Aunque la amenaza que representa el COVID-19 ha disminuido, el virus aún puede ser peligroso, especialmente para las personas mayores.
La sociedad debe encontrar un equilibrio entre proteger a las personas vulnerables e imponer restricciones intrusivas que pueden afectar negativamente a la salud mental y el bienestar de los grupos más jóvenes.
Usar mascarilla, mantener al día las dosis de refuerzo y hacerse una prueba antes de asistir a eventos son formas de proteger a quienes aún corren riesgo por el COVID-19.
Estamos bastante hartos del COVID y quizá tengamos ganas de disfrutar de un verano de vacaciones, salidas y reuniones familiares. Pero, aunque la amenaza que representa el COVID ha disminuido sin duda, el virus aún puede ser peligroso, especialmente para las personas mayores.
Mientras tanto, las personas jóvenes suelen correr menos riesgo de contraer COVID. Así que, si eres joven y tienes buena salud, ¿cómo deberías compaginar los intentos de retomar las actividades sociales habituales con la responsabilidad moral de cuidar a quienes aún pueden ser vulnerables?
Aunque desde la introducción de las vacunas contra el COVID ha habido muchas menos muertes, es importante tener en cuenta que las vacunas son menos eficaces para prevenir las infecciones y reinfecciones, sobre todo cuanto más tiempo ha transcurrido desde la dosis más reciente.
Esto no supone necesariamente una gran preocupación para la mayoría de las personas, que tendrán síntomas leves, especialmente si están vacunadas. Sin embargo, todavía hay personas, en su mayoría mayores o con diversos problemas de salud, que siguen teniendo más riesgo de sufrir consecuencias graves por el COVID.
Aunque los antivirales y otros tratamientos contra el COVID son mucho mejores que hace un par de años, es mucho más seguro no tener que recurrir a ellos en primer lugar. También es importante reconocer que cada caso de COVID conlleva el riesgo de sufrir complicaciones de COVID persistente tras la infección inicial, que pueden cambiar la vida de las personas.
Así pues, aunque ahora podemos confiar hasta cierto punto en las vacunas y los medicamentos, seguimos afrontando grandes dificultades para determinar cuál debería ser una respuesta proporcional mientras las infecciones por COVID siguen fluctuando.
Un equilibrio para reducir el impacto del COVID
Por ejemplo, sabemos que otra forma de reducir el impacto del COVID es mediante intervenciones de salud pública. Sin embargo, aunque algunas, como el uso de mascarillas, son eficaces y bastante inocuas, las restricciones más intrusivas deben sopesarse frente a sus efectos negativos, especialmente en ciertos sectores de la población.
Por ejemplo, las personas adultas jóvenes se ven afectadas de forma desproporcionada por los cambios de conducta impuestos, como los confinamientos, el distanciamiento social y el trabajo desde casa. Cada vez más estudios muestran que durante la pandemia empeoraron la salud mental y el bienestar de las personas de entre 18 y 29 años, en particular.
En el otro extremo, sabemos que las restricciones sociales provocan un aumento de la soledad entre las personas mayores.
Para encontrar ese equilibrio, quizá lo más proporcionado que podemos hacer sea simplemente mantenernos alerta ante el COVID. Esto podría consistir en usar mascarilla en espacios públicos, lavarnos las manos con más frecuencia y evitar relacionarnos con otras personas si nos encontramos mal. Una lección que todos deberíamos haber aprendido del COVID es que no está bien «seguir adelante» cuando estamos enfermos.
Del mismo modo, deberíamos prestar más atención a las demás personas. Que a ti no te preocupe contraer el COVID (de nuevo) no significa que a todo el mundo le preocupe igual de poco. Es importante reconocer que otras personas tienen motivos legítimos para preocuparse.
En cuanto a los familiares mayores y vulnerables, conviene conversar con ellos sobre lo que les hace sentir cómodos. Quizá quieran ser muy cautelosos o quizá decidan que para ellos es más importante pasar tiempo con familiares y amigos.
Si decides socializar, hacerse una prueba de COVID antes de visitar a alguien que pueda correr más riesgo es relativamente barato y sencillo; si es necesario, considera posponer la visita o la actividad. También se da por sentado que todos debemos mantener al día la vacunación contra el COVID y las dosis de refuerzo.
La pandemia no ha terminado
Nada de esto es nuevo ni debería sorprendernos; sin embargo, el intenso deseo de dejar atrás el COVID parece hacer que muchas personas olviden rápidamente las lecciones y precauciones aprendidas durante los últimos dos años.
Las vacunas y otros avances médicos han supuesto un cambio radical, pero, aunque hacen poco probable que volvamos a las draconianas restricciones de 2020, todavía tenemos que tomar algunas precauciones. El COVID puede ser menos letal que al comienzo de la pandemia, pero sigue siendo una enfermedad grave que merece nuestro respeto.


