Un estudio reciente ha analizado datos sobre mascarillas y guantes abandonados entre septiembre de 2019 y octubre de 2020.
Mediante una aplicación de ciencia ciudadana llamada Litterati, los investigadores pidieron a personas de todo el mundo que registraran cualquier residuo que encontraran.
Al recopilar datos de 11 países, los resultados indicaron un aumento del 9.000 % de las mascarillas como proporción del total de residuos entre ambas fechas.
Si en algún momento durante la pandemia de COVID-19 te ha desaparecido misteriosamente una mascarilla del bolsillo, no eres la única persona a quien le ha pasado. A partir de marzo de 2020, empezaron a aparecer por todo el mundo innumerables mascarillas azules y blancas desechadas.
Aunque las mascarillas son una medida de protección importante contra la COVID-19, pronto quedó claro que la basura de mascarillas sería un subproducto de la pandemia.
Con interés en estudiar la magnitud de este problema, pero sin poder alejarnos mucho de nuestros hogares confinados, decidimos utilizar datos recopilados mediante una aplicación de ciencia ciudadana llamada Litterati. Esta aplicación pide a personas de todo el mundo que registren cualquier residuo que encuentren.
En nuestro nuevo estudio, publicado en la revista Nature Sustainability, analizamos datos sobre mascarillas y guantes abandonados desde septiembre de 2019 (antes de la pandemia) hasta octubre de 2020. Examinamos 11 países, incluido el Reino Unido, y comparamos las tendencias de los residuos con el enfoque de cada país para hacer frente a la COVID-19.
Aunque esperábamos observar un aumento de las mascarillas abandonadas, nos sorprendió cuánto aumentaron. En los 11 países de nuestro estudio, la proporción de mascarillas respecto del total de residuos aumentó casi un 9.000 % entre septiembre de 2019 y octubre de 2020 (más de 80 veces).
También encontramos fuertes vínculos entre los residuos de mascarillas y las leyes o políticas nacionales que exigían su uso.
Quizá la mejor manera de comprender nuestros resultados sea considerar tres períodos clave.
De enero a marzo de 2020
Mientras los países lidiaban con la escasez de equipos de protección personal, la recomendación más común era mantener la distancia social o física con otras personas.
Durante este período, los residuos de mascarillas y guantes eran escasos, pero los de guantes comenzaron a aumentar lentamente primero.
De marzo a mayo de 2020
El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la COVID-19 una pandemia mundial. También fue el período en que se aplicaron algunos de los confinamientos más estrictos.
Los residuos de mascarillas comenzaron a aumentar cuando los países empezaron a recomendar su uso en público, aunque a menudo no lo exigían. De marzo a abril, los residuos de mascarillas se duplicaron, mientras que los de guantes se multiplicaron por 12 durante el mismo período. Creemos que esto se debió a que la gente asociaba el contacto con la propagación del virus y a que las mascarillas aún no estaban ampliamente aceptadas.
De junio a octubre de 2020
La OMS recomendó oficialmente el uso de mascarillas en público el 5 de junio de 2020. Esto ocurrió después de que se flexibilizaran muchas de las medidas de confinamiento más estrictas y aumentara el número de personas que salían y se desplazaban.
Durante este período, los residuos de mascarillas aumentaron drásticamente, pero, curiosamente, los de guantes comenzaron a disminuir. Este cambio probablemente se debió a que el público comprendió cada vez mejor que el virus se transmite a través de gotículas en el aire y no por contacto, junto con una mayor aceptación social del uso de mascarillas.
En comparación con los otros diez países de nuestro estudio, el Reino Unido registró la mayor proporción de mascarillas entre los residuos, que pasó del 0 % en septiembre de 2019 a más del 6 % en agosto de 2020. El Reino Unido también mostró uno de los aumentos más prolongados y sostenidos de residuos de guantes, desde abril hasta octubre de 2020.
Los países menos afectados por los confinamientos debido a la COVID-19 y que introdujeron más tarde leyes sobre el uso de mascarillas (como Nueva Zelanda y Suecia) registraron las proporciones más bajas de residuos de mascarillas y guantes.
La huella de residuos de la COVID-19
Aunque las mascarillas y los guantes solo representaban una pequeña proporción del total de residuos, nuestro estudio (y otros similares) ha puesto de relieve lo rápido que objetos nuevos, como las mascarillas, pueden agravar considerablemente los problemas de residuos.
Además de afear el entorno, las mascarillas pueden tener efectos más graves si no se desechan correctamente. Por ejemplo, a corto plazo, los residuos de mascarillas pueden actuar como un posible vector viral, y por tanto suponer un riesgo de transmisión de la COVID-19.
A medio plazo, los animales pueden ingerir los residuos de mascarillas, o quedar enredados o asfixiarse con ellos, lo que sin duda les causa daño y puede incluso causarles la muerte. Las mascarillas y otros residuos también pueden asfixiar a organismos más pequeños y a la vegetación.
A largo plazo, las mascarillas fabricadas con materiales plásticos pueden permanecer en el medio ambiente durante muchos años, descomponiéndose en microplásticos y llegando potencialmente a la cadena alimentaria.
¿Y ahora qué?
Con la variante ómicron obligando a los países a reintroducir restricciones y exigir de nuevo el uso de mascarillas, el problema de los residuos relacionados con la pandemia sigue vigente. Por ejemplo, como parte del paso de Inglaterra al plan B, las mascarillas vuelven a ser obligatorias en la mayoría de los espacios públicos cerrados.
Y aunque antes no eran habituales en los países occidentales, es probable que las mascarillas sigan utilizándose incluso después de la pandemia de COVID-19, a medida que la gente comprenda su papel en la prevención de la propagación de enfermedades respiratorias.
Por tanto, los gobiernos y las personas comparten la responsabilidad respecto de las mascarillas y otros residuos relacionados con la pandemia. Si los gobiernos exigen el uso de mascarillas, deben garantizar una educación adecuada sobre su eliminación, así como la disponibilidad de instalaciones como contenedores para ayudar a la gente a deshacerse correctamente de los residuos.
Al mismo tiempo, las personas deben asumir la responsabilidad personal de eliminar los residuos. No podemos permitir que un problema mundial (la COVID-19) agrave otro problema mundial (el abandono de residuos).



