilada por los gobiernos y la eficacia de que existan tantos sistemas tan distintos.
Cómo funciona el rastreo de contactos
Muchos países han desarrollado sus propias soluciones de rastreo de contactos, por lo que ahora existen varios modelos distintos.
El más reciente, en Inglaterra, es un sistema «manual». Las personas del país con síntomas del virus pueden solicitar una prueba y, si da positivo, se les pide que accedan al sitio web del Servicio Nacional de Salud o que hablen con un rastreador de contactos.
Después se les pide que proporcionen sus datos personales y los datos de las personas con las que han estado recientemente en contacto estrecho. Esto incluye a las personas con las que han tenido contacto cara a cara a menos de un metro de distancia, a las que han estado a menos de dos metros durante más de 15 minutos y a aquellas con las que han viajado en coche o en avión.
Se pide a los contactos que se considera que están en riesgo que se aíslen voluntariamente durante 14 días.
En cambio, otros países —entre ellos Noruega, Islandia y Austria— han puesto en marcha aplicaciones de rastreo de contactos. La aplicación de Inglaterra aún se está probando.
Algunos países han puesto en marcha programas de rastreo más exhaustivos. Corea del Sur, por ejemplo, supervisa las cámaras de vigilancia y los registros de tarjetas de crédito.
Mayor confianza
Un análisis de la OIT ha concluido que las medidas eficaces de rastreo de contactos pueden reducir considerablemente el daño económico causado por las restricciones por COVID-19, al disminuir las horas de trabajo perdidas hasta en un 50 %.
Esto se debe a que estas medidas pueden dar a empleados y empleadores la confianza necesaria para empezar a volver al trabajo. La OIT advierte que una menor intensidad en el rastreo de contactos hará que los países pierdan un 7 % más de horas debido a las interrupciones provocadas por el confinamiento que aquellos con programas más intensivos.
Japón es un ejemplo de país que ha centrado así su estrategia frente al virus, haciendo hincapié en contener rápidamente los pequeños brotes mediante el rastreo en lugar de realizar pruebas masivas. Ha registrado una tasa de mortalidad inferior a la de muchos otros países —aunque no está claro si también contribuyeron otros factores— y ahora está reabriendo su economía.
Motivos para la cautela
Sin embargo, hay otros ejemplos de países que han registrado un aumento de los casos pese al uso de pruebas masivas y del rastreo de contactos.
Corea del Sur recibió elogios por controlar la propagación del virus y por ser pionera en los centros de pruebas desde el automóvil, pero ahora afronta un nuevo repunte, lo bastante importante como para posponer la reapertura de más de 800 escuelas.
Singapur ha vivido una situación similar: al principio recibió elogios por sus objetivos de rastrear las infecciones en «dos horas», pero después registró un repunte de casos.
Preocupación por los datos
Otra dificultad que han encontrado estos sistemas es la privacidad: ¿cuántos datos deberían poder recopilar los gobiernos?
En Francia, una aplicación de rastreo de contactos cuyo lanzamiento se esperaba para su descarga esta semana utilizaría la señal Bluetooth de los teléfonos móviles para llevar un registro de las personas que han estado cerca. Se espera que un sistema similar del Reino Unido se lance este mes.
Si los usuarios de la aplicación francesa dan positivo en la prueba de COVID-19, se enviará una alerta a las personas que hayan estado cerca de ellos. Aunque no se recopilarán datos de geolocalización, la aplicación ha suscitado un debate sobre la privacidad entre algunos políticos, porque las coincidencias de la aplicación se determinarán de forma centralizada en un servidor informático.
Apple y Google afirman tener la solución: un programa descentralizado que realiza las coincidencias en los propios dispositivos de los usuarios. Sin embargo, muchos gobiernos nacionales parecen preferir sus propios sistemas.
Esto plantea otra posible preocupación: si cada país tiene un sistema distinto de rastreo de contactos, ¿resulta más difícil coordinar una respuesta mundial a la pandemia?
