Un nuevo estudio ha descubierto que los adultos jóvenes que vivían en zonas muy contaminadas durante la pandemia tenían más probabilidades de padecer COVID persistente que quienes vivían en zonas con bajos niveles de contaminación.
La contaminación atmosférica es la cuarta causa de muerte en el mundo.
Actualmente se desconoce por qué la contaminación atmosférica podría estar relacionada con la COVID persistente, señalan los autores del estudio.
Pero una posible explicación podría ser que la contaminación atmosférica desencadena inflamación en muchos tejidos y órganos de nuestro cuerpo.
Aunque las infecciones por COVID-19 son por lo general menos graves en los adultos jóvenes, eso no significa que no sigan teniendo riesgo de sufrir complicaciones por COVID-19. Por ejemplo, alrededor de uno de cada 25 adultos mayores de 16 años ha declarado padecer síntomas de COVID-19 persistentes tras su primera infección. En algunos casos, estos síntomas duraron casi dos años.
Aunque cada vez entendemos mejor algunos de los mecanismos genéticos e inmunológicos que causan la COVID persistente, aún hay mucho que desconocemos sobre esta afección, entre otras cosas por qué las personas que han tenido infecciones por COVID-19 leves desarrollan posteriormente COVID persistente.
También conocemos ya algunos de los factores de riesgo que aumentan las probabilidades de desarrollar COVID persistente, entre ellos padecer enfermedades crónicas y llevar un estilo de vida poco saludable. Además, nuestro estudio más reciente ha revelado que, al menos en adultos jóvenes de entre 26 y 28 años, el lugar donde viven puede aumentar su riesgo de sufrir COVID persistente.
Aunque la mayoría de las personas se recupera de una infección por COVID-19 al cabo de unas semanas, en algunas los síntomas pueden persistir durante meses o incluso años. Entre los síntomas más frecuentes figuran el cansancio extremo, la pérdida del olfato (o del gusto), los dolores musculares y la dificultad para respirar, aunque también se han notificado otros, como la niebla mental. No existe una única prueba para diagnosticar la COVID persistente, pero un médico puede hacerlo mediante análisis de sangre, mediciones de la presión arterial o radiografías de tórax.
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Nuestro estudio descubrió que los adultos jóvenes que vivían en zonas muy contaminadas tenían más probabilidades de padecer COVID persistente que quienes vivían en zonas con bajos niveles de contaminación.
La contaminación atmosférica y la COVID-19
En nuestro estudio más reciente, publicado en Lancet Regional Health Europe, investigamos el impacto de la exposición prolongada a la contaminación atmosférica en el riesgo de COVID persistente entre adultos jóvenes.
Para llevar a cabo el estudio, utilizamos datos de la cohorte de nacimiento BAMSE, que sigue en curso. Este estudio comenzó en 1994 en el condado de Estocolmo, Suecia, y reclutó a 4.000 recién nacidos, muchos de los cuales siguen siendo objeto de seguimiento. Se entregaron cuestionarios frecuentes a los participantes y se les realizaron exámenes clínicos durante la infancia y la adolescencia para seguir diversos aspectos de su salud.
Entre agosto de 2020 y febrero de 2022, los participantes acudieron a una visita de seguimiento centrada en la COVID-19. De los 753 participantes del estudio que habían tenido COVID, casi uno de cada seis que había padecido una infección leve o moderada declaró tener síntomas persistentes durante dos meses o más. Los síntomas persistentes más frecuentes fueron la alteración del olfato o del gusto, la dificultad para respirar y el cansancio extremo.
Después, estimamos el nivel de contaminación atmosférica al que habían estado expuestos los participantes antes de la pandemia, examinando los niveles de contaminación en sus domicilios. Descubrimos que la exposición a niveles relativamente altos de contaminación atmosférica en 2019 —en especial a partículas finas, procedentes principalmente del tráfico— estaba relacionada con un 28 % más de probabilidades de padecer COVID persistente que vivir en zonas con bajos niveles de contaminación.
Esta asociación se mantuvo incluso después de tener en cuenta otros factores que podrían estar relacionados tanto con un mayor riesgo de COVID como con la exposición a la contaminación atmosférica, entre ellos el nivel socioeconómico, si fumaban y si padecían otras afecciones, como asma.
La asociación entre la contaminación atmosférica y la probabilidad de desarrollar COVID persistente también fue más fuerte en el caso de determinados síntomas de esta afección, especialmente los relacionados con la salud respiratoria, como la dificultad para respirar.
Calidad del aire
La contaminación atmosférica es la cuarta causa de muerte en el mundo. Está relacionada con múltiples enfermedades, entre ellas el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y los accidentes cerebrovasculares, así como la COVID-19.
Nuestro estudio es el primero en relacionar la exposición a la contaminación atmosférica con la COVID persistente en adultos jóvenes.
Actualmente se desconoce por qué la contaminación atmosférica podría estar relacionada con la COVID persistente. Sin embargo, a partir de lo que sabemos por otros estudios sobre los daños que causa la contaminación atmosférica, una posible explicación podría ser que esta desencadena inflamación en muchos tejidos y órganos de nuestro cuerpo. Aunque la inflamación es la forma que tiene el cuerpo de protegerse de patógenos nocivos, como bacterias o virus, también puede ser perjudicial y dañarlo. Por lo tanto, la inflamación prolongada relacionada con la exposición a la contaminación atmosférica podría desencadenar la variedad de síntomas que las personas dicen experimentar con la COVID persistente.
Sin embargo, será importante seguir explorando otros posibles mecanismos, incluidos los factores genéticos e inmunológicos, que expliquen por qué quienes viven en zonas muy contaminadas tienen más probabilidades de desarrollar COVID persistente. También será importante investigar si existe una relación similar entre la contaminación atmosférica y la COVID persistente en otros grupos de edad.
Además, dado que el estudio se realizó antes de que la mayoría de los participantes recibiera la vacuna contra la COVID-19, las investigaciones futuras deberán tenerlo en cuenta y evaluar si la vacunación modifica en alguna medida esta relación. Estos aspectos serán el foco de nuestro próximo estudio de seguimiento con esta cohorte.
Esperamos que nuestros hallazgos contribuyan a comprender mejor la COVID persistente, lo que a su vez podría ayudarnos a saber cómo diagnosticar y tratar esta afección. Nuestra investigación también amplía las pruebas disponibles sobre lo perjudicial que es la contaminación atmosférica para la salud humana. Dado que todas las personas están expuestas de algún modo a la contaminación atmosférica a lo largo de su vida, está claro que hay que hacer más para reducir sus niveles en todo el mundo y mejorar todos los aspectos de la salud.


